Profesores sin voz ante la encrucijada de Colombia. La neutralidad como refugio de la cobardía: callar ante el abismo. Los que callan también eligen.

Cristóbal Arteta Ripoll.

En Colombia, los docentes universitarios que somos servidores públicos tenemos restricciones de participación en política partidista, especialmente en el uso del cargo para hacer proselitismo o favorecer electoralmente a un candidato. Pero ello no nos priva de nuestros derechos a la libertad de expresión, la libertad de cátedra y la participación en el debate público como intelectuales y ciudadanos. La universidad, por definición, es un espacio de deliberación crítica y de confrontación argumentada.

He leído con atención las observaciones que algunos han formulado respecto de mis artículos de opinión difundidos a través del correo institucional. Las recibo con respeto, porque la universidad existe precisamente para el debate de las ideas y no para el silenciamiento de las discrepancias.

Permítanme, sin embargo, hacer algunas precisiones.

La universidad no es únicamente un espacio administrativo destinado a transmitir información laboral. Desde sus orígenes históricos, ha sido una comunidad de pensamiento, un escenario de deliberación intelectual y un territorio donde la reflexión crítica sobre la sociedad constituye una de sus funciones esenciales. Reducir el correo institucional a una mera herramienta burocrática es desconocer la naturaleza misma de la vida universitaria.

Como profesor y ciudadano, ejerzo mi derecho a la libertad de expresión y mi deber intelectual de analizar la realidad nacional. Mis escritos no constituyen propaganda ni buscan imponer adhesiones partidistas. Son artículos de opinión argumentados, firmados, abiertos a la crítica y sustentados en convicciones éticas y políticas que no pretendo ocultar.

Los intelectuales tienen una responsabilidad pública. Como lo recordaba Antonio Gramsci, la indiferencia frente a los acontecimientos de la sociedad nunca es neutral; termina favoreciendo el estado de cosas existente. Asimismo, Paulo Freire nos enseñó que la educación es un acto político en el sentido más profundo del término: toda práctica educativa supone una determinada comprensión de la sociedad y del ser humano.

Cada uno de nosotros tiene una visión del país, unos valores y unas preferencias sobre el rumbo que debería tomar Colombia. La diferencia no está entre quienes tienen posiciones políticas y quienes no las tienen; la diferencia radica en que algunos las expresamos abiertamente y las sometemos al escrutinio público, mientras otros prefieren mantenerlas en la reserva o manifestarlas de manera indirecta.

No reclamo para mis opiniones privilegio alguno ni inmunidad frente a la crítica. Por el contrario, celebro el disenso. Pero considero que la respuesta adecuada a un artículo de opinión no es la censura ni la insinuación de que ciertos temas no deben discutirse en el ámbito universitario. La respuesta adecuada es otra idea, otro argumento, otra reflexión.

La universidad pierde su razón de ser cuando el temor a la discrepancia reemplaza la deliberación y cuando el silencio pretende convertirse en virtud académica.

Seguiré escribiendo con respeto, con argumentos y con la convicción de que el profesor universitario no solo tiene el derecho, sino también la responsabilidad ética de pensar públicamente su tiempo histórico y de compartir esas reflexiones con la comunidad a la que pertenece.

No estoy reclamando el derecho a hacer proselitismo desde el cargo; estoy reivindicando el derecho y el deber del intelectual de intervenir críticamente en la esfera pública. Esa es una tradición que atraviesa desde Gramsci y Freire hasta pensadores como el filósofo colombiano Estanislao Zuleta quien insistía en que la democracia exige ciudadanos capaces de pensar y discutir las diferencias, no de rehuirlas.

Barranquilla, 18 de junio de 2026.

Comments 47

  1. Nayibe Angulo says:

    Excelente articulo.

  2. Sara Coronado says:

    Me deja pensando en el miedo tan tremendo que le tenemos al debate en nuestro país. Me duele ver cómo a veces se persigue o se critica a los profesores que deciden sentar su postura ética públicamente, comparto la idea de que la indiferencia es un refugio de cobardes, sobre todo en una Colombia que está ante una encrucijada tan seria este 21 de junio. Necesitamos más maestros que asuman la educación como un acto político y se atrevan a debatir de frente, en lugar de esconderse detrás de un escritorio.

  3. Ashley Desiree Herrera Torres says:

    En mi opinión, el texto presenta una defensa sólida de la libertad de expresión y del papel crítico que debe asumir el profesor universitario frente a los asuntos públicos, sin embargo deja planteada una cuestión importante. Aunque establece una diferencia entre la reflexión intelectual y el proselitismo político, en la práctica esa línea puede volverse poco clara cuando las opiniones se difunden a través de medios institucionales.

    También uno de sus mayores aciertos es recordar que la universidad no debe convertirse en un espacio de silencio o conformismo, sino que este deberia ser un escenario de debate, reflexión y confrontación de ideas, no obstante debe defender la deliberación implica y reconocer que quienes cuestionan el uso de canales institucionales para expresar posiciones políticas no necesariamente buscan censurar, sino proteger la pluralidad de opiniones y la neutralidad de la institución.

    Siento que en este orde mas o menos, el texto abre una discusión necesaria sobre la responsabilidad del intelectual en momentos de tensión social y política, pero también sobre los límites éticos de esa intervención cuando se realiza desde espacios que representan a toda una comunidad universitaria.

  4. Diego Gonzalez says:

    Excelente reflexión profesor, considero que defender la universidad como un escenario de deliberación intelectual y no como una mera herramienta burocrática es un deber de todos. Su escrito pone sobre la mesa una verdad incómoda “la falsa neutralidad”. Es mucho más honesto expresar las posturas abiertamente y someterlas al escrutinio público, como usted lo hace, que ocultarlas tras el silencio. Como estudiante, agradezco que comparta sus reflexiones con la comunidad; es precisamente el tipo de debate argumentado y respetuoso, inspirado en pensadores como Estanislao Zuleta, el que necesitamos para aprender a habitar nuestras diferencias.

  5. JUAN CAMILO CARMONA LOPEZ says:

    el texto defiende la importancia de la libertad de expresion y del papel critico que deben desempeñar los docentes universitarios dentro de la sociedad. el autor sostiene que la universidad no pueden limitarse a funciones administrativas o tecnicas, sino que debe ser un espacio de debate, reflexion y confrontacion de iideas. resulta relevante la idea de que la neutralidad absolutad es dificil de sostener, ya que toda persona posee valores y visiones sobre la realidad social y politica. asimismo, se destaca la influencia de pensadores como gramsci, freire y estanislao zuleta para argumentar que la educacion tiene una dimension publica y critica. sin embargo, el texto tambien abre una discusion legitima sobre los limites entre la libertad de expresion de los profesores y el uso de espacios institucionales para difundir opiniones politicas. en conjunto, el articulo invita a reflexionar sobre el papel de la universidad en la democracia y sobre la necesidad de promover el debate respetuoso en lugar de la censura o el silencio.

  6. Sebastian Macea says:

    El manifiesto acierta de manera categórica al rechazar la reducción de la universidad a un simple centro de capacitación técnica o administrativa. El correo institucional no debería ser solo un buzón de circulares y fechas de exámenes; si la academia es el territorio de la reflexión crítica, sus canales de comunicación también deben reflejar esa vitalidad intelectual. Cuando un profesor comparte una columna de opinión, nos está invitando a salir de la burbuja y a confrontar la realidad nacional.
    La apelación a Paulo Freire y Estanislao Zuleta resuena con especial fuerza. Frecuentemente se nos exige en las clases que comprendamos la educación como un acto político, pero en la práctica, el sistema muchas veces premia el silencio o la neutralidad cómoda. Que un docente reivindique la máxima de Gramsci sobre la indiferencia como complicidad es un recordatorio de que la academia no puede ser una torre de marfil aislada de las tensiones sociales.
    Como estudiantes, valoramos la honestidad intelectual: es preferible un profesor que pone sus cartas sobre la mesa, que firma sus ideas y las somete al escrutinio público, a la falsa neutralidad que muchas veces esconde sesgos. La posición abierta permite el disenso; la postura oculta solo genera desconfianza.
    La respuesta ante la discrepancia jamás puede ser la censura o el silenciamiento administrativo. Si la comunidad universitaria difiere de las tesis planteadas, el camino ético es el que proponía Zuleta: responder con otro argumento, con otra reflexión. Un profesor que incomoda positivamente a través de la palabra escrita nos obliga a nosotros, la generación en formación, a aguzar el pensamiento crítico y a definir, también, en qué lado de la historia queremos pararnos.

  7. Diosa Isis Babilonia says:

    texto defiende la idea de que los profesores universitarios no deben limitarse a enseñar contenidos, sino también participar en la reflexión sobre los problemas del país. El autor considera que guardar silencio frente a situaciones políticas y sociales importantes no es una posición neutral, sino una forma de tomar partido indirectamente. Además, sostiene que la universidad debe ser un espacio de debate y libre expresión, donde las ideas se confronten mediante argumentos y no mediante censura. Sin embargo, el tema genera discusión porque algunos consideran que el uso de medios institucionales para expresar opiniones políticas puede afectar la imparcialidad que se espera de los servidores públicos. En conclusión, el texto invita a reflexionar sobre el equilibrio entre la libertad de expresión de los docentes y sus responsabilidades dentro de las instituciones públicas.

  8. Ellen María Sierra Morales says:

    El texto desmonta la coartada más cómoda de este 21 de junio: confundir neutralidad con objetividad, porque cuando la universidad reduce el debate a “administrar información” y el correo institucional a memorando, lo que hace es expulsar el pensamiento del único lugar donde debería arder, y ahí tu reclamo golpea justo: callar ante el abismo no es prudencia, es elección, es elegir que el orden actual siga intacto mientras decimos que no tomamos partido; Gramsci y Freire te dan la espalda teórica, porque la indiferencia siempre es política y la educación siempre es acto de poder, con o sin pancarta, y reducir la cátedra a transmisión laboral es matar la universidad en vida, convertirla en oficina donde nadie piensa porque “eso no está en el manual”; la diferencia que marcas es clave, no hay profesores sin política, solo profesores que esconden la suya tras el miedo a la sanción y otros que la exponen firmada, argumentada y abierta a la refutación, que es la única forma honesta de hacer democracia en el aula; por eso responder a un artículo con censura o con “esto no se discute aquí” es rendirse antes de la batalla de ideas, mientras que responder con otro argumento es devolverle a la universidad su razón de ser: deliberación, riesgo, disenso sin odio; al final no estás pidiendo proselitismo desde el cargo, estás reivindicando el deber ético del intelectual que Zuleta defendía, pensar en público y con nombre propio, porque si el profesor abdica de la palabra crítica cuando el país se juega entre república y barbarie, entonces la cátedra se vuelve cómplice por omisión y el silencio, lejos de protegernos, termina incendiando la casa que juramos cuidar desde el pensamiento.

  9. Starling Barrios Fonseca says:

    Desde mi formación como estudiante de Historia, este texto me invita a reflexionar sobre la responsabilidad social de los intelectuales y de los docentes universitarios. La Historia muestra que muchos de los grandes cambios sociales y políticos estuvieron acompañados por debates académicos y por la participación de pensadores comprometidos con su realidad. En ese sentido, considero legítimo que los profesores expresen sus opiniones y contribuyan a la discusión pública. No obstante, también creo que la misión fundamental de la universidad es fomentar la reflexión crítica y el contraste de ideas, permitiendo que los estudiantes y la comunidad académica construyan sus propios criterios a partir del análisis riguroso y del respeto por la diversidad de posiciones.

  10. Keilibeth Cogollo says:

    Cristóbal Ripoll muestra una reflexión sobre el papel de los profesores universitarios en el debate colombiano público,defiende que la universidad no debe limitarse solo a funciones administrativas, sino ser un espacio donde haya pensamientos críticos y discusión de ideas también sostiene que hay que expresar opiniones argumentadas sobre la realidad nacional ya que es nuestra legítima libertad de expresión

  11. Keilibeth Cogollo says:

    Cristóbal Ripoll muestra una reflexión sobre el papel de los profesores universitarios en el debate colombiano público,defiende que la universidad no debe limitarse solo a funciones administrativas, sino ser un espacio donde haya pensamientos críticos y discusión de ideas también sostiene que hay que expresar opiniones argumentadas sobre la realidad nacional ya que es nuestra legítima libertad de expresión

  12. sebastian enrique pla lagares says:

    el papel de los docentes en la formación académica del estudiante es crucial para lo que será ese estudiante en un futuro y su aporte a la sociedad, un docente que no emita juicios de valor, o que no invite al pensamiento critico por medio de las situaciones por las que pasa la sociedad, no es alguien que represente los valores de la academia donde la universidad ha sido una comunidad de pensamiento, un escenario de deliberación intelectual y un territorio donde la reflexión crítica sobre la sociedad constituye una de sus funciones esenciales
    estoy desacuerdo con el autor ya que la neutralidad en estos momentos no logra nada, y callar, ha sido lo que han querido lograr los perpetuadores de las violencia

  13. Adrián Ismael Pacheco Payares says:

    El artículo plantea una cuestión incómoda pero necesaria: ¿hasta qué punto la neutralidad intelectual es realmente neutral en momentos de profunda tensión social y política? Más allá de compartir o no las posiciones del autor, resulta valioso recordar que la universidad no solo forma profesionales, sino también ciudadanos capaces de pensar críticamente su realidad. La libertad de expresión implica el derecho a manifestar opiniones, pero también la disposición a someterlas al debate y a la crítica. En una democracia, el silencio y la palabra son igualmente decisiones que tienen consecuencias.

  14. Eshline Moreu Suddy says:

    Distingue entre proselitismo y pensamiento crítico: se aclara que, aunque como servidor público respeta las restricciones sobre el uso del cargo para proselitismo partidista, esto no lo invalida para ejercer su derecho ciudadano a debatir la realidad nacional.
    La universidad como espacio deliberativo: Reivindica que la universidad no debe ser un ente puramente administrativo, sino un escenario histórico de debate de ideas y reflexión sobre la sociedad.
    Crítica a la neutralidad: Argumenta, citando a Gramsci y Freire, que la «neutralidad» es una postura política que termina favoreciendo el orden actual. El silencio, en momentos de crisis, no es una virtud académica, sino una forma de complicidad o cobardía.
    Defensa del disenso: Invita a que, en lugar de censurar o exigir silencio, quienes discrepen de sus ideas respondan con argumentos y contraargumentos, fortaleciendo así la democracia.
    Ética docente: Concluye reafirmando que el deber del intelectual es pensar públicamente su tiempo histórico y compartir esas reflexiones, pues la democracia colombiana requiere ciudadanos capaces de discutir sus diferencias y no de evadirlas.

  15. Soraya Suarez Carrascal says:

    Considero que los profesores tienen derecho a expresar sus opiniones, pero eso no significa que estén obligados a tomar una posición pública sobre todos los temas políticos del país. A veces, mantenerse neutral no es un acto de cobardía, sino una manera de respetar las diferentes ideas que existen en una sociedad. Pienso que el papel principal de los docentes es enseñar a los estudiantes a analizar la información y formar sus propias opiniones, sin influirlos hacia una postura política específica. Por eso, no creo que guardar silencio siempre signifique apoyar una causa o elegir un bando.

  16. Andres Oviedo says:

    Comparto en gran medida la reflexión de Cristóbal Arteta Ripoll. Considero que los profesores universitarios no solo tienen el derecho, sino también la responsabilidad de participar en los debates sobre los problemas que afectan a la sociedad. La universidad debe ser un espacio donde circulen las ideas, se cuestionen las realidades existentes y se fomente el pensamiento crítico.

    Pienso que la neutralidad absoluta frente a situaciones que comprometen el futuro del país es difícil de sostener. En muchos casos, guardar silencio también implica asumir una posición. Por eso, valoro que los docentes expresen sus opiniones de manera argumentada, abierta al debate y al cuestionamiento de otros miembros de la comunidad académica.

    Al mismo tiempo, considero importante diferenciar entre la reflexión crítica y el proselitismo político. Un profesor puede analizar la realidad nacional, defender sus ideas y participar en la discusión pública sin utilizar su cargo para favorecer a partidos o candidatos específicos.

    En mi opinión, una universidad verdaderamente democrática no debe temer a la diversidad de pensamientos. Las diferencias deben enfrentarse con argumentos y diálogo, no con censura o silenciamiento. Por ello, creo que la libertad de expresión y la libertad de cátedra son elementos fundamentales para fortalecer la vida universitaria y contribuir a la construcción de una ciudadanía más crítica y participativa.

  17. Valery Castro says:

    Considero profundamente inspiradora y necesaria la postura del profesor Cristóbal Arteta Ripoll en este artículo, ya que pone el dedo en la llaga sobre el verdadero rol del intelectual en momentos de crisis social. Lejos de escudarse en una falsa neutralidad o en la comodidad de la burocracia académica, el autor nos recuerda que el silencio ante las encrucijadas de un país como Colombia no es más que una forma de complicidad que termina favoreciendo el statu quo. Al defender la libertad de cátedra y de expresión mediante argumentos abiertos al debate en lugar del proselitismo ciego, su reflexión nos confronta con la idea de que la educación es intrínsecamente un acto político; por lo tanto, la universidad debe seguir siendo ese faro de deliberación crítica donde el miedo a discrepar jamás reemplace la responsabilidad ética de pensar públicamente nuestro tiempo

  18. Considero que este texto defiende la importancia de que los profesores universitarios participen activamente en los debates sobre los problemas del país. Entiendo que el autor no está promoviendo una campaña política, sino ejerciendo su derecho a expresar sus opiniones y a compartir sus reflexiones con la comunidad universitaria. Para mí, la universidad debe ser un espacio donde se puedan discutir diferentes ideas de manera libre y respetuosa.

    También pienso que el autor quiere mostrar que guardar silencio frente a situaciones importantes no siempre significa ser neutral. Por eso menciona a pensadores como Gramsci y Paulo Freire, quienes defendían que la educación tiene una responsabilidad social. Estoy de acuerdo en que las diferencias de opinión deben resolverse mediante el diálogo y los argumentos, no mediante la censura. En mi opinión, el debate crítico fortalece tanto a la universidad como a la democracia.

  19. DANIELA HERRERA ALTAMAR says:

    Estoy totalmente de acuerdo con el artículo. Un profesor universitario no es solo alguien que dicta una clase, es un pensador que tiene la responsabilidad de ayudar a entender la realidad del país. No hablar por miedo o respeto no es ser neutral, es dejar que las cosas sigan igual.
    La universidad debe ser siempre un espacio libre para debatir ideas, no un lugar para el silencio. El correo institucional y los salones de clases tienen que servir para fortalecer el pensamiento crítico, no para refugiarse de los problemas reales. Como dice el texto, la mejor respuesta a una opinión que no nos gusta no es callar al otro, sino debatir con mejores argumentos.

  20. Emanuel Lozano Martínez says:

    Me parece interesante como plantea con gran solvencia intelectual la defensa de la universidad pública como un faro de deliberación crítica, logrando separar de forma muy hábil la burda propaganda partidista de la legítima opinión ciudadana y académica. Al ampararse en pensadores como Zuleta o Freire, el docente recuerda con acierto que la neutralidad absoluta en la educación es una ilusión y que los canales institucionales no deberían reducirse a simples pasillos burocráticos ajenos a la realidad nacional. Sin embargo, el argumento camina sobre una línea sumamente delgada en el contexto legal colombiano, pues el uso de recursos estatales —como el correo institucional— para difundir visiones políticas personales siempre encenderá alarmas sobre posibles sesgos, demostrando que la tensión entre el libre pensamiento académico y el estricto deber de neutralidad del servidor público sigue siendo uno de los debates más complejos y vigentes de la institucionalidad.

  21. Valeria Salazar says:

    Arteta va directo a la herida: en Colombia el silencio también es una decisión política. Y cuando quien calla es el profesor, el intelectual, el que forma ciudadanos, ese silencio pesa doble.

    El texto parte de la misma encrucijada del 21 de junio: democracia frágil, violencia, exclusión. Pero el punto central es que el deber del docente no es la «neutralidad cómoda». Neutralidad, dice, es refugio de la cobardía cuando el país está al borde del abismo.

    Y tiene razón histórica. Las universidades colombianas ya pagaron ese silencio: 8 profesores asesinados en la U. del Atlántico, casos en Córdoba, Magdalena, Cesar. Cuando Mancuso puso rectores «a sangre y fuego» y quien no fue cooptado fue asesinado, el silencio no protegió a nadie.

    Hoy pasa igual pero más sutil: explosiones en la U. Nacional, miedo en los campus, violencia justificada con argumentos políticos. Ante eso, Arteta exige «sospecha crítica y compromiso civil». No es hacer política partidista en el aula. Es usar la palabra como territorio de resistencia.

    En corto: el profesor que calla ante la degradación del discurso, ante el autoritarismo o la anomia social, también está eligiendo. Y su elección es dejar el país en manos de los que sí gritan.

    La democracia no se salva con silencio académico. Se salva cuando el que enseña se atreve a pensar en voz alta.

  22. Jhosep Almanza says:

    Como estudiante de segundo semestre de Historia, me parece que este texto plantea un debate importante sobre el papel de los docentes universitarios en la sociedad. Considero que las universidades no deben ser espacios donde se eviten los temas polémicos, sino lugares donde las ideas puedan discutirse de manera argumentada y respetuosa. En ese sentido, comparto la idea de que expresar opiniones sobre la realidad nacional no es necesariamente lo mismo que hacer propaganda política.

    También creo que el texto destaca algo fundamental: nadie es completamente neutral cuando analiza la realidad. Todas las personas interpretan los acontecimientos desde sus experiencias, conocimientos y valores. Lo importante no es ocultar esas posiciones, sino presentarlas con argumentos y estar dispuesto a escuchar críticas y puntos de vista diferentes.

    Sin embargo, pienso que cuando un profesor participa en debates públicos debe tener especial cuidado para que sus opiniones no sean percibidas como una verdad absoluta por el hecho de ocupar una posición de autoridad académica. La función de la universidad no es decirle a los estudiantes qué pensar, sino ofrecer herramientas para que construyan sus propios criterios.

    Lo que más rescato del texto es su defensa del debate y del intercambio de ideas. En una sociedad democrática, las diferencias son inevitables, pero pueden convertirse en oportunidades de aprendizaje cuando se discuten con respeto. Después de todo, la Historia muestra que las sociedades avanzan más mediante la discusión de argumentos que mediante el silencio o la descalificación de quienes piensan distinto.

  23. Aisha segura, Sabrina Gómez Gálvez, Wiston Lipeda, Meydis Aleman says:

    Este artículo nos hizo reflexionar sobre el papel de los profesores en la sociedad. Al tener padres docentes, sabemos que su trabajo no se limita a enseñar contenidos, sino que también implica fomentar el pensamiento crítico y el análisis de la realidad.
    Nos pareció interesante la idea de que la universidad debe ser un espacio de debate y de intercambio de ideas, donde las diferencias puedan discutirse con respeto. También creemos que el silencio frente a ciertos problemas sociales puede tener consecuencias, por lo que es importante que existan voces que promuevan la reflexión.
    En general, el texto nos invita a valorar la educación como una herramienta para formar ciudadanos críticos, capaces de participar activamente en la construcción de una sociedad más justa y democrática.

  24. VICTOR EUGENIO GOMEZ PEREZ says:

    Pienso que el titulo de profesor o de «magister» es la mayor alerta a la hora de presentar una opinión propia dentro de espacios universitarios, y aun así, afuera. Hoy en dia en un mundo lleno de corporaciones, incluso las propias universidades se convierten en estas. No es posible que uno de los posters usados en un sitio oficial haya sido generado con IA (Inteligencia Artificial). Supongamos: Yo como corporación no quiero que una de mis entidades de repente aleje al producto de mi, todo gracias a su voz. Debido a eso, me veo en la obligación de hacerle saber a esta identidad que si quiere seguir con el «derecho» a la voz, entonces que la use para hablar de lo que representa (programa, carrera, o materia).

  25. Sofía Avendaño says:

    Esta lectura me hizo reflexionar sobre el papel que tienen los profesores y los intelectuales en la sociedad. Considero que expresar opiniones de manera respetuosa y argumentada contribuye al debate y al pensamiento crítico. También me pareció interesante la idea de que la universidad debe ser un espacio donde se puedan discutir diferentes puntos de vista sin miedo a la crítica, siempre desde el respeto y el diálogo.

  26. María Fernanda Carrillo Alvarado says:

    El artículo plantea un debate importante sobre el papel de los profesores universitarios en la sociedad. El autor defiende la idea de que los docentes no deben limitarse a transmitir conocimientos, sino que también tienen la responsabilidad de participar en la discusión de los asuntos públicos y promover el pensamiento crítico. Me parece interesante su argumento de que la neutralidad absoluta es difícil de alcanzar, ya que todas las personas tienen valores y opiniones sobre la realidad que las rodea. Sin embargo, también considero que es fundamental que los profesores expresen sus ideas de manera respetuosa y argumentada, garantizando que el espacio universitario siga siendo plural y abierto a diferentes perspectivas. En general, el texto invita a reflexionar sobre la relación entre educación, libertad de expresión y participación ciudadana en una democracia.

  27. Este texto me hizo reflexionar sobre el papel que tienen los docentes y las universidades en la sociedad. Considero que la universidad no debe ser solamente un lugar donde se transmiten conocimientos, sino también un espacio para debatir y analizar los problemas que afectan al país. A través del intercambio de ideas se desarrolla el pensamiento crítico y se fortalece la capacidad de los estudiantes para comprender la realidad desde diferentes perspectivas.

    También me llamó la atención la reflexión sobre la neutralidad. El texto plantea que, en ocasiones, guardar silencio frente a situaciones importantes puede interpretarse como una forma de tomar posición. Esto me parece interesante porque invita a pensar si realmente es posible mantenerse completamente al margen de los asuntos sociales y políticos que afectan a todos los ciudadanos.

    Además, considero que el debate respetuoso es fundamental dentro de una democracia. Las diferencias de opinión no deberían verse como un problema, sino como una oportunidad para dialogar, argumentar y aprender de otros puntos de vista. Por eso, creo que las universidades deben fomentar espacios donde las personas puedan expresar sus ideas libremente, siempre con respeto y fundamentos.

    En general, entendí que el texto defiende la importancia de la participación, la reflexión crítica y el diálogo como herramientas necesarias para comprender mejor la realidad y contribuir al desarrollo de una sociedad más democrática y consciente.”

  28. Michelle Cardozo says:

    *Comentario:*

    Me gustó cómo defiende que la universidad no es solo una oficina. Tiene razón: callarse no es ser neutral, es tomar partido por lo que ya está. Desde la sociología, Gramsci lo decía clarísimo: la indiferencia también es política.

    El correo institucional no debería ser solo para avisos de nómina. Si los profes no pueden opinar sobre el país, ¿entonces quién? La libertad de cátedra es justo para eso, para pensar en voz alta aunque incomode.

    Eso sí, entiendo que haya gente que se moleste si lo ven como proselitismo. La línea es delgada. Pero el profe aclara que no está pidiendo votos, sino debatiendo. Y ahí le doy la razón: la respuesta a una idea que no me gusta no es callarla, es responderle con otra idea. Si no, la universidad se vuelve un cementerio de pensamiento.

  29. Liyen henao says:

    Considero que el texto defiende de manera acertada el papel de la universidad como espacio de reflexión y debate. Además, resalta la importancia de que los docentes e intelectuales participen en las discusiones sobre la realidad del país mediante argumentos y pensamiento crítico, fortaleciendo así la democracia y la libertad de expresión.

  30. denilson daza says:

    reafirma que la supuesta neutralidad académica es una ilusión y una cómoda renuncia a la responsabilidad social, pues, como plantean Gramsci y Freire, callar ante la crisis es una forma indirecta de validar el orden establecido. Por eso, comparto la necesidad de separar el proselitismo partidista de la libre expresión y la libertad de cátedra, entendiendo que la universidad no puede ser un refugio burocrático que le teme al disenso, sino la conciencia crítica de la sociedad. En definitiva, asumo este texto como un llamado ético a rescatar la valentía intelectual en las aulas, donde el debate con argumentos y el compromiso transformador de la educación deben imponerse siempre frente a la comodidad del silencio.

  31. denilson daza says:

    reafirma que la supuesta neutralidad académica es una ilusión y una cómoda renuncia a la responsabilidad social, pues, como plantean Gramsci y Freire, callar ante la crisis es una forma indirecta de validar el orden establecido. Por eso, comparto la necesidad de separar el proselitismo partidista de la libre expresión y la libertad de cátedra, entendiendo que la universidad no puede ser un refugio burocrático que le teme al disenso, sino la conciencia crítica de la sociedad. En definitiva, asumo este texto como un llamado ético a rescatar la valentía intelectual en las aulas, donde el debate con argumentos y el compromiso transformador de la educación deben imponerse siempre frente a la comodidad del silencio.

  32. Andres Oviedo says:

    Después de leer este texto, considero que plantea una reflexión importante sobre el papel que deben desempeñar los docentes universitarios en la sociedad. En mi opinión, un profesor no solo transmite conocimientos, sino que también contribuye al análisis crítico de la realidad y promueve el debate de ideas dentro y fuera de la universidad.

    Comparto la idea de que la libertad de expresión y la libertad de cátedra son fundamentales para una democracia. Pienso que expresar opiniones de manera argumentada y respetuosa no debe confundirse con hacer proselitismo político. Por el contrario, cuando las ideas se exponen con argumentos y están abiertas a la crítica, enriquecen la discusión y fortalecen el pensamiento crítico.

    También me parece acertada la afirmación de que el silencio no siempre es una postura neutral. En muchos casos, guardar silencio frente a los problemas del país también representa una decisión. Por eso creo que los docentes, como intelectuales y ciudadanos, tienen el derecho y la responsabilidad de participar en el debate público, siempre con respeto por la diversidad de opiniones y promoviendo el diálogo antes que la censura. Una universidad verdaderamente democrática debe ser un espacio donde las diferencias puedan discutirse con argumentos, tolerancia y respeto mutuo.

  33. Luz Belkis barrios says:

    El texto de artetra , se centra que aunque los profesores de las universidades se le prohíba participar en las políticas partidistas , ellos pueden tener la libertad de expresar y dar su opinión , y dar catrada , y participar en debates públicos , muy de acuerdo porque como ciudadano me se le puede quitar ese derecho de participar y expresar sus inconformidades o situaciones antes algún hecho o expresión se presente

  34. Andres Mejia says:

    Contundente y sumamente necesario. La academia pierde su propósito cuando se convierte en una simple oficina burocrática y muda. Disentir y debatir es sano, pero escudarse en una supuesta ‘neutralidad’ ante la crisis del país no es ser objetivo; es una preocupante falta de compromiso ético. Al igual que usted, profesor, creo que la respuesta al argumento debe ser siempre otro argumento, jamás el silencio ni la censura. Lo cierto es que al final son los estudiantes quienes toman la decisión de seguir o contradecir a sus profesores, he de ahí lo lindo de aprender.

  35. Cristian Romero says:

    Tremendo artículo, claro, directo, con una intención muy marcada y expresada de forma magistral. Totalmente de acuerdo con Arteta.

  36. Abraham David Rudas Ulloque says:

    Este interesante texto, para mí interpretación, es una defensa valiente y conceptualmente sofisticada del rol social del maestro como faro crítico. Desnuda con éxito la hipocresía de la neutralidad cobarde. Sin embargo, su argumento flaquea al obviar que los derechos que reclama la libertad de expresión y cátedra que pertenecen a la esfera personal e intelectual del individuo, pero no le otorgan el derecho automático a patrimonizar los recursos tecnológicos e institucionales de una entidad pública para difundirlos. Es un texto impecable en su defensa de la esencia universitaria, pero problemático en su justificación de los medios institucionales utilizados.

  37. María Pérez says:

    Este escrito me hizo reflexionar sobre el papel que tienen los profesores universitarios dentro de la sociedad. Me parece interesante la idea de que la universidad no solo debe transmitir conocimientos, sino también promover el análisis, el diálogo y la discusión de temas que afectan al país. En ese sentido, el autor defiende que expresar opiniones fundamentadas hace parte del ejercicio académico.
    También considero importante el mensaje de que las diferencias de opinión no deberían resolverse mediante el silencio o la censura, sino a través del intercambio de argumentos. Creo que ese es uno de los principios más importantes de la vida universitaria, ya que permite desarrollar el pensamiento crítico y aprender a respetar distintas perspectivas.

  38. Carolina Tapias Caraballo says:

    En este artículo se explica que la universidad no debe ser únicamente un lugar para enseñar contenidos académicos, sino también un espacio donde los docentes y estudiantes puedan debatir, expresar sus ideas y analizar los problemas del país con respeto. Además, se defiende la importancia de la libertad de expresión y del pensamiento crítico dentro del ambiente universitario, siempre diferenciando la opinión personal del proselitismo político.

    Estoy de acuerdo con el profesor Arteta porque considero que los docentes tienen un papel importante en la formación de ciudadanos críticos y reflexivos, compartir diferentes puntos de vista ayuda a que los estudiantes analicen la realidad desde varias perspectivas y no acepten una sola idea sin cuestionarla. Sin embargo, este diálogo siempre debe darse con respeto por las opiniones de los demás.

    Hoy en día se puede ver que muchas personas prefieren evitar hablar de temas políticos por miedo a las críticas o a generar conflictos, por eso, es importante que en las universidades existan espacios donde se puedan expresar distintas opiniones con argumentos y respeto, permitiendo que los estudiantes fortalezcan su capacidad de análisis y aprendan a dialogar sin descalificar a quienes piensan diferente.

  39. Andrea Macea says:

    En mi opinión, el texto presenta una defensa sólida de la libertad de expresión y del papel crítico que debe asumir el profesor universitario frente a los asuntos públicos, pero deja planteada una cuestión importante: aunque establece una diferencia clara entre la reflexión intelectual y el proselitismo político, en la práctica esa línea puede volverse difusa cuando las opiniones se difunden a través de canales institucionales, como el correo electrónico de la universidad. Uno de sus mayores aciertos es recordar que la universidad no debe convertirse en un espacio de silencio o conformismo, sino en un escenario de debate y confrontación de ideas. No obstante, defender la deliberación también implica reconocer que quienes cuestionan el uso de medios institucionales para expresar posiciones políticas no necesariamente buscan censurar, sino proteger la pluralidad de opiniones y la neutralidad del espacio académico. En este sentido, el texto abre una discusión necesaria sobre la responsabilidad del intelectual en momentos de tensión social y política, pero también sobre los límites éticos de esa intervención cuando se realiza desde espacios que representan a toda una comunidad universitaria.

  40. María José Jiménez says:

    El texto cuestiona la idea de que los profesores deban permanecer en silencio frente a los problemas del país. El autor considera que la neutralidad absoluta no existe, porque no pronunciarse también implica una posición ante la realidad.

    Desde esta perspectiva, la universidad no debe ser solo un lugar para transmitir conocimientos, sino también un espacio donde se analicen críticamente los asuntos sociales y políticos. Por eso, las diferencias de opinión deben enfrentarse mediante el diálogo y los argumentos.

    En conclusión, el texto defiende que los intelectuales y docentes tienen una responsabilidad con la sociedad: participar en el debate público y contribuir a la formación de ciudadanos críticos capaces de reflexionar sobre su tiempo histórico.

  41. Karen Suarez Hernández says:

    Este artículo invita a reflexionar sobre el papel ético y social de los profesores en momentos de crisis política y democrática. Nuestro profe arteta sostiene que la neutralidad no siempre representa una posición objetiva, sino que, en determinadas circunstancias, puede convertirse en una forma de aceptar pasivamente las injusticias. En ese sentido, plantea que el silencio de los docentes frente a situaciones que afectan la democracia y los derechos de la sociedad también constituye una decisión con consecuencias.

    Considero que esto aborda un tema complejo y relevante porque cuestiona la idea de que la academia deba permanecer completamente al margen de los problemas sociales. Los profesores no solo transmiten conocimientos, sino que también forman ciudadanos capaces de pensar críticamente. Sin embargo, es importante reconocer que este es un artículo de opinión y que su postura es debatible. Existen quienes defienden que los docentes deben mantener cierta imparcialidad para garantizar un ambiente de respeto hacia la diversidad de ideas, mientras que otros consideran que guardar silencio frente a hechos que comprometen los valores democráticos implica renunciar a una responsabilidad ética.

    Lo más valioso del artículo es que invita al lector a preguntarse cuál debe ser el verdadero compromiso de la educación con la sociedad. Más que promover una postura política específica, impulsa una reflexión sobre la responsabilidad moral de quienes educan y sobre el impacto que puede tener el silencio en momentos de crisis. demuestra que la educación no puede desligarse completamente de la realidad social. Aunque es necesario preservar el pensamiento crítico y el respeto por las diferentes posiciones, también resulta fundamental que los docentes promuevan la reflexión, el diálogo y la defensa de los principios democráticos, evitando que la indiferencia se convierta en una forma de participación pasiva frente a los problemas del país. una discusión pertinente sobre los límites entre la neutralidad, la libertad académica y el compromiso ciudadano.

  42. Karen Suarez Hernández says:

    Este artículo invita a reflexionar sobre el papel ético y social de los profesores en momentos de crisis política y democrática. Nuestro profe arteta sostiene que la neutralidad no siempre representa una posición objetiva, sino que, en determinadas circunstancias, puede convertirse en una forma de aceptar pasivamente las injusticias. En ese sentido, plantea que el silencio de los docentes frente a situaciones que afectan la democracia y los derechos de la sociedad también constituye una decisión con consecuencias.

    Considero que esto aborda un tema complejo y relevante porque cuestiona la idea de que la academia deba permanecer completamente al margen de los problemas sociales. Los profesores no solo transmiten conocimientos, sino que también forman ciudadanos capaces de pensar críticamente. Sin embargo, es importante reconocer que este es un artículo de opinión y que su postura es debatible. Existen quienes defienden que los docentes deben mantener cierta imparcialidad para garantizar un ambiente de respeto hacia la diversidad de ideas, mientras que otros consideran que guardar silencio frente a hechos que comprometen los valores democráticos implica renunciar a una responsabilidad ética.

    Lo más valioso del artículo es que invita al lector a preguntarse cuál debe ser el verdadero compromiso de la educación con la sociedad. Más que promover una postura política específica, impulsa una reflexión sobre la responsabilidad moral de quienes educan y sobre el impacto que puede tener el silencio en momentos de crisis. demuestra que la educación no puede desligarse completamente de la realidad social. Aunque es necesario preservar el pensamiento crítico y el respeto por las diferentes posiciones, también resulta fundamental que los docentes promuevan la reflexión, el diálogo y la defensa de los principios democráticos, evitando que la indiferencia se convierta en una forma de participación pasiva frente a los problemas del país. una discusión pertinente sobre los límites entre la neutralidad, la libertad académica y el compromiso ciudadano.

  43. Justin David De la Cruz Mendoza says:

    En mi opinión, el artículo plantea una reflexión importante sobre la responsabilidad que tienen los profesores universitarios de participar en los debates que afectan a la sociedad. Considero que expresar ideas de manera argumentada y respetuosa hace parte de la libertad académica y puede contribuir a formar estudiantes con mayor capacidad de análisis y pensamiento crítico. Sin embargo, también pienso que esa libertad debe ejercerse con equilibrio, evitando que las opiniones personales sean percibidas como una presión sobre quienes tienen puntos de vista diferentes.

    Además, estoy de acuerdo con que la universidad debe ser un espacio abierto al diálogo y al intercambio de ideas, donde las diferencias puedan discutirse con respeto y fundamento. En lugar de limitar las opiniones, es más beneficioso promover el debate y la argumentación, ya que esto fortalece la democracia y permite que cada persona construya sus propias conclusiones a partir de diversas perspectivas.

  44. LESKY TATIANA RAMOS CABEZA says:

    Profesor, me pareció muy interesante esta reflexión porque nos hace pensar sobre el papel de la universidad como un espacio de diálogo y pensamiento crítico. Considero importante que existan diferentes opiniones y que estas puedan debatirse con respeto y argumentos. También comparto la idea de que la educación no debe limitarse solo a transmitir conocimientos, sino que debe ayudarnos a analizar la realidad y a desarrollar una postura crítica frente a los acontecimientos del país. El debate y la diversidad de ideas fortalecen la vida universitaria y la formación de los estudiantes.

  45. David Bermejo says:

    Comparto la posición del profesor Arteta frente a las estructuras políticas e ideológicas del país. Sin duda su intención es abrir el campo a los derechos que poseemos como ciudadano o habitante de Colombia, tenemos derechos y deberes, quizás se pueda confundir la divulgación de una posición política cuando un docente hace énfasis en ciertos problemas sociales o al nombrar algunos nombres (filósofos, sociólogos o historiadores) para intensificar el contenido dirigido. Está en cada uno de nosotros reconocer y exponer varias posiciones políticas que enriquecen nuestra cosmovisión general, aunque estemos más o menos de acuerdo con ellas, en todo caso esto es lo bueno de la diversidad y variables por cada persona, escuchar, leer o ver a alguien más exponer su posición, termina siendo más provechoso que contraproducente. Entonces mi posición será similar a la que propone el artículo, pues una vez dejada claras las intenciones en donde no se busca el proselitismo puro, ni mucho menos callar ante las injusticias, es simplemente ejercer la labor como persona/docente de Colombia.

  46. Andrea Michelle Castillo Fontalvo says:

    Profesor Cristóbal, su contundente réplica del 18 de junio nos sitúa en el corazón de lo que verdaderamente significa habitar la academia a solo tres días de las urnas: un espacio donde el correo institucional y el aula no son meros cables de transmisión burocrática, sino ágoras vivas donde callar ante el abismo es una forma de cobardía y de elección indirecta. Al invocar a Gramsci, Freire y la lucidez de Estanislao Zuleta, usted nos recuerda que la supuesta «neutralidad» no es más que el escudo del conformismo, y que la libertad de cátedra y de expresión son conquistas innegociables para el intelectual que se niega a ser un simple espectador del desastre. Quienes pretenden responder a sus densas columnas de opinión con quejas administrativas o insinuaciones de censura demuestran precisamente ese miedo al pensamiento complejo que la oposición punitiva busca explotar. Como estudiantes, respaldamos su valiente decisión de pensar públicamente su tiempo histórico, pues entendemos que la universidad pierde toda su dignidad cuando se convierte en una fábrica de silencios; este 21 de junio iremos a votar con la claridad de que la democracia no se defiende con la prudencia de los pusilánimes, sino con el rigor de la palabra empeñada y el debate frontal que usted, con el ejemplo, nos invita a sostener.

  47. Savid Martinez says:

    En tiempos cruciales para el pais, esta defensa a favor de la libertad de expresion en ambientes públicos como son la universidad, la cual no debe convertirse en un espacio de conformismo reinado por el miedo sino como lugar de intercambio intelectual, asi como los profesores tienen una responsabilidad social, los alumnos también la tienen, por lo que es fundamental mantener los debates académicos y discusiones públicas no con el fin de adoctrinar, en su lugar poder ver desde distintas opiniones las diferentes perspectivas de los problemas sociales que verdaderamente importan y nos afectan.

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