Cristóbal Arteta Ripoll.
Se ha hecho costumbre, en los últimos meses, editar y publicar libros a través de la inteligencia artificial, haciéndolos pasar como propios. Nunca han escrito nada, absolutamente nada. Y de repente aparecen como autores intelectuales de esas obras.
Esos libros se hacen única y exclusivamente con el beneficio de obtener algunos beneficios económicos a través de plataformas como Amazon.
Es un tema muy interesante y complejo que toca puntos clave sobre la ética, la creatividad y el futuro del trabajo intelectual. Analicemos la situación desde diferentes ángulos.
Publicar un libro generado íntegramente por IA y hacerlo pasar como propio, con el único fin de obtener un beneficio económico rápido, es un acto que se sitúa en una zona ética muy cuestionable, y en muchos aspectos, claramente incorrecta. Es, una «costumbre» que banaliza el acto creativo. No es éticamente correcto ni admisible.
Analicemos los «porqués»:
1. Es un fraude al lector y un engaño:
· Falsa autoría: Cuando alguien compra un libro, generalmente lo hace porque confía en que hay un autor humano detrás, con una voz, unas ideas, una experiencia de vida y un estilo propio. El lector establece una conexión con ese autor. Al presentar un texto de IA como propio, se está rompiendo ese pacto de confianza de manera deliberada. Es como comprar un traje hecho a medida y que te entreguen uno genérico de talla única, pero cobrándote como si fuera el primero.
· Suplantación de la creatividad: La IA no crea desde la experiencia, la emoción o la reflexión profunda. La IA combina y regurgita patrones de los datos con los que fue entrenada. El resultado puede ser gramaticalmente correcto y hasta entretenido, pero carece de alma, de la chispa única que surge de la condición humana.
2. Devalúa el trabajo artístico y profesional del escritor:
· Falsa competencia: Existen miles de escritores, periodistas, académicos y poetas que dedican años a perfeccionar su oficio, que invierten meses o años en investigar, escribir, reescribir y pulir un manuscrito. Que alguien genere un «libro» en cuestión de horas con una IA y lo publique en las mismas plataformas, bajo los mismos estándares formales (ISBN, registro en cámaras del libro), es profundamente irrespetuoso con su esfuerzo y dedicación.
· Saturación de contenido basura: Plataformas como Amazon se están llenando de este tipo de libros de «baja calidad» o directamente sin valor, generados por IA. Esto dificulta que los lectores encuentren obras de calidad genuina y termina por desdibujar el valor del libro como objeto cultural.
3. La motivación es exclusivamente económica y oportunista:
· Afán de lucro sin aporte de valor: El objetivo no es compartir una historia, una idea o un conocimiento, sino únicamente «obtener algunos beneficios económicos». Se trata de una estrategia de spam, de aprovechar una herramienta tecnológica para «farmear» dinero de manera fácil, sin importar la calidad o veracidad del contenido. Es la versión moderna de los «libros de texto» creados automáticamente para vender en mercados ambulantes, pero con un barniz tecnológico.
La Diferencia Clave: Herramienta vs. Autor Fantasma
Es importante no demonizar la herramienta en sí misma. La IA puede ser una herramienta legítima y muy útil en el proceso creativo si se usa con transparencia y ética. Por ejemplo:
· Un escritor puede usarla para superar un bloqueo, generando ideas alternativas.
· Un investigador puede usarla para resumir artículos o buscar bibliografía.
· Un autor puede usarla para corregir estilo o gramática.
La diferencia fundamental está en la autoría intelectual y la transparencia. Si yo uso la IA para que me ayude a pulir un párrafo de mi novela, la novela sigue siendo mía. Pero si le pido a la IA: «Escríbeme una novela de romance de 200 páginas, con estos personajes y este conflicto», y luego la publico tal cual bajo mi nombre, el autor real es la IA, y yo soy un impostor.
En conclusión esa práctica es éticamente reprobable porque:
1. Es un engaño al consumidor.
2. Es una estafa a la comunidad de escritores.
3. Es una explotación oportunista de la tecnología que vacía de contenido cultural el acto de publicar un libro.
No es «publicar un libro» en el sentido profundo de la palabra; es generar un producto con apariencia de libro. La diferencia entre un libro y un producto con apariencia de libro es la misma que entre una comida casera hecha con cariño y un alimento ultraprocesado: ambos llenan el estómago, pero solo uno alimenta el alma.
Las universidades tienen que establecer novedades éticas rigurosas en sus estatutos, para evitar que esas prácticas malsanas pululen por doquier corrompiendo la producción científica, cultural, literaria y artística. Y de paso, y es lo más grave, acaben por dar un pésimo ejemplo ético a quienes debemos formar como buenos ciudadanos y profesionales honestos.
Barranquilla, 20 de marzo de 2026.
Yo opino que el comentario del profesor Cristóbal Arteta Ripoll va al corazón de un problema real cuando se usa la IA para producir libros y luego se venden como si fueran “propios”, no solo hay un tema técnico, sino una falta de honestidad. Para mí, lo más grave es que se rompe la confianza del lector, porque compra una obra esperando una autoría humana, una intención y una responsabilidad intelectual detrás.
También estoy de acuerdo en que esta práctica afecta a los creadores que sí trabajan con tiempo, criterio y esfuerzo, porque el mercado se llena de textos que parecen libros pero no necesariamente aportan ideas, investigación o valor cultural. Y aunque la IA puede ser útil como herramienta (para corregir, organizar o generar ideas), lo éticamente cuestionable es usarla para evitar el proceso y aun así presentarlo como mérito propio.
No discuto la tecnología; cuestiono el uso oportunista y la “autoría fantasma” como estrategia de dinero rápido. El punto que me deja este comentario es claro: crear implica responsabilidad, y cuando se publica ocultando el origen del texto, lo que se vende no es solo un libro, sino una identidad que no existe.
En mi opinión, el texto de Cristóbal Arteta Ripoll es muy acertado porque pone en evidencia una realidad preocupante: el uso irresponsable de la inteligencia artificial para aparentar un mérito que no existe. Me parece especialmente importante su defensa de la honestidad intelectual, ya que como lector uno espera autenticidad y no un producto vacío hecho solo por dinero.
Sin embargo, también siento que es importante, como el profesor cristobal menciona, no tener una postura demasiado rigida sobre el uso de la IA, porque la tecnología siempre ha cambiado la forma en que creamos. Más que rechazar estas prácticas de manera tajante, creo que el verdadero reto está en aprender a usar la IA con ética y transparencia, sin perder el valor de la creatividad humana.
En general, el texto me deja la sensación de que debemos decidir como nosotros mismos como lectoreslectores qué tipo de cultura queremos construir: una basada en la facilidad y el engaño, o una en la que aún se valore el esfuerzo y la originalidad.
Desde la visión del autor Cristóbal Arteta Ripoll, la banalización del acto creativo a través del uso indebido de la inteligencia artificial no solo afecta al mundo literario, sino que evidencia una crisis ética en la forma en que hoy se entiende el conocimiento. Para él, crear implica un ejercicio de responsabilidad, reflexión y compromiso con la verdad; por eso, sustituir ese proceso por una producción automática con fines de lucro rompe el sentido formativo de la escritura.
En lugar de fortalecer la capacidad crítica, estas prácticas fomentan una cultura del atajo, donde lo importante no es pensar sino producir rápidamente. Esto contradice la idea de que el conocimiento debe transformar al sujeto y a la sociedad, no simplemente generar beneficios económicos.
La automatización del engaño en la era digital plantea un dilema ético que no podemos ignorar. Lo que aquí se expone es la diferencia fundamental entre usar la tecnología como un soporte creativo y utilizarla como una máscara de autoría.
Publicar contenido sintético bajo una firma humana no es «evolución», es una ruptura del contrato de confianza con el lector. Un libro no es solo un conjunto de datos ordenados, sino el testimonio de una experiencia vivida; cuando eliminamos el factor humano, convertimos la cultura en un producto ultraprocesado que, aunque tiene forma de obra, carece de la «chispa» intelectual que solo surge de la reflexión propia.
Es un llamado necesario a la honestidad, especialmente en el ámbito académico, para evitar que la facilidad técnica termine por devorar la integridad del pensamiento original.
Plantea un gran problema que está creciendo cada día más con la tecnología. Pienso que apropiarse de obras generadas puramente de IA rompe esos límites de uso, de honestidad con uno mismo creyéndose que de verdad ha escrito un libro propio sabiendo que a otros si les toma el trabajo y la dedicación de hacerlo. La IA no es para rechazarla sino saber cómo utilizarla y saber cuáles son los límites de ella. Porque la IA no debe eliminar nuestra creatividad, al contrario debe impulsarnos más cuando algo nos está costando, porque usarla para eso, nos enriquece ya que es un apoyo para nosotros pero depende de nosotros si queremos ya ser unos seres que no piensan y que quieren que todo lo haga una máquina para poder al final decir que fue propio y sentirnos “orgullosos” de aquello o si queremos ser honestos y usar correctamente la IA y aplicar nuestro propio empeño en las cosas. Por eso, debemos ser conscientes, la IA no es una enemiga, quien si, es nuestra propia mente haciéndonos ir más allá de los límites de la IA y creyendo que todo podemos ahora lograrlo con ella. Más si somos más conscientes, sabemos que es un apoyo, y que estableciendo límites éticos podemos aprovechar el potencial adecuadamente sin caer en prácticas engañosas que afecten a nosotros mismo (siendo lectores o a otras personas que leen) como a los verdaderos creadores.
El texto de mi profesor, Cristóbal Arteta Ripoll presenta una crítica válida y bien fundamentada sobre el uso indebido de la inteligencia artificial en la creación de libros. Es acertado al señalar que publicar obras generadas por IA como propias constituye un engaño al lector, ya que rompe la confianza y oculta la verdadera autoría. Además, defiende el valor del proceso creativo humano, destacando que la escritura implica experiencia, reflexión y autenticidad, aspectos que la IA no puede reemplazar.
También es importante su crítica a la “falsa competencia”, pues esta práctica afecta a quienes dedican tiempo y esfuerzo a escribir de manera legítima. Finalmente, el autor mantiene una postura equilibrada al reconocer que la IA puede ser una herramienta útil si se usa con ética. En conjunto, su argumento es claro, pertinente y necesario en el contexto actual.
Universidad Libre
Curso: Derecho 1B
La inteligencia artificial para el ser humano moderno es de gran utilidad en cualquier tarea o proceso del día a día. El análisis plateado del maestro Cristóbal Arteta es acertado pues en primer lugar, de lo escrito por la IA carece de alma o del toque de la experiencia humana real y la IA al tener patrones, códigos y algoritmos no podrá crear obras maestras como las del ser humano.
El surgimiento de esta expresión artística artificial literaria nace precisamente de la idea de lucrar y en una sociedad consumista y sedienta de dinero, la opción se presenta como un camino fácil y legal dejando a un lado el esfuerzo humano y el proceso de las ideas para crear. Desde el surgimiento de internet hasta la actualidad con la IA, el hombre común a utilizado estas herramientas de forma masiva de manera banal es así que aquel contenido que produzca morbo o sea fácil de consumir será por naturaleza el más visto. Lo anterior, esta directamente relacionado con la baja calidad de la literatura producida por la IA y además que la sociedad lee muchísimo menos que antes con esto las lecturas poco complejas se vuelven perfectas.
La realidad moderna me lleva a pensar que la ética y la moral salen por la ventana cuando hay un beneficio económico que se puede adquirir de manera fácil y legal, vivimos en una sociedad que aunque formalmente no es salvaje lo moderno nos llevo a una vida más cómoda pero así también compleja con falta de ética y valores, esto nos degrada como humanidad y nos retrocede en el progreso social.
Es reprochable esta practica puesto que es antiética y margina la moral de aquel que realiza el acto, no es justo para los escritores dedicados de lleno a la profesión. Como seres humanos y animales que abandonamos nuestra naturaleza biológica por la racional debemos de actuar en virtud de la creación de arte autentico, no simbólico, autentico. Reconocer que las herramientas tecnológicas nos ofrecen un gran apoyo pero no podemos abandonar nuestro criterio, razonamiento y pensamiento por la facilidad. Así pues ¿Qué seria el hombre sin estas herramientas? Solo nos queda nuestra arma biológica el cerebro que nos a llevado a una evolución beneficiosa.
El artículo me pareció interesante porque muestra cómo hoy en día muchas veces se confunde la creatividad con simplemente hacer cosas llamativas o diferentes. Yo pienso que no todo lo que parece creativo realmente lo es, porque la creatividad también implica pensar, tener una intención y un sentido. Siento que el texto hace una crítica válida, ya que muchas veces se le da más importancia a lo rápido o visual que a lo que realmente tiene valor.
El texto plantea una preocupación muy válida sobre la ética en el uso de la inteligencia artificial. Estoy de acuerdo en que presentar un contenido generado totalmente por IA como si fuera creación propia rompe la confianza entre el autor y el lector. Sin embargo, también considero que la IA no debería verse únicamente como una amenaza, sino como una herramienta que puede apoyar el proceso creativo si se usa con transparencia. El verdadero problema no es la tecnología, sino el uso irresponsable que algunas personas hacen de ella