{"id":911,"date":"2026-06-18T16:52:53","date_gmt":"2026-06-18T16:52:53","guid":{"rendered":"https:\/\/observatoriopoliticouniversitario.com\/?page_id=911"},"modified":"2026-06-18T20:54:22","modified_gmt":"2026-06-18T20:54:22","slug":"la-amnesia-como-programa-politico-apuntes-para-una-eleccion-en-tiempos-de-desigualdad","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/observatoriopoliticouniversitario.com\/index.php\/la-amnesia-como-programa-politico-apuntes-para-una-eleccion-en-tiempos-de-desigualdad\/","title":{"rendered":"La amnesia como programa pol\u00edtico: apuntes para una elecci\u00f3n en tiempos de desigualdad"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Crist\u00f3bal Elpidio Arteta Ripoll.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Hay \u00e9pocas en las que una sociedad se enfrenta a una elecci\u00f3n entre modelos de gobierno. Y hay otras, m\u00e1s graves, en las que una sociedad debe decidir si conserva o pierde su memoria hist\u00f3rica. La Colombia que se aproxima a las urnas parece encontrarse en esta segunda circunstancia.<\/p>\n\n\n\n<p>La pobreza en Colombia no es una invenci\u00f3n ideol\u00f3gica ni un recurso ret\u00f3rico de campa\u00f1a. Es una realidad estructural que ha acompa\u00f1ado la historia republicana del pa\u00eds. Durante d\u00e9cadas, millones de colombianos fueron expulsados de las oportunidades educativas, laborales y culturales; amplios sectores de la poblaci\u00f3n fueron condenados a la precariedad como si esta fuera un accidente y no el resultado de un orden econ\u00f3mico y pol\u00edtico profundamente desigual.<\/p>\n\n\n\n<p>La gran paradoja de nuestro tiempo es que, cuando la cuesti\u00f3n social vuelve a ocupar un lugar central en el debate p\u00fablico y cuando los sectores hist\u00f3ricamente marginados han logrado, al menos parcialmente, ingresar a la agenda estatal, emerge un discurso que pretende convertir las pol\u00edticas de inclusi\u00f3n en una amenaza y los derechos sociales en un privilegio inmerecido.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed resulta iluminadora la provocaci\u00f3n filos\u00f3fica de Slavoj \u017di\u017eek. El fil\u00f3sofo esloveno ha insistido en que la ideolog\u00eda triunfa precisamente cuando logra que las personas perciban como natural aquello que deber\u00eda parecer insoportable. La verdadera victoria de un sistema desigual no consiste \u00fanicamente en producir pobreza; consiste, sobre todo, en persuadir a las v\u00edctimas de que cualquier intento de disminuir esa desigualdad constituye un peligro.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esta perspectiva, el problema colombiano no es exclusivamente econ\u00f3mico ni electoral. Es fundamentalmente pedag\u00f3gico y \u00e9tico. Una sociedad que olvida las condiciones que produjeron la exclusi\u00f3n termina por naturalizar la exclusi\u00f3n misma. La amnesia hist\u00f3rica se convierte entonces en un programa pol\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n<p>Resulta particularmente preocupante el papel que algunos sectores intelectuales han asumido en esta coyuntura. La funci\u00f3n del intelectual en una democracia no es administrar el olvido ni racionalizar las asimetr\u00edas de poder. Su responsabilidad \u00e9tica consiste en mantener viva la memoria de las injusticias, interpelar las narrativas dominantes y ofrecer herramientas cr\u00edticas para comprender la realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el intelectual renuncia a esta tarea y se limita a reproducir los prejuicios de las \u00e9lites, deja de cumplir una funci\u00f3n emancipadora para convertirse en un sofisticado administrador del sentido com\u00fan. Y el sentido com\u00fan, como advert\u00eda \u017di\u017eek, suele ser el nombre que adopta la ideolog\u00eda cuando ha logrado instalarse c\u00f3modamente en la conciencia colectiva.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia latinoamericana ofrece suficientes ejemplos de sociedades que terminaron votando contra sus propios procesos de inclusi\u00f3n social. No porque las mayor\u00edas fueran incapaces de comprender sus intereses, sino porque las narrativas dominantes lograron convencerlas de que la desigualdad era el precio inevitable de la libertad y de que la justicia social representaba una amenaza para el orden.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta que Colombia debe responder en esta hora no es \u00fanicamente qui\u00e9n debe gobernar. La pregunta m\u00e1s profunda es qu\u00e9 memoria quiere preservar. Si la memoria de un pa\u00eds que reconoci\u00f3 la existencia de millones de excluidos y decidi\u00f3 colocarlos en el centro de la acci\u00f3n p\u00fablica, o la memoria de un pa\u00eds que, una vez m\u00e1s, prefiri\u00f3 olvidar.<\/p>\n\n\n\n<p>La elecci\u00f3n del presente es, en el fondo, una elecci\u00f3n sobre el significado moral de la democracia. Porque la democracia deja de ser un simple procedimiento electoral cuando se convierte en la capacidad de una comunidad pol\u00edtica para reconocer la dignidad de quienes hist\u00f3ricamente fueron considerados prescindibles.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 la iron\u00eda m\u00e1s cruel \u2014y aqu\u00ed \u017di\u017eek sonreir\u00eda con su habitual irreverencia\u2014 sea esta: que despu\u00e9s de d\u00e9cadas de convivir con la pobreza y la desigualdad, todav\u00eda haya quienes consideren peligroso intentar corregirlas y perfectamente razonable regresar a las condiciones que las hicieron posibles.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay ejercicio democr\u00e1tico m\u00e1s riesgoso que el de una sociedad que decide olvidar. Porque cuando los pueblos pierden la memoria de sus exclusiones, terminan votando no solamente contra un gobierno, sino, con frecuencia, contra la posibilidad misma de una historia m\u00e1s justa.<\/p>\n\n\n\n<p>Me la juego por la vida <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Crist\u00f3bal Elpidio Arteta Ripoll. Hay \u00e9pocas en las que una sociedad se enfrenta a una elecci\u00f3n entre modelos de gobierno. Y hay otras, m\u00e1s graves, en las que una sociedad debe decidir si conserva o pierde su memoria hist\u00f3rica. La Colombia que se aproxima a las urnas parece encontrarse en esta segunda circunstancia. 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