{"id":979,"date":"2026-06-29T22:41:48","date_gmt":"2026-06-29T22:41:48","guid":{"rendered":"https:\/\/observatoriopoliticouniversitario.com\/?page_id=979"},"modified":"2026-06-30T00:51:41","modified_gmt":"2026-06-30T00:51:41","slug":"el-lecho-de-procusto-y-la-universidad-cuando-el-concurso-de-meritos-olvida-el-merito-de-planificar","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/observatoriopoliticouniversitario.com\/index.php\/el-lecho-de-procusto-y-la-universidad-cuando-el-concurso-de-meritos-olvida-el-merito-de-planificar\/","title":{"rendered":"El lecho de Procusto y la universidad del Atl\u00e1ntico: cuando el concurso de m\u00e9ritos olvida el m\u00e9rito de planificar."},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Crist\u00f3bal Arteta Ripoll.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Las universidades p\u00fablicas toman, en determinados momentos de su historia, decisiones que comprometen su destino durante varias d\u00e9cadas. La definici\u00f3n de una nueva planta profesoral constituye una de ellas. No se trata simplemente de proveer vacantes ni de cumplir un procedimiento administrativo; se trata de decidir qu\u00e9 universidad se quiere construir para las generaciones futuras.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El concurso p\u00fablico de m\u00e9ritos representa una de las mayores conquistas de la educaci\u00f3n superior colombiana. Gracias a \u00e9l, el acceso a la carrera profesoral debe descansar en la excelencia acad\u00e9mica y no en el favoritismo, el clientelismo o las afinidades pol\u00edticas. Sin embargo, el m\u00e9rito comienza mucho antes de la evaluaci\u00f3n de los candidatos. Empieza en la forma como la propia universidad concibe, dise\u00f1a y justifica el concurso.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Una convocatoria elaborada sin una reflexi\u00f3n acad\u00e9mica suficiente puede terminar desnaturalizando el principio que pretende proteger. No basta con que el procedimiento sea formalmente transparente; es indispensable que los perfiles convocados respondan a las verdaderas necesidades de los programas, a los proyectos de investigaci\u00f3n institucionales, a los procesos de acreditaci\u00f3n y a la misi\u00f3n estrat\u00e9gica de la universidad.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>En este punto resulta particularmente ilustrativa la met\u00e1fora del lecho de Procusto. En la tradici\u00f3n griega, Procusto obligaba a todos los viajeros a ajustarse a una cama de tama\u00f1o \u00fanico: quienes eran demasiado altos eran mutilados; quienes eran demasiado bajos eran estirados por la fuerza. El problema no era la existencia de la cama, sino la pretensi\u00f3n de convertirla en una medida universal.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Algo semejante puede ocurrir cuando los perfiles docentes se dise\u00f1an desde criterios r\u00edgidos o coyunturales, obligando a la realidad acad\u00e9mica a adaptarse a decisiones previamente tomadas. La l\u00f3gica deber\u00eda ser exactamente la inversa: son los perfiles los que deben surgir del an\u00e1lisis riguroso de las necesidades reales de cada departamento y de cada programa acad\u00e9mico.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>En una universidad p\u00fablica, la planeaci\u00f3n constituye una exigencia \u00e9tica adem\u00e1s de jur\u00eddica. La Constituci\u00f3n Pol\u00edtica impone a toda la administraci\u00f3n p\u00fablica actuar conforme a los principios de eficacia, transparencia y planeaci\u00f3n. La Ley 30 de 1992 reconoce la autonom\u00eda universitaria, pero esa autonom\u00eda no puede confundirse con discrecionalidad absoluta. La autonom\u00eda encuentra su legitimidad en la capacidad institucional para tomar decisiones racionales, motivadas y orientadas al inter\u00e9s general de la educaci\u00f3n superior.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Por ello, antes de convocar un concurso de esta magnitud deber\u00edan existir diagn\u00f3sticos acad\u00e9micos s\u00f3lidos: estudios de necesidades docentes, an\u00e1lisis de las l\u00edneas de investigaci\u00f3n estrat\u00e9gicas, evaluaci\u00f3n de los procesos de acreditaci\u00f3n, consulta a departamentos, comit\u00e9s curriculares y consejos de facultad, as\u00ed como una visi\u00f3n compartida sobre el modelo de universidad que se aspira a consolidar.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La coyuntura nunca puede convertirse en el criterio rector de una decisi\u00f3n estructural. Los cambios de rector, de gobierno nacional o de autoridades universitarias son acontecimientos transitorios. En contraste, los profesores que ingresen mediante un concurso de carrera probablemente permanecer\u00e1n vinculados durante veinte o treinta a\u00f1os, formando generaciones de profesionales, orientando investigaciones y definiendo el rumbo intelectual de la instituci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Precisamente por esa raz\u00f3n, la Universidad del Atl\u00e1ntico debe preguntarse si los perfiles convocados representan realmente los desaf\u00edos cient\u00edficos, tecnol\u00f3gicos, human\u00edsticos y culturales del Caribe colombiano, o si responden principalmente a circunstancias administrativas de corto plazo. Esa pregunta no pretende deslegitimar el concurso; por el contrario, busca fortalecerlo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La calidad universitaria no depende \u00fanicamente de seleccionar a los mejores candidatos. Depende tambi\u00e9n de haber formulado correctamente las preguntas que dieron origen al concurso. Un excelente profesor elegido para un perfil mal concebido no resuelve el problema institucional; simplemente consolida una planificaci\u00f3n deficiente.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La Universidad del Atl\u00e1ntico ha construido, durante d\u00e9cadas, un patrimonio intelectual que la convierte en una de las instituciones p\u00fablicas m\u00e1s importantes del Caribe colombiano. Esa tradici\u00f3n exige que las decisiones sobre la planta profesoral sean fruto de un amplio consenso acad\u00e9mico, sustentado en evidencia, deliberaci\u00f3n y visi\u00f3n estrat\u00e9gica.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El verdadero m\u00e9rito no consiste \u00fanicamente en escoger a los mejores profesores. Consiste, antes que nada, en tener la sabidur\u00eda institucional para definir cu\u00e1les son los profesores que la universidad necesita para afrontar los desaf\u00edos del siglo XXI. All\u00ed comienza la aut\u00e9ntica excelencia universitaria.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La universidad no se improvisa: una reflexi\u00f3n filos\u00f3fica sobre el m\u00e9rito, la planeaci\u00f3n y el futuro institucional.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Toda gran universidad es, antes que una organizaci\u00f3n administrativa, una comunidad espiritual. Sus profesores no constituyen simplemente una n\u00f3mina de empleados p\u00fablicos; representan la memoria intelectual de una sociedad y la posibilidad de construir su futuro. Por ello, toda decisi\u00f3n relacionada con la conformaci\u00f3n de la planta profesoral posee una dimensi\u00f3n filos\u00f3fica que trasciende la simple gesti\u00f3n administrativa.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Wilhelm von Humboldt, arquitecto del modelo moderno de universidad, conceb\u00eda la instituci\u00f3n universitaria como el espacio donde la investigaci\u00f3n y la docencia forman una unidad inseparable. El profesor universitario no transmite \u00fanicamente conocimientos ya establecidos; participa activamente en la creaci\u00f3n del saber. Desde esa perspectiva, la selecci\u00f3n de los docentes no puede reducirse al cumplimiento de un procedimiento formal. Debe responder a un proyecto cient\u00edfico y cultural previamente pensado por la instituci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Jos\u00e9 Ortega y Gasset, en&nbsp;<\/strong><strong><em>Misi\u00f3n de la Universidad<\/em><\/strong><strong>, advirti\u00f3 que la universidad pierde su raz\u00f3n de ser cuando olvida preguntarse para qu\u00e9 existe. Su misi\u00f3n consiste en formar profesionales competentes, cultivar la ciencia y transmitir la cultura de su tiempo. Ninguna de estas tareas puede desarrollarse satisfactoriamente si la universidad define su planta profesoral \u00fanicamente en funci\u00f3n de urgencias administrativas o de coyunturas pasajeras. El verdadero criterio debe ser la misi\u00f3n institucional y la responsabilidad hist\u00f3rica con la sociedad.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Karl Jaspers profundiz\u00f3 a\u00fan m\u00e1s esta idea al sostener que la universidad es una comunidad de investigadores y estudiantes unidos por la b\u00fasqueda de la verdad. Esa b\u00fasqueda exige libertad, deliberaci\u00f3n y autonom\u00eda responsable. La autonom\u00eda universitaria no puede entenderse como la facultad de decidir arbitrariamente, sino como la obligaci\u00f3n de decidir mejor, con mayor racionalidad, m\u00e1s deliberaci\u00f3n y una visi\u00f3n de largo plazo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Estas reflexiones permiten comprender que el principio del m\u00e9rito posee una doble dimensi\u00f3n. La primera consiste en seleccionar a los mejores candidatos. La segunda, muchas veces olvidada, exige que la propia universidad act\u00fae con m\u00e9rito al dise\u00f1ar el concurso. Una instituci\u00f3n que no planea rigurosamente los perfiles que convoca termina debilitando el mismo principio que pretende proteger.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>En este contexto cobra sentido la met\u00e1fora del lecho de Procusto. Procusto obligaba a todos los viajeros a ajustarse a una medida previamente establecida, sin importar la riqueza de sus diferencias. Del mismo modo, un concurso cuyos perfiles no nacen de un estudio serio de las necesidades acad\u00e9micas corre el riesgo de imponer un molde r\u00edgido a la complejidad de la vida universitaria. La universidad deja entonces de pensar su futuro para limitarse a acomodar la realidad a decisiones previamente adoptadas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La verdadera excelencia universitaria exige el camino contrario. Son las necesidades del conocimiento, las demandas de la investigaci\u00f3n, los procesos de acreditaci\u00f3n, las transformaciones del Caribe colombiano y los retos de la sociedad contempor\u00e1nea los que deben orientar la definici\u00f3n de las plazas docentes. No se trata simplemente de llenar vacantes; se trata de construir el rostro intelectual que la universidad tendr\u00e1 durante las pr\u00f3ximas d\u00e9cadas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Por ello, un concurso de m\u00e9ritos no puede medirse \u00fanicamente por la transparencia de sus etapas o por la idoneidad de sus jurados. Debe evaluarse tambi\u00e9n por la calidad de la reflexi\u00f3n institucional que lo precedi\u00f3. La pregunta decisiva no es solamente qui\u00e9nes obtendr\u00e1n los mejores puntajes. La pregunta verdaderamente filos\u00f3fica es si la universidad ha pensado con suficiente profundidad qu\u00e9 profesores necesita para realizar su misi\u00f3n hist\u00f3rica.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Las administraciones universitarias son transitorias; la universidad permanece. Los rectores cambian, los gobiernos pasan, las coyunturas pol\u00edticas desaparecen. En cambio, los profesores que ingresan hoy a la carrera acad\u00e9mica formar\u00e1n estudiantes, dirigir\u00e1n investigaciones y producir\u00e1n conocimiento durante veinte o treinta a\u00f1os. En ellos se deposita una parte esencial del futuro de la instituci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Por eso, el mayor acto de responsabilidad universitaria consiste en comprender que el m\u00e9rito comienza mucho antes del concurso. Empieza cuando la universidad se atreve a pensar cr\u00edticamente sobre s\u00ed misma y a definir, con serenidad, participaci\u00f3n acad\u00e9mica y visi\u00f3n estrat\u00e9gica, el proyecto intelectual que desea legar a las generaciones futura,<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Barranquilla, 30 de junio de 2026<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Crist\u00f3bal Arteta Ripoll. Las universidades p\u00fablicas toman, en determinados momentos de su historia, decisiones que comprometen su destino durante varias d\u00e9cadas. La definici\u00f3n de una nueva planta profesoral constituye una de ellas. 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