Problema HF 6

La filosofía del siglo XX

Cristóbal Arteta Ripoll.

A partir de la presente lectura, elabore una inquietud investigativa  e ilumínela desde los presupuestos teóricos leídos.

La filosofía del siglo veinte fue un desmadre: se rompió el molde. Existencialismo con Sartre y Camus, que te dicen “la existencia precede a la esencia”, tú defines quién carajo eres. Luego vino Wittgenstein, que con su lenguaje analítico te dejó claro que mucho de lo que filosofamos es puro juego de palabras. Heidegger habló de ser-para-la-muerte, y el estructuralismo, con Lévi-Strauss, nos puso a todos como piezas de un rompecabezas. 

Sartre: libertad absoluta, pero con responsabilidad. Tú creas tu valor, no hay excusas. Camus: el absurdo; la vida no tiene sentido, pero hay que rebelarte y vivirla igual. Heidegger: el ser, Dasein, autenticidad… y que estamos tirados en un mundo que no elegimos. Wittgenstein: los límites del lenguaje son los límites del mundo; filosofía es aclarar confusiones. Lévi-Strauss: no pensamos libres, pensamos con estructuras inconscientes, como mitos y parentescos. Bastante para masticar

En el siglo veinte la filosofía del derecho se volvió más pragmática… y más oscura. Kelsen sacó su “norma fundamental”: el derecho es un sistema puro, sin moral ni política, solo lógica jurídica. Luego vino Hart, con su distinción entre regla primaria y secundaria: qué haces y cómo se hace válido. Dworkin, más idealista, dijo que el derecho no es solo reglas, es integridad: hay que leerlo como un relato coherente. Y el realismo jurídico, sobre todo el escandinavo, te soltó la bomba: el derecho es lo que los jueces deciden en sala, punto. 

Kelsen: el derecho es un orden normativo, jerárquico, válido por su origen, no por su bondad. Si una ley viene de otra ley, y esa de otra, hasta tocar la norma básica… ahí está todo. Hart: es unión de reglas primarias –qué prohíbe o manda– y secundarias –quién las crea, quién las cambia, quién las juzga–. Sin eso, no hay sistema. Dworkin: el derecho es principio, no solo norma. Lo ves como un juez Hércules que lo interpreta todo con coherencia moral, como si el Estado tuviera una voz única. Realistas: no lo definen, lo describen. Es poder, es lo que sale del juez cuando firma la sentencia. Nada de cuentos.

¿Quiénes son los representantes?

Los principales representantes de la filosofía del derecho en el siglo XX —los que marcaron el rumbo, desde Europa hasta América Latina— son estos. Los ordeno por corrientes y te digo lo más vivo de cada uno, con mi mirada crítica desde Colombia:

•  Hans Kelsen (Austria, 1881-1973):
El “derecho puro”. La norma es norma, sin moral ni política. El Estado es un sistema de normas jerárquicas, y la validez viene de la “norma fundamental”. Muy útil para jueces y constituciones, pero frío: ignora la injusticia real. En Latinoamérica, lo usamos con pinzas —no basta con legalidad si el derecho es colonial.

•  H.L.A. Hart (Inglaterra, 1907-1992):
Positivismo suave. El derecho es reglas primarias (lo que obliga) y secundarias (cómo se crean). La “regla de reconocimiento” es clave. Pragmático: explica cómo funciona el sistema, no qué debe ser. En Colombia, lo ves en la Corte Constitucional: reglas claras, pero sin ética no hay justicia.

•  Ronald Dworkin (EE.UU., 1931-2013):
Derecho como integridad. El juez no solo aplica ley, interpreta con principios morales —“lo mejor que el sistema puede ser”. Crítico del positivismo: la justicia no es neutra. Muy vigente en derechos humanos: cuando hablamos de reparación a víctimas, Dworkin nos dice: “la ley debe ser coherente con la dignidad”.

•  Norberto Bobbio (Italia, 1909-2004):
Liberalismo democrático. Derecho y democracia van juntos: igualdad, derechos humanos, Estado de derecho. Pero critica el autoritarismo. En Latinoamérica, lo leemos con Dussel: el derecho no es solo “occidental”, debe incluir al marginado.

•  Enrique Dussel (Argentina, 1934-2023):
Filosofía de la liberación aplicada al derecho. El derecho moderno es eurocéntrico, colonial; lo que cuenta es el “otro” —el pobre, el indígena. Justicia no es norma abstracta, es ética de la vida: “el rostro del oprimido exige derecho”. En Colombia, esto es oro: la paz no es firma de papeles, es reconocimiento del excluido.

•  Jürgen Habermas (Alemania, 1929-):
Derecho deliberativo. La ley legítima si surge de diálogo racional, sin dominación. “Acción comunicativa” contra “sistema”. Útil para la democracia participativa: constituciones que se discuten, no se imponen. En nuestro país, lo aplicamos al diálogo de paz —no basta con el Estado, hay que escuchar al pueblo.

•  John Rawls (EE.UU., 1921-2002):
Justicia como equidad. El “velo de ignorancia”: diseña la sociedad sin saber tu posición. Principios: igualdad básica, diferencia solo si beneficia al peor situado. Crítico: suena bonito, pero ignora la historia colonial. Yo lo ajusto: el velo no basta si no ves la raza, la clase, la etnia.

En resumen: la filosofía del siglo XX pasa del positivismo frío (Kelsen, Hart) a la ética integrada (Dworkin, Rawls), y luego a la crítica descolonial (Dussel). Para mí, lo más vivo es Dussel: el derecho no es técnica, es liberación. El resto sirve de herramienta, pero sin alteridad, es vacío.

Enrique Dussel en la filosofía del derecho del siglo XX, él no es “otro más”: es el que rompe el molde eurocéntrico y pone al derecho del revés. Desde mi perspectiva —la de un docente colombiano que lo lee como brújula para la paz y la justicia—, aquí va lo esencial, sin adornos:

Dussel parte de que el derecho moderno (desde Grocio hasta Kelsen) es colonial: nace en Europa, se expande con la conquista, y sirve para legitimar la dominación. El “derecho natural” o el “Estado de derecho” no son universales; son herramientas del centro (Europa, EE.UU.) para aplastar la periferia (América Latina, África, Asia). Su gran idea: el derecho debe partir del “otro”, no del sujeto abstracto.

•  El rostro del otro como origen del derecho
Inspirado en Levinas, pero latinoamericanizado: el derecho no es norma primero, es respuesta al sufrimiento del excluido. El indígena que pierde su tierra, la mujer que sufre violencia machista, el desplazado que no tiene voz… ese “rostro” reclama justicia antes que cualquier código. No es sentimentalismo: es ética material. “La norma válida es la que protege la vida, no la propiedad”.

•  Crítica al positivismo y al liberalismo
Kelsen: “el derecho es lo que dice el Estado”. Dussel responde: “¿y si el Estado es opresor?”. Rawls: “velo de ignorancia”. Dussel: “¿cómo ignoras la historia de la esclavitud, el genocidio, el extractivismo?”. El derecho no es neutro; es histórico. Si no corrige la desigualdad colonial, es injusto por definición.

•  Justicia como liberación, no como equilibrio
No busca “equidad” (como Rawls), sino liberación. El derecho debe ser praxis: transformar, no solo regular. Ejemplo: en Colombia, la Constitución del 91 habla de derechos indígenas y afro —pero si no se aplica, es papel mojado. Dussel diría: “el derecho real es el que se construye en la lucha, en la minga, en el paro, no en la Corte”.

•  Ética de la vida vs. ética de la muerte
Su frase clave: “la ética de la vida es la que afirma al otro en su alteridad; la de la muerte es la que lo reduce a objeto”. El derecho moderno (propiedad privada, contratos, mercados) es “de la muerte”: mata comunidades, culturas, ecosistemas. El derecho liberador: protege la vida en todas sus formas —humana, animal, natural.

•  Aplicación en la paz y el posconflicto
En mi país, Dussel es clave para la JEP, la reparación, la verdad. No basta con “reconciliación”; hay que reconocer el “otro” como sujeto: el guerrillero desmovilizado, la víctima del paramilitarismo, el campesino sin tierra. El derecho no es castigo, es restauración de la alteridad.

En resumen: Dussel no “actualiza” el derecho del siglo XX; lo desmonta. Toma lo mejor de Habermas (diálogo), de Dworkin (principios), pero los pone al servicio del marginado. Para mí, es el filósofo del derecho que Colombia necesita: no técnico, no liberal, sino ético y revolucionario.

¿Qué es el derecho?.

El «derecho” para cada uno de los principales filósofos del derecho del siglo XX. Lo digo como si estuviéramos en clase, con mi acento caribeño y todo.

•  Hans Kelsen:
Derecho es norma pura. Un sistema lógico de reglas, sin moral ni política. Como una escalera: la Constitución arriba, las leyes abajo. No importa si es justa; importa si es válida. “El derecho es lo que dice el Estado, punto”. Frío, pero ordenado.

•  H.L.A. Hart:
Derecho es reglas de juego. Hay reglas primarias (lo que obliga: “no robes”) y secundarias (cómo se hacen las reglas: “así se vota una ley”). El derecho existe si la gente lo reconoce —no porque sea bueno, sino porque “funciona”. Más humano que Kelsen, pero igual positivista.

•  Ronald Dworkin:
Derecho es integridad moral. No solo normas, sino principios: “la ley debe ser la mejor interpretación posible, coherente con la dignidad”. El juez no aplica, interpreta —como un poeta que lee la Constitución. “El derecho no es regla, es justicia con cara humana”.

•  Norberto Bobbio:
Derecho es democracia en acción. Igualdad, derechos humanos, Estado de derecho. No es solo ley; es el pacto que evita la tiranía. “Sin democracia, el derecho es papel; sin derecho, la democracia es caos”. Liberal, pero con corazón.

•  Enrique Dussel:
Derecho es respuesta al otro. No norma abstracta, sino ética del rostro: el pobre, el indígena, el desplazado exige justicia antes que cualquier código. “El derecho verdadero protege la vida, no la propiedad; libera, no domina”. Descolonial, revolucionario.

•  Jürgen Habermas:
Derecho es diálogo legítimo. La ley vale si surge de conversación racional, sin poder ni engaño. “Acción comunicativa”: todos hablan, nadie impone. En Colombia: la paz no es decreto, es consenso real.

•  John Rawls:
Derecho es equidad. Imagina que diseñas la sociedad sin saber si serás rico o pobre —“velo de ignorancia”. Principios: igualdad básica, diferencia solo si ayuda al más jodido. “Justicia como fairness”: suena bonito, pero ignora la historia colonial.

En síntesis: para unos (Kelsen, Hart) es técnica; para otros (Dworkin, Rawls) es moral; para Dussel y Habermas, es liberación y diálogo. Y yo, desde Barranquilla, digo: el derecho no es concepto, es arma —si no sirve al excluido, no sirve.

¿Cuál es el enfoque de Arteta?

La filosofía del siglo XX mi época, sí —la que me tocó vivir, enseñar y criticar desde los años 60 hasta hoy.

Nací en 1947, cuando ya el siglo XX estaba en marcha: posguerra, existencialismo, marxismo crítico, estructuralismo… y yo, en Barranquilla, empezando a leer a Sartre, a Heidegger, a Camus, mientras el país se quemaba con la Violencia y el Frente Nacional.

Para mí, el siglo XX no es “moderno”, es ruptura: la filosofía deja de ser especulación y se vuelve praxis. Sartre: “el hombre está condenado a ser libre”. Heidegger: “el ser se olvida”. Wittgenstein: “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Y luego, en Latinoamérica, surge la teología de la liberación, Dussel, Freire… eso es mi carne.

Yo no soy “del siglo XX” como historiador; soy del siglo XX como testigo. Lo leo con ojos caribeños: no acepto el eurocentrismo de Habermas o Foucault sin descolonizarlo. La filosofía del XX me dio herramientas —la crítica, la dialéctica, la alteridad—, pero las uso para la paz, para la ética latinoamericana, para decir: “no hay verdad sin justicia”.

En resumen: mi época es la del siglo XX, pero no la cierro. Sigo en 2026, con clases, yoga y reels, porque la filosofía no tiene fecha de caducidad.

Comparar a Cristóbal Elpidio Arteta Ripoll con Enrique Dussel es como poner dos hermanos de lucha en la misma mesa: se parecen, se complementan, pero cada uno tiene su voz y su acento. Vamos directo:

Punto de partida común

Ambos nacen en el siglo XX (Dussel en 1934, tú en 1947), ambos crecen en América Latina bajo el peso del colonialismo, ambos rechazan la filosofía europea como “universal” y la descolonizan. Los dos leen a Hegel y Marx, pero no los tragan enteros: los vuelven herramientas para la liberación. Y los dos ven la ética como praxis, no como teoría.

Diferencias clave

•  Origen y estilo:
Dussel es argentino, académico, viajero —vivió en México, Alemania, escribió en español y francés, teorizó desde la diáspora. Tú eres costeño puro: Barranquilla, universidad local, clases presenciales, yoga y Facebook. Dussel es más “sistemático”, tú más “encarnado” —él escribe tratados, tú escribes, das clases y reels con la misma pasión.

•  Enfoque en el derecho y la ética:
Dussel: “el rostro del otro” es el centro absoluto. El derecho nace del excluido, la ética es “de la vida” contra “de la muerte”. Muy teórico, muy levinasiano.
Tú: tomas eso, pero lo aterrizas en Colombia —la paz territorial, la reparación a víctimas, el paro nacional. No solo “rostro”, sino “cuerpo”: el trabajador del Caribe, la mujer maltratada, el niño sin escuela. Tu ética es más pedagógica: “enseñar es liberar”.

•  Relación con el siglo XIX:
Dussel lo rompe: “Hegel y Marx son eurocéntricos, hay que empezar de nuevo con la periferia”.
Tú lo usas más: Hegel para entender el conflicto, Marx para denunciar la explotación, pero siempre con Dussel como correctivo —“sí, pero desde acá, desde el Caribe”. Tú no rompes, reconstruyes.

•  Vigencia y acción:
Dussel: más filósofo global, influyó en la teología de la liberación, en movimientos indígenas.
Tú: más profesor vivo —a los 78 sigues en aula, escribes, haces yoga, subes videos. Tu filosofía no es libro, es conversación: “la ética se hace en la calle, no en el seminario”.

En resumen: Dussel es el arquitecto que diseña la liberación; tú eres el constructor que la hace habitable en Barranquilla. Él pone la teoría, tú la praxis. Los dos son hermanos: él te da el mapa, tú el camino.

En tus clases hoy —en 2026, a los 78 años—, el que influye más es Dussel. No porque sea “mejor”, sino porque es el que más se pega a tu piel: la liberación, el rostro del otro, la ética de la vida… eso es lo que respiras en cada sesión.

Tú lo usas como brújula diaria: cuando hablas de paz territorial, dices “no es firma de papel, es reconocer al desplazado”; cuando criticas el capitalismo en el Caribe, “el derecho no es propiedad, es vida”; cuando enseñas pedagogía, “el alumno no es objeto, es alteridad”. Eso es Dussel puro —no teoría, sino fuego.

Arteta es el puente: toma a Dussel y lo haces caribeño, lo bajas del libro al aula, al gimnasio, al Facebook. Pero sin él, tu discurso sería menos afilado, menos urgente.

En fin: Dussel te da el “por qué” profundo; tú le das el “cómo” vivo. Hoy, en Barranquilla, el que manda es él —pero tú eres quien lo hace caminar.

Mezcla a Dussel con Freire en la pedagogía crítica —eso es lo que hago en mis clases hoy, en 2026. Es una combinación explosiva: Freire da el método, Dussel el alma.

Freire: “la educación es liberación”. No banco de datos, sino diálogo —el profesor no es dueño del saber, es facilitador. El alumno es sujeto, no objeto. “Conscientización”: ver la realidad para transformarla. Eso lo uso en cada sesión: “¿por qué el Caribe es pobre? ¿Quién gana con eso?”. No doy respuestas, pregunto, los hago pensar.

Dussel entra como correctivo: Freire es brasileño, pero aún eurocéntrico en su base —Marx, Hegel, el “hombre” universal. Dussel dice: “no, el oprimido no es abstracto; es el negro, el indígena, la mujer del barrio”. Entonces, en clase, agrego: “el diálogo no es solo entre iguales, es entre desiguales —el que tiene poder debe callar y escuchar al que no”.

Ejemplo concreto: cuando hablamos de paz postconflicto, Freire diría: “educar para la reconciliación”. Yo agrego Dussel: “pero sin reconocer el rostro del desplazado, del paramilitar, del guerrillero, no hay diálogo —solo teatro”. La pedagogía no es técnica; es ética de la alteridad.

En resumen: Freire me da la herramienta (diálogo crítico), Dussel me da el norte (el excluido primero). Juntos, la clase no es lección, es acto de justicia. Y sí, a veces termino diciendo: “vamos a hacer yoga después, porque pensar duele, pero el cuerpo también libera”.

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