LA VIDA NO ES UN BOTÍN DE LA POLITIQUERÍA.

Cristóbal Elpidio Arteta Ripoll.

Nota inicial: Este escrito lo realicé en el mes de diciembre de 2025, mientras recibía tratamiento en una clínica de la ciudad. En ese momento, por sugerencia de un familiar, no lo publiqué. Hoy, por lo que representa para salud de la comunidad, lo hago público. Y éste será el primero de una serie de reflexiones sobre un tema tan importante para la vida, la protección y su reproducción.

Espero que la nueva administración tome atenta nota sobre el particular.

Página universitaria:

Haced lo que de verdad os importa… solo así podréis bendecir la vida cuando la muerte esté cerca». Elisabeth Kübler-Ross (1926–2004)

Hoy no escribo solo desde la cátedra, sino desde la fragilidad de mi lecho de enfermo y la contundencia de una grave enfermedad.  Lo hago con el rigor intelectual, la dignidad académica y el compromiso social que a lo largo de mi carrera me han caracterizado. 

Pero, sobre todo, escribo desde la indignación que produce ver cómo la desidia administrativa y el clientelismo en la Universidad del Atlántico se han convertido en obstáculos más letales que la propia enfermedad.

Es imperativo que la comunidad universitaria y la sociedad entiendan que mi situación, y la de tantos otros docentes y trabajadores, no es un accidente del destino, sino el resultado de una violencia institucional sistémica. Veamos:

1- La ilegalidad como norma: la Universidad del Atlántico atraviesa una crisis de legitimidad sin precedentes. Un rector, Rafael Castillo Pacheco, nombrado por fuera de los causes que la ley y el Consejo Superior ordenan no es solo un error jurídico, es un asalto a la autonomía universitaria. Cuando la cabeza de la institución nace de la ilegalidad lo más probable es que el cuerpo administrativo se corrompa  y pierda su norte: el bienestar de su gente.  Por fortuna, eso aún no ha ocurrido con muchos de nuestros funcionarios. Tenemos mucha gente honesta y capaz detrás de los escritorios de la UA. No puedo hablar mal de quienes están trabajando en la Unidad, por el contrario, he recibido de ellos la atención debida. El esmero por cumplir se nota, pero las malditas trabas burocráticas, a manera de una catapila de pedal, impiden que los procesos fluyan como debe ser. 

 El hecho de tener un Rector, cuya designación se cuestiona legalmente representa la ruptura del Contrato Social dentro de la Universidad del Atlántico. Diría que cuando la norma jurídica se subordina al capricho ministerial o al interés de grupo, la institución entra en un estado de «anomia» (falta de ley), donde el individuo queda desprotegido.

2. La banalidad de la gestión: se nos dice “que los medicamentos son costosos”. Yo respondo. ¿Cuál es el precio de la dignidad humana en los libros contables?. 

La excusa de que los medicamentos son «muy costosos», es trivial en un Estado Social de Derecho, porque la vida es un fin en sí misma, no un medio para el equilibrio financiero.

Es inaceptable que la Unidad de Salud sea un barco a la deriva sin director (en ese momento), sacrificado en el altar de la politiquería y el reparto de cuotas.  La ausencia de dirección no es un vacío administrativo, en casos urgentes y de vida o muerte, es una omisión criminal. . Es una contradicción ética que la «Unidad de Salud» sea un ente sin cabeza (sin director) mientras los pacientes enfrentan diagnósticos críticos.

3. El derecho a la vida no se negocia: la filosofía me ha enseñado que el Estado y sus instituciones solo tienen razón de ser si protegen la vida. Cuando la burocracia y el clientelismo impiden el acceso oportuno a un tratamiento oportuno, la institución deja de ser un centro de saber para convertirse en una estructura de abandono. 

No es solo la falta de medicamentos, sino la falla estructural de la Universidad del Atlántico. No es un error de lógica, es una vulneración al núcleo esencial del derecho a la vida. La falta de medicamentos costosos y su oportuna entrega es una visión utilitarista de la política: para el sistema clientelista, un docente o trabajador enfermo es un «costo», no un ser humano con dignidad.

Es el síntoma de una «sociedad enferma de poder». Diría que mientras la administración universitaria sea un botín de guerra y no un servicio civil, la ciencia y la filosofía seguirán de luto. La recuperación de la salud (individual y del sistema) pasa necesariamente por recuperar la decencia en lo público.

«La filosofía no es solo para reflexionar y escribir libros, es para defender la vida cuando el poder intenta asfixiarla».

En la la Universidad como micro mundo del Estado, lo que ocurre no es un hecho aislado, sino una metástasis de la corrupción estatal. Mucho prometió Petro contra la corrupción, pero no hizo lo necesario. Se va sin lograr la autonomía universitaria y una universidad sin autonomía es una universidad que no puede proteger a su comunidad, pues sus recursos (incluida la salud) terminan en manos de intereses externos.

A pesar del esfuerzo y colaboración de los funcionarios de la Unidad y del dolor físico y la incertidumbre que hoy me acecha, teniendo en cuenta que el tratamiento es largo y costoso, subrayo que mi dignidad como docente no reside en el tratamiento que recibo, sino en la capacidad de mantener la voz crítica, porque mi caso es el reflejo de miles de colombianos. La vida es “un valor absoluto» que no puede estar sujeto a presupuestos agotados o a la ausencia de directivos. Como bien lo he reafirmado en mis escritos sobre la filosofía de la liberación, la vida es la única realidad radical que amerita valoración suprema, reafirmación y reproducción. 

Y este escrito no es el producto de un capricho, lo hago al amparo de los siguientes argumentos jurídicos y derechos fundamentales vulnerados: el derecho a la vida y a la integridad física (art.11 Cp.), del cual se podría inferir, que la demora en el tratamiento equivale a una condena de muerte evitable; el derecho a la salud; (art. 49 Cp.), entendido como un derecho autónomo y fundamental, especialmente para sujetos de especial protección (enfermedades catastróficas); y por último, la dignidad humana, implícita en toda nuestra legislación política. No se trata solo de sobrevivir, sino de vivir sin sufrimientos evitables ocasionados por la burocracia. 

La política no es solo el ejercicio del poder, sino la gestión de la vida. No podemos seguir permitiendo que la politiquería y el clientelismo sigan transformado el derecho a la salud en una mercancía o, peor aún, en una ficha de cambio.

Una administración de espaldas a la realidad e indiferente a la sentencia T-760 del 2008, por medio de la cual la Corte Constitucional “reconoció la salud como derecho fundamental y estableció órdenes a varios organismos del Estado para garantizar su goce efectivo y hacer cumplir la cobertura universal y el acceso efectivo”. Una administración que no prioriza el siguiente criterio ético: la salud no puede ser suspendida por crisis administrativa o disputas por el poder. La falta de un director en la unidad de salud constituye una Vía de hecho administrativa gravísima, donde el interés particular de las cuotas políticas prima sobre el interés de la vida del docente y el trabajador.

Hago un llamado a las direcciones sindicales y a la comunidad en general para debatir en un foro universitario esta dolorosa situación que implica conectar el sufrimiento individual con la crisis de las estructuras colectivas. El llamado es extensivo a la Procuraduría General de la Nación y a la Superintendencia de Salud para que intervengan de inmediato. La Universidad del Atlántico no puede seguir siendo el botín de quienes desprecian la ley y la vida.

Colegas, trabajadores y estudiantes: mi lucha hoy no es solo por una medicina, sino por la recuperación ética de nuestra Alma Mater. La muerte de la ética es el preámbulo de la muerte de los hombres.

No permitamos que la indiferencia sea el epitafio de nuestra universidad.

Clinica La asunción, 20 de diciembre de 2025.

Nota final: Por fortuna, el rector-interventor salió, a pesar de resistirse a dejar el cargo después de un fallo judicial. Le pedí una cita para hablarle de los problemas de la salud y la atención Clinica. Me citó y no cumplió.

Llegó nuevamente Leyton. Esperamos mucho del nuevo rector para resolver la crisis institucional que nos dejó su antecesor. Con vocación y sensibilidad universitaria todo es posible, señor rector.

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