Leopoldo Zea y La filosofía de América como una filosofía sin más: universalidad y liberación en su pensamiento.

Cristóbal Arteta Ripoll 

Introducción

La obra de Zea, La filosofía americana como filosofía sin más, constituye uno de los esfuerzos más sólidos de la filosofía latinoamericana por superar el complejo de inferioridad intelectual heredado de la colonización y reivindicar la capacidad de América Latina para producir pensamiento filosófico universal. Publicada originalmente en 1969 y reeditada en varias ocasiones por Siglo XXI Editores, la obra se inscribe en el debate sobre la autenticidad y la originalidad del pensamiento latinoamericano.  

Zea rechaza la idea según la cual la filosofía europea representa el modelo exclusivo de racionalidad y sostiene que el filosofar latinoamericano no necesita justificarse por su origen geográfico. Su tesis central es sencilla, pero profundamente revolucionaria: la filosofía producida en América es filosofía «sin más», es decir, filosofía en el mismo sentido en que lo son la filosofía griega, alemana o francesa.

El problema de la autenticidad filosófica

La pregunta por la existencia de una filosofía latinoamericana había sido formulada desde el siglo XIX y alcanzó su máxima expresión en la discusión con el filósofo peruano Augusto Salazar Bondy. Frente a quienes consideraban que América Latina producía únicamente imitaciones de sistemas europeos, Zea sostiene que toda filosofía surge de circunstancias históricas concretas.

En uno de los pasajes más citados de la obra afirma:

«Nuestro filosofar en América empieza así con una polémica sobre la esencia de lo humano y la relación que pudiera tener esta esencia con los raros habitantes del continente descubierto, conquistado y colonizado» (Zea, 1989, p. 12).  

Esta afirmación tiene profundas implicaciones epistemológicas. La filosofía latinoamericana nace, según Zea, de la experiencia de la conquista, de la colonización y de la negación de la humanidad de los pueblos americanos. En consecuencia, su punto de partida no es abstracto, sino histórico y existencial.

La originalidad del pensamiento americano no consiste en inventar categorías completamente nuevas ni en rechazar toda influencia europea. Su autenticidad surge de la capacidad de pensar críticamente la realidad histórica propia.

La filosofía como conciencia histórica

Uno de los aportes fundamentales de Zea es su comprensión historicista de la filosofía. Influido por José Gaos y por la tradición de la filosofía de la historia, entiende que el pensamiento filosófico es siempre una respuesta a circunstancias concretas.

Por ello afirma que América debe convertirse en objeto de su propia reflexión:

«América se descubre a sí misma como objeto filosófico. Se descubre en la realidad concreta de su historia y de su cultura» (Zea, 1989, p. 62).  

La conciencia histórica constituye, entonces, la condición de posibilidad de una filosofía auténtica. Filosofar significa comprender las circunstancias que producen la dependencia, la marginación y el subdesarrollo, pero también descubrir las posibilidades de su superación.

En este sentido, la filosofía deja de ser mera especulación metafísica y se convierte en un instrumento de esclarecimiento histórico y de liberación humana.

La crítica al eurocentrismo

Quizá el aspecto más innovador de la obra reside en su crítica al eurocentrismo filosófico. Zea cuestiona la pretensión de Europa de erigirse en medida universal de la racionalidad.

La filosofía occidental había establecido una jerarquía implícita entre los pueblos productores de filosofía y aquellos considerados incapaces de producir pensamiento original. América Latina fue situada históricamente en esta segunda categoría.

Frente a esta exclusión, Zea sostiene que la universalidad no consiste en la imposición de un modelo cultural particular. Lo universal surge precisamente de la pluralidad de experiencias humanas.

La crítica de Leopoldo Zea al eurocentrismo no consiste en negar el valor de la tradición filosófica europea, sino en cuestionar su pretensión de constituirse en el único horizonte legítimo de racionalidad. En este sentido, la filosofía latinoamericana debe asumir una actitud crítica frente a los saberes hegemónicos que han invisibilizado la experiencia histórica de nuestros pueblos. Como sostengo en mi libro: Hermenéutica, Pedagogía y Praxeologia:

“se requiere una filosofía «radicalmente crítica de los saberes y de las acciones sociales, con grandes potencialidades para pensar la situación de atraso, pauperización y degradación de los derechos humanos de los países de nuestra América» (Arteta Ripoll, 2017, p. 139). 

Desde esta perspectiva, la tesis de Zea según la cual la filosofía de América es «filosofía sin más» constituye, al mismo tiempo, una reivindicación de la universalidad del pensamiento y una crítica profunda a toda forma de colonialismo epistemológico.  

Por ello insiste en que la filosofía americana no necesita adjetivos. No es una filosofía menor, periférica o subordinada. Es filosofía «sin más», porque aborda problemas humanos fundamentales desde una situación histórica específica.

Su planteamiento anticipa, de alguna manera, las críticas contemporáneas al colonialismo epistemológico y a la hegemonía de las formas occidentales de producción del conocimiento.

Filosofía y liberación

Otro aspecto decisivo de la obra es su dimensión ética y política. La filosofía aparece vinculada al proceso de emancipación de los pueblos latinoamericanos.

Zea sostiene que el pensamiento filosófico debe contribuir a la superación de las condiciones de dependencia y alienación. Filosofar no es una actividad contemplativa desligada de la realidad social. Es una práctica intelectual comprometida con la transformación histórica.

En este sentido, su propuesta prefigura varios elementos que posteriormente desarrollará la Filosofía de la liberación, especialmente en autores como Dussel y Roig.

La filosofía latinoamericana deja de preguntarse únicamente si existe y comienza a preguntarse para quién piensa, desde dónde piensa y con qué propósito histórico piensa.

Podría complementar esta idea con una referencia a mi libro Polémica sobre la filosofía latinoamericana, donde resumo el núcleo del debate:

«Todos los críticos… han partido del viejo y trillado criterio de que la filosofía no se puede latinoamericanizar, pues su esencia es el carácter universal que le es propio» (Arteta Ripoll, 2020).  

Esta última referencia dialoga de manera particularmente fecunda con Zea, porque muestra que el problema de la filosofía latinoamericana no ha sido su falta de universalidad, sino la tendencia eurocéntrica a monopolizar la definición misma de lo universal.

Una valoración crítica

La mayor virtud de La filosofía americana como filosofía sin más consiste en haber desmontado el prejuicio según el cual la producción intelectual latinoamericana debía ser medida permanentemente con parámetros europeos.

Sin embargo, algunos críticos han señalado que Zea todavía conserva ciertas categorías heredadas del historicismo occidental y que su apelación a la identidad latinoamericana corre el riesgo de homogeneizar la enorme diversidad cultural del continente. Diversos estudios posteriores han insistido en la necesidad de incorporar con mayor fuerza las voces indígenas, afrodescendientes y populares en la construcción de una filosofía verdaderamente latinoamericana.  

Pese a estas limitaciones, la obra conserva una extraordinaria actualidad. En un mundo todavía marcado por desigualdades epistémicas y por la concentración de la producción del conocimiento en determinados centros de poder, la propuesta de Zea continúa siendo una invitación a pensar desde nuestras propias circunstancias históricas sin renunciar a la universalidad.

Conclusión

La filosofía americana como filosofía sin más es, ante todo, un manifiesto de emancipación intelectual. Leopoldo Zea demuestra que la filosofía no pertenece a ninguna geografía privilegiada ni a ninguna tradición cultural exclusiva. Toda comunidad humana que reflexiona críticamente sobre su realidad histórica produce filosofía en sentido pleno.

La obra reivindica el derecho de América Latina a pensarse a sí misma, a interpretar su experiencia histórica y a participar en la construcción del horizonte universal del pensamiento humano. Su tesis sigue siendo profundamente vigente: la filosofía hecha en América no necesita pedir permiso para existir; simplemente es filosofía, sin más.

Referencias bibliográficas

Arteta Ripoll, C. E. (2017). Hermenéutica, pedagogía y praxeología. Barranquilla: Universidad Libre Seccional Barranquilla.  

Arteta Ripoll, C. E. (2020). Polémica sobre la filosofía latinoamericana. Barranquilla: Universidad Libre.  

Zea, L. (1989). La filosofía americana como filosofía sin más. México: Siglo XXI Editores.

Zea, Leopoldo. (1984). Filosofía de lo americano. México: Editorial Nueva Imagen.  

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