José Carlos Mariátegui y la legitimidad de un marxismo situado: un diálogo crítico con la filosofía latinoamericana. 

Cristóbal Arteta Ripoll.

Resumen

El presente artículo analiza críticamente la obra En defensa del marxismo (1928) de José Carlos Mariátegui, considerándola como una de las formulaciones más originales del pensamiento crítico latinoamericano del siglo XX. Se sostiene que el marxismo mariateguiano constituye un esfuerzo de descolonización epistemológica, al rechazar la aplicación mecánica de categorías europeas y reivindicar la historicidad concreta de las sociedades latinoamericanas. 

A partir de un diálogo con las reflexiones de Cristóbal Arteta Ripoll, especialmente en Legitimidad de la filosofía latinoamericanaPolémicas sobre la filosofía latinoamericana y Dussel y la razón latinoamericana, se argumenta que Mariátegui anticipa buena parte de los debates contemporáneos sobre la autonomía del pensamiento latinoamericano, la crítica al eurocentrismo y la necesidad de construir una racionalidad situada. 

El artículo concluye que la actualidad de Mariátegui reside en haber convertido el marxismo en una filosofía de la realidad latinoamericana y en un instrumento de emancipación cultural y política.

Palabras clave: José Carlos Mariátegui, marxismo latinoamericano, filosofía latinoamericana, descolonización epistemológica, Cristóbal Arteta Ripoll.

Introducción

La filosofía latinoamericana del siglo XX se constituyó en gran medida como un esfuerzo de emancipación intelectual frente a las diversas formas de dependencia teórica impuestas por la modernidad eurocéntrica. En este horizonte, la obra de José Carlos Mariátegui ocupa un lugar singular. 

Aunque habitualmente es estudiado como un pensador marxista o un teórico de la revolución peruana, su importancia trasciende el ámbito estrictamente político para situarse en el terreno de la filosofía de la cultura y de la producción de conocimiento.

La publicación de En defensa del marxismo en 1928 constituye un momento decisivo en la historia intelectual latinoamericana. Allí Mariátegui se distancia de las interpretaciones positivistas y economicistas del marxismo y propone una lectura creadora, histórica y profundamente enraizada en la realidad latinoamericana.

Desde la perspectiva de Cristóbal Arteta Ripoll, la cuestión central de la filosofía latinoamericana consiste en la construcción de una racionalidad autónoma capaz de pensar la experiencia histórica del continente desde sus propias circunstancias. Como sostiene Arteta:

«La filosofía latinoamericana adquiere legitimidad cuando convierte la experiencia histórica de nuestros pueblos en objeto de reflexión y cuando produce categorías propias para interpretar la realidad de América Latina» (Arteta Ripoll, Legitimidad de la filosofía latinoamericana).

La hipótesis de este trabajo sostiene que el marxismo de Mariátegui constituye precisamente una de las primeras expresiones sistemáticas de esa legitimidad filosófica.

Metodología

El presente estudio adopta una metodología hermenéutico-crítica y comparativa. En primer lugar, se realiza un análisis textual de En defensa del marxismo, identificando las categorías fundamentales del pensamiento mariateguiano. En segundo lugar, se establece un diálogo filosófico con las obras de Cristóbal Arteta Ripoll, particularmente aquellas dedicadas a la legitimidad de la filosofía latinoamericana y a la crítica del eurocentrismo.

La perspectiva metodológica se inscribe en la tradición de la historia de las ideas latinoamericanas y en los enfoques contemporáneos de la descolonización epistemológica.

I. Mariátegui y la crítica al marxismo dogmático

Una de las contribuciones más importantes de En defensa del marxismo consiste en la recuperación del carácter dialéctico y creador del pensamiento de Marx. Mariátegui observa que gran parte del marxismo europeo había terminado reduciendo la teoría revolucionaria a un conjunto de leyes históricas supuestamente universales.

Por ello afirma:

«El marxismo, donde se ha mostrado revolucionario —vale decir, donde ha sido marxismo— no ha obedecido nunca a un determinismo pasivo y rígido» (Mariátegui, 1928).

Esta afirmación constituye una crítica radical al positivismo de la Segunda Internacional y a las interpretaciones mecanicistas de la historia. Para Mariátegui, la praxis revolucionaria no puede reducirse a un automatismo económico.

Su tesis más conocida sintetiza esta posición:

«No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica.»

Esta expresión representa una verdadera declaración de independencia intelectual. El marxismo deja de ser una doctrina importada y se convierte en una filosofía de la realidad latinoamericana.

En términos de Arteta Ripoll, podría afirmarse que Mariátegui inaugura un proceso de soberanía epistemológica:

«La dependencia teórica se expresa en la aceptación acrítica de categorías elaboradas para explicar otras experiencias históricas y convertidas arbitrariamente en paradigmas universales» (Arteta Ripoll, Polémicas sobre la filosofía latinoamericana).

La crítica de Mariátegui al marxismo ortodoxo coincide con la crítica de Arteta al colonialismo intelectual. Ambos autores denuncian la subordinación epistemológica y reivindican la necesidad de pensar desde la experiencia histórica de América Latina.

II. El problema indígena y la historicidad del conocimiento

Otro de los aspectos centrales de En defensa del marxismo es la incorporación de la cuestión indígena como categoría fundamental de interpretación histórica.

Para Mariátegui:

«El problema del indio es el problema de la tierra.»

Esta afirmación posee un significado filosófico extraordinario. La condición indígena no es explicada mediante categorías raciales o culturales abstractas, sino a partir de las relaciones históricas de dominación económica y política.

En este punto, Mariátegui introduce una innovación teórica decisiva. El sujeto de la transformación social en América Latina no coincide necesariamente con el proletariado industrial europeo. La historia latinoamericana exige reconocer la centralidad de las comunidades indígenas y campesinas.

La propuesta mariateguiana constituye una crítica temprana al universalismo abstracto de la modernidad.

En palabras de Arteta Ripoll:

«La racionalidad latinoamericana exige partir de la historicidad concreta de nuestros pueblos y de las formas específicas que ha asumido la dominación colonial y neocolonial» (Arteta Ripoll, Dussel y la razón latinoamericana).

La coincidencia entre ambos autores resulta evidente. La filosofía no puede operar desde categorías abstractas y ahistóricas; debe partir de la experiencia concreta de las sociedades latinoamericanas.

III. Mito, voluntad y revolución: la dimensión cultural de la emancipación

Una de las tesis más originales de Mariátegui consiste en reconocer el papel del mito en la acción política.

Escribe:

«La fuerza de los revolucionarios no está en su ciencia; está en su fe, en su pasión, en su voluntad.»

La afirmación supone un cuestionamiento profundo del racionalismo positivista. La transformación social no depende exclusivamente del conocimiento científico. También intervienen factores simbólicos, culturales y espirituales.

La revolución aparece así como una creación histórica y cultural.

En este aspecto, Mariátegui se distancia del economicismo y se aproxima a una comprensión más amplia de la praxis humana.

Arteta Ripoll ha insistido igualmente en la necesidad de superar las formas reduccionistas de la razón moderna:

«La razón latinoamericana no puede limitarse al cálculo instrumental; debe incorporar la memoria histórica, la experiencia cultural y las formas de sensibilidad construidas por nuestros pueblos.»

Desde esta perspectiva, el mito revolucionario de Mariátegui puede entenderse como una forma de racionalidad histórica situada. Lejos de representar irracionalismo, constituye una crítica a las pretensiones totalizantes de la racionalidad instrumental moderna.

IV. En defensa del marxismo como filosofía de la liberación latinoamericana

Aunque la expresión «filosofía de la liberación» surgirá varias décadas después, muchos de sus presupuestos aparecen ya en Mariátegui.

En En defensa del marxismo la filosofía deja de ser una contemplación abstracta para convertirse en crítica de la dominación y proyecto de emancipación.

La originalidad de Mariátegui reside en haber comprendido que la teoría revolucionaria sólo adquiere sentido cuando se inserta en las circunstancias históricas concretas de los pueblos.

Por ello escribe:

«La historia no es un cálculo matemático. Es una creación continua.»

Esta afirmación posee profundas implicaciones epistemológicas. El conocimiento es histórico; las categorías de análisis son históricas; incluso las teorías emancipatorias deben ser permanentemente reconstruidas.

Precisamente esta historicidad constituye uno de los criterios fundamentales de legitimidad filosófica en la reflexión de Arteta:

«La filosofía latinoamericana encuentra su legitimidad en la capacidad de producir interpretaciones propias de nuestra experiencia histórica y en su disposición permanente para reconstruirse desde las exigencias de la realidad» (Arteta Ripoll, Legitimidad de la filosofía latinoamericana).

En consecuencia, el marxismo mariateguiano puede ser entendido como una de las primeras expresiones sistemáticas de la filosofía latinoamericana de la liberación.

V. Mariátegui y la vigencia de la descolonización del saber en América Latina

La actualidad de Mariátegui resulta extraordinaria. En un contexto caracterizado por nuevas formas de dependencia económica, cultural y cognitiva, sus reflexiones adquieren una renovada pertinencia.

Su crítica al universalismo abstracto, su defensa de la creación teórica propia y su reivindicación de la historicidad concreta de América Latina anticipan muchos de los debates contemporáneos sobre colonialidad del saber y soberanía epistemológica.

En diálogo con Arteta Ripoll, puede afirmarse que la principal herencia de Mariátegui consiste en haber mostrado que la emancipación política exige simultáneamente una emancipación intelectual.

No existe liberación sin autonomía teórica.

No existe transformación histórica sin producción de categorías propias.

No existe filosofía latinoamericana auténtica mientras la realidad del continente continúe siendo pensada exclusivamente desde paradigmas externos.

La lección de Mariátegui permanece vigente porque continúa interpelando a América Latina a ejercer el derecho de pensar desde sí misma.

Conclusiones

En defensa del marxismo constituye mucho más que un texto de teoría política. Se trata de una obra fundacional del pensamiento crítico latinoamericano y de un antecedente decisivo de la descolonización epistemológica.

Mariátegui rechazó la reproducción mecánica de doctrinas europeas y propuso un marxismo históricamente situado, abierto a la creatividad política y profundamente comprometido con la realidad de los pueblos latinoamericanos.

El diálogo con Cristóbal Arteta Ripoll permite comprender la actualidad filosófica de esta propuesta. Ambos autores convergen en la crítica al eurocentrismo, en la reivindicación de la historicidad de la razón y en la necesidad de construir una racionalidad latinoamericana autónoma.

La vigencia de Mariátegui radica, finalmente, en haber comprendido que la revolución comienza también en el terreno del conocimiento y que la emancipación de los pueblos exige, simultáneamente, la emancipación de sus formas de pensar.

Referencias bibliográficas

Arteta Ripoll, Cristóbal. Legitimidad de la filosofía latinoamericana. Barranquilla: Ediciones Universidad del Atlántico.

Arteta Ripoll, Cristóbal. Polémicas sobre la filosofía latinoamericana. Barranquilla: Ediciones Universidad del Atlántico.

Arteta Ripoll, Cristóbal. Dussel y la razón latinoamericana. Barranquilla: Ediciones Universidad del Atlántico.

Mariátegui, José Carlos. En defensa del marxismo. Lima: Biblioteca Amauta, 1928.

Mariátegui, José Carlos. Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Lima: Biblioteca Amauta, 1928.

José Carlos Mariátegui y Cristóbal Arteta Ripoll representan, desde horizontes históricos distintos, dos momentos de un mismo proyecto intelectual: la afirmación de la capacidad de América Latina para producir pensamiento propio y para convertir la filosofía en una práctica de liberación histórica y epistemológica.

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