Problema HF 4

La filosofía de la modernidad

Cristóbal Arteta Ripoll

A partir de la presente lectura, elabore una inquietud investigativa  e ilumínela desde los presupuestos teóricos leídos.

Las características más importantes de la filosofía moderna —digamos, desde Descartes hasta Kant— se pueden resumir en estos puntos clave:

1.  Razonamiento como centro: todo parte de la razón humana, no de la tradición ni de la autoridad religiosa. Descartes lo pone clarito con su “pienso, luego existo”: la duda metódica es el primer paso para llegar a verdades indudables.

2.  Sujeto individual: el “yo” se vuelve protagonista. Antes, el mundo se explicaba por Dios o la naturaleza; ahora, el individuo —su mente, su libertad— es el punto de partida. Kant lo lleva al extremo: la realidad que conocemos depende de cómo la estructura nuestra mente.

3.  Método científico y progreso: surge la idea de que el conocimiento avanza paso a paso, como en la física de Newton. Bacon y Descartes hablan de un método riguroso para dominar la naturaleza, no solo entenderla.

4.  Autonomía y libertad: el ser humano no está atado a destinos divinos ni a jerarquías fijas. Locke y Rousseau lo llevan a la política: el contrato social, los derechos naturales, la idea de que el Estado existe para proteger la libertad del individuo.

5.  Separación entre fe y razón: aunque no siempre hostil, la modernidad pone límites. La religión queda en el ámbito privado; la ciencia y la ética se vuelven “seculares”. Voltaire y Hume lo empujan: “¿por qué creer en milagros si la razón no los avala?”.

6.  Universalismo: hay verdades válidas para todos, en todo tiempo. No hay “verdades locales”; el progreso es lineal y la humanidad avanza hacia la ilustración.

En resumen: la modernidad es esa apuesta por la razón, el individuo y el control humano sobre el mundo. Aunque después, con Nietzsche y los posmodernos, se empieza a cuestionar todo eso… pero eso ya es otra historia.

Corrientes principales

Las corrientes más importantes de la filosofía moderna —del siglo XVII al XVIII, básicamente— son estas, en orden cronológico y con su esencia rápida:

1.  Racionalismo (Descartes, Spinoza, Leibniz):
Todo conocimiento verdadero viene de la razón pura, no de los sentidos. Descartes arranca con la duda metódica y llega al “cogito ergo sum”. Spinoza ve el universo como una sola sustancia divina; Leibniz habla de mónadas y armonía preestablecida. Idea clave: la mente tiene ideas innatas, el mundo es lógico y ordenado.

2.  Empirismo (Locke, Berkeley, Hume):
Al revés: nada en la mente que no haya pasado por los sentidos. Locke dice que nacemos como “tabula rasa” y el conocimiento se construye con experiencia. Berkeley niega la materia independiente (“ser es ser percibido”). Hume va más lejos: la causalidad es solo hábito mental, no ley del universo. Todo se basa en observación y escepticismo suave.

3.  Ilustración (Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Diderot):
No es una escuela estricta, pero sí el espíritu de la época. Razón contra superstición, progreso humano, crítica a la Iglesia y al absolutismo. Voltaire defiende la tolerancia; Rousseau, la soberanía popular y el “buen salvaje”; Montesquieu, la separación de poderes. Es la filosofía que alimenta las revoluciones.

4.  Idealismo trascendental (Kant):
El gran puente entre racionalismo y empirismo. Kant dice: sí, el conocimiento empieza en la experiencia (empirismo), pero la mente impone formas a priori —espacio, tiempo, causalidad—. No conocemos la “cosa en sí”, solo cómo la procesamos. Revolución copernicana: no es el mundo el que se adapta a nosotros, sino nosotros al mundo.

5.  Materialismo (La Mettrie, D’Holbach):
Menos famoso, pero influyente. Todo es materia, incluso el alma. Niega Dios y el libre albedrío; el hombre es máquina. Prepara el terreno para el positivismo del siglo XIX.

En resumen: racionalismo vs. empirismo es el gran debate, Kant lo sintetiza, y la Ilustración lo lleva a la calle. Después viene el romanticismo y el siglo XIX, pero eso ya es posmoderno… o casi. ¿Te interesa alguna en particular?

Principales representantes

Los principales representantes de la filosofía moderna (siglos XVII-XVIII) y sus ideas centrales, sin rodeos:

•  René Descartes (1596-1650):
“Pienso, luego existo” (cogito ergo sum). Duda metódica como método. Razón pura sobre sentidos. Ideas innatas. Dualismo: mente y cuerpo separados.

•  John Locke (1632-1704):
Tabula rasa: nacemos sin ideas, todo viene de la experiencia. Derechos naturales (vida, libertad, propiedad). Contrato social: gobierno por consentimiento. Fundador del liberalismo.

•  Baruch Spinoza (1632-1677):
Dios o naturaleza = una sola sustancia. Panteísmo. Todo es determinista, pero la libertad es entender las causas. Ética racional: amor intelectual a Dios.

•  Gottfried Leibniz (1646-1716):
Mónadas: unidades simples del universo, sin ventanas. Armonía preestablecida. Mejor de los mundos posibles. Razón suficiente: nada sin causa.

•  David Hume (1711-1776):
Escepticismo: causalidad es hábito, no necesidad. Emociones guían la moral (no razón). No hay “yo” permanente, solo flujo de percepciones.

•  Immanuel Kant (1724-1804):
Revolución copernicana: la mente impone espacio, tiempo y categorías. “Cosa en sí” incognoscible. Imperativo categórico: actúa como si tu máxima fuera ley universal. Ética autónoma.

•  Jean-Jacques Rousseau (1712-1778):
Hombre bueno por naturaleza, corrompido por sociedad. Contrato social: soberanía del pueblo. Voluntad general. Educación natural (Emilio).

•  Voltaire (1694-1778):
Tolerancia religiosa. Crítica a fanatismo y absolutismo. “Ecrasez l’infâme”. Progreso por razón y ciencia.

En resumen: Descartes arranca con la razón; Locke y Hume con la experiencia; Kant los une; Rousseau y Voltaire los llevan a la política y la sociedad. 

¿Cuál es su actualidad?

La filosofía moderna sigue viva, pero ya no como “la” filosofía del presente: es más bien un fundamento que se critica, se recicla o se actualiza. Su actualidad se ve en tres planos principales:

1.  Herencia directa en la vida cotidiana:

•  El individualismo, los derechos humanos, la democracia liberal… todo eso viene de Locke, Rousseau, Kant. La ONU, las constituciones modernas, el “yo decido mi vida” —eso es filosofía moderna en acción. Sin ella, no tendríamos ni el feminismo ni el matrimonio igualitario como derechos universales.

2.  Crítica constante:

•  Los posmodernos (Foucault, Derrida, Lyotard) la desmontan: dicen que el “progreso” es un mito, que la razón es poder disfrazado, que el sujeto autónomo es una ilusión. Pero esa crítica solo funciona porque la modernidad ya está ahí como blanco. Es como si la modernidad fuera el enemigo que todos necesitan para definirse.

3.  Resurgimiento en debates actuales:

•  Kant vuelve fuerte con la ética (¿qué es una acción justa en IA, en bioética?). Hume y el empirismo alimentan el cientificismo y la neurociencia. Rousseau reaparece en el ecologismo y las críticas al capitalismo global. Hasta Descartes: el “yo” digital, la identidad en redes, la duda ante fake news… todo eso huele a duda metódica.

En resumen: la filosofía moderna no es “vieja”, es el andamiaje invisible. Hoy no se enseña como verdad absoluta, sino como problema: ¿sigues creyendo en la razón universal? ¿O ya no? ¿El progreso existe, o es solo narrativa? Eso es lo que la mantiene actual: no la respuesta, sino la pregunta que no deja de doler.

¿Cuál es el enfoque de Arteta?

El profesor Cristóbal Elpidio Arteta Ripoll, docente colombiano de la Universidad del Atlántico y la Universidad Libre (Barranquilla), aborda la filosofía de la modernidad desde una perspectiva crítica, latinoamericanista y liberadora. No la ve como verdad universal, sino como un legado eurocéntrico que hay que asumir, criticar y superar.

Su enfoque principal:

•  La modernidad (desde Descartes hasta Kant) marca un giro antropocéntrico y racional: ruptura con el teocentrismo medieval, duda metódica (“cogito ergo sum”), razón autónoma, progreso científico. Destaca el racionalismo (Descartes: ideas innatas, dualismo mente-cuerpo; Spinoza: panteísmo; Leibniz: mónadas) y el empirismo (Locke: tabula rasa; Hume: causalidad como hábito; Berkeley: “ser es ser percibido”). Kant es clave: síntesis con su “revolución copernicana” —la mente estructura espacio, tiempo y categorías—, pero también el imperativo categórico (ética autónoma, universal).

Sin embargo, Arteta lo critica duramente:

•  Es eurocéntrica y colonial: justifica conquista, dominación y “yo conquistador” (Descartes extrapolado a “yo conquisto”). Niega alteridad indígena/africana, impone universalismo abstracto que invisibiliza periferias. Hegel y Marx (influencias) quedan atrapados en esa lógica, aunque Marx sirve para analizar dependencia.

•  Propone trascenderla: vía filosofía de la liberación (Dussel como referente central en libros como Dussel y la razón latinoamericana). Busca “otra racionalidad” situada en el oprimido, ética de la alteridad (respeto al otro como diferente, no como inferior), transmodernidad (más allá del capitalismo y socialismo eurocéntricos). La modernidad no es fin, sino punto de partida para praxis liberadora: justicia social, pedagogía crítica, solidaridad.

En sus clases (como Historia de la Filosofía o Ética) y textos (El poder de la éticaHermenéutica, pedagogía y praxeología), la presenta históricamente: desde Bacon (inducción contra ídolos) hasta posmodernos (Lyotard, Foucault), pero siempre conectándola a problemas actuales —corrupción, globalización irracional, crisis ecológica— y a la necesidad de una ética política latinoamericana: no imitar Europa, sino crear desde la dependencia y la opresión.

Resumiendo: para Arteta, la modernidad es ruptura radical (positiva: autonomía, ciencia), pero opresora. Su valor está en superarla con una filosofía propia, ética y transformadora. 

Controversia con Dussel

La controversia Cristóbal Elpidio Arteta Ripoll y Enrique Dussel (el filósofo argentino) gira alrededor de la crítica radical a la filosofía de la modernidad —no hay un escándalo personal o “dulce la Arteta” (eso parece un error de tipeo o autocorrector, no aparece nada así en fuentes), sino un debate académico profundo y vivo.

Arteta, en su libro clave Dussel y la razón latinoamericana (2018), defiende y expande la visión de Dussel: la modernidad europea (Descartes, Kant, Hegel, hasta Marx en parte) no es neutral ni universal. Es un mito eurocéntrico que nace con la conquista de América en 1492 —el “yo pienso” se convierte en “yo conquisto”, justificando dominación, colonialismo y explotación del “otro” (indígenas, negros, pobres). Dussel lo llama “encubrimiento del otro”: la razón moderna totaliza, niega alteridad y reduce todo a su lógica opresora.

Arteta coincide al 100%: la modernidad es ruptura positiva (autonomía, ciencia), pero colonial y alienante. Propone superarla con la Filosofía de la Liberación —no posmodernismo (que ve como neoliberal y escéptico), sino transmodernidad: ética desde la periferia, alteridad (Levinas), praxis de los oprimidos, pedagogía popular (Freire), poder obediencial (no dominador). Critica a posmodernos como Castro-Gómez (1996/2011), que tacha la liberación de “romántica, populista, atrapada en pathos ilustrado” —Arteta lo rebate: es ingenuo ignorar la opresión real, y la utopía no es totalitaria, sino horizonte ético contra el capitalismo.

Polémicas históricas:

•  Desde los 70-80 (congresos en Argentina, Colombia, El Salvador): acusaciones de “populismo”, “religiosidad” (por teología de la liberación), “eurocentrismo residual”.

•  Arteta las ve como ataques de derecha, izquierda academicista o reduccionistas —defiende que Dussel asimila lo europeo críticamente, sin imitar.

•  Hoy: vigencia en debates sobre descolonización, dependencia, IA ética, ecología desde el Sur.

En resumen: no hay “controversia dulce” —es un choque serio entre modernidad como proyecto hegemónico y liberación como contra-discurso latino. Arteta usa a Dussel para decir: “asumimos la modernidad, la criticamos y la trascendemos desde aquí”.

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