La ética del siglo XX
Cristóbal Arteta Ripoll
A partir de la presente lectura, elabore una inquietud investigativa e ilumínela desde los presupuestos teóricos leídos.
La ética del siglo XX se caracteriza por una ruptura con las grandes teorías universales del pasado y por un enfoque más fragmentado, crítico y plural. Aquí van las principales marcas:
1. Pluralismo moral – Ya no hay una sola verdad ética. Se convive con muchas perspectivas: utilitarismo, deontologismo, ética de la virtud, existencialismo, ética del cuidado… cada una con sus defensores.
2. Crítica al absolutismo – Nietzsche y luego los posmodernos (Foucault, Derrida) cuestionan las “verdades eternas”. Todo valor es histórico, relativo al poder, al lenguaje o a la cultura.
3. Énfasis en la subjetividad – Sartre y el existencialismo dicen: “el hombre está condenado a ser libre”. La ética nace de la elección personal, no de reglas externas.
4. Aplicación práctica – Surge la bioética (con el avance médico), la ética ambiental (tras la crisis ecológica), la ética empresarial y la de los derechos humanos. Todo se vuelve “ética aplicada”.
5. Debate sobre el lenguaje – Wittgenstein, Habermas y otros muestran que la moral no es solo razón, sino también discurso, normas implícitas y comunicación.
6. Trauma histórico – Las guerras mundiales, el Holocausto y el totalitarismo obligan a repensar la moral: ¿cómo justificar la violencia? ¿Qué queda de la dignidad humana?
En resumen: menos “deber ser” universal y más “cómo vivir juntos” en un mundo roto, diverso y tecnificado.
¿Quiénes son sus representantes?
Los principales representantes son:
• Friedrich Nietzsche (aunque del XIX, influye todo el XX): “Dios ha muerto”. La moral tradicional es esclava, hay que crear valores nuevos, superhombre. Todo es voluntad de poder, no hay bien ni mal absolutos.
• Jean-Paul Sartre (existencialismo): “La existencia precede a la esencia”. No hay naturaleza humana fija, cada uno se define por sus elecciones. Responsabilidad total: si no eliges, también eliges no elegir. Libertad angustiosa, pero auténtica.
• Albert Camus: Absurdo de la vida (el mundo no tiene sentido, pero el hombre sí lo busca). Rebelión: no suicidio, sino vivir con lucidez, sin ilusiones. “Hay que imaginarse a Sísifo feliz”.
• Hannah Arendt: La banalidad del mal (Eichmann no era monstruo, solo seguía órdenes). Ética política: pensar, juzgar, actuar en público. Importancia de la pluralidad y la acción colectiva.
• Michel Foucault: Moral como producto del poder. No hay verdad ética pura, todo está tejido en discursos (prisión, sexualidad, locura). La ética es resistencia, cuidado de sí mismo.
Jürgen Habermas: Ética del discurso. La moral no es solo intuición o autoridad, sino lo que se acuerda en una conversación ideal: sin coacción, con argumentos racionales. “El consenso racional” como base del bien común. Crítico del relativismo total, pero sí del poder disfrazado de razón.
• John Rawls (liberalismo igualitario): “El velo de ignorancia”. Imagina que diseñas la sociedad sin saber tu posición (rico, pobre, sano, discapacitado). Así surge la justicia: maximizar la libertad y la igualdad de oportunidades. Regla: “el peor situado debe mejorar”.
• Alasdair MacIntyre (ética de la virtud): Critica la modernidad por perder las tradiciones. Vuelve a Aristóteles: la ética es cultivar virtudes (coraje, justicia) dentro de comunidades narrativas. Sin historia compartida, todo se vuelve individualismo vacío.
• Carol Gilligan: Ética del cuidado. Responde al modelo masculino de justicia (Kant, Rawls) con una moral femenina: relaciones, empatía, responsabilidad hacia los otros. No reglas abstractas, sino “qué necesita esta persona concreta”.
• Peter Singer (utilitarismo aplicado): Todo sufrimiento cuenta igual (animales, pobres, futuros). “El principio de igualdad”: si un acto causa más bien que mal, hazlo. De ahí el veganismo, la donación obligatoria, la bioética radical.
En resumen, el siglo XX es un campo de batalla: unos buscan reglas universales (Rawls, Habermas), otros rechazanlas (Nietzsche, Foucault), y otros las reinterpretan desde la vida cotidiana (Arendt, Gilligan).
¿Cuál es su actualidad?.
La ética del siglo XX sigue muy viva, aunque ya no en su forma pura: se ha transformado, se ha mezclado y se enfrenta a nuevos retos. Aquí te dejo cómo se ve hoy:
• El existencialismo y la libertad (Sartre, Camus): Sigue resonando en la cultura pop y la psicología. La idea de “tú eres tu elección” alimenta terapias, coaching y hasta memes sobre responsabilidad personal. Pero ahora se choca con algoritmos que “deciden” por nosotros (redes, IA): ¿qué libertad queda cuando tu feed te manipula?
• El poder y la resistencia (Foucault): Es el marco de casi todo debate actual: vigilancia digital, cancel culture, identidades de género, colonialismo digital. La ética ya no es “qué es bueno”, sino “¿quién controla el discurso?”. Redes sociales son el nuevo panóptico.
• La ética del cuidado (Gilligan): Explota en feminismo, salud mental y ecología. El “cuidar” se aplica a todo: cuidar el planeta, cuidar a migrantes, cuidar la salud mental post-pandemia. Es la base de movimientos como el ecofeminismo o la bioética del envejecimiento.
• Utilitarismo aplicado (Singer): Hoy es rey en IA y cambio climático. ¿Deberíamos priorizar salvar a millones con vacunas o a unos pocos con tratamientos caros? ¿Es ético entrenar IA si destruye empleos? Singer sigue influyendo: donaciones efectivas, veganismo radical, derechos animales en tribunales.
• Rawls y la justicia (velo de ignorancia): Se usa para discutir redistribución, renta básica, desigualdad de género y racial. Pero choca con el populismo: la gente ya no quiere “diseñar” sociedades, quiere sentir que “ganan” algo.
• Habermas y el discurso: Ideal, pero casi imposible en un mundo de fake news, polarización y bots. Aun así, inspira regulaciones de plataformas y debates sobre “desinformación”. El consenso racional suena bonito, pero la realidad es ruido.
En fin: la ética del XX no se fue, se volvió híbrida. Lo que antes era teoría pura ahora se ve en leyes, apps, protestas y hasta en cómo juzgamos a influencers. El gran cambio es que ya no hay un “deber ser” único: todo es negociación constante, con tecnología y crisis globales como árbitros.
La ética del siglo XX no solo sobrevive, se está mutando como virus.
• Ética de la IA (heredera de Singer y Habermas): ¿Quién decide si una máquina debe “mentir” para salvar vidas? ¿O si un algoritmo discrimina sin querer? Ahí chocan el utilitarismo (¿qué maximiza el bien?) con el cuidado (¿y los que quedan fuera?). Empresas como OpenAI ya tienen “comités éticos” que suenan a Rawls, pero en realidad son marketing.
• Crisis climática (mezcla de Camus y MacIntyre): El absurdo es total: sabemos que el planeta se muere, pero seguimos comprando. La rebelión ya no es individual, es colectiva: Fridays for Future, activismo digital… pero también hay “eco-hipocresía” —gente que vuela a conferencias para hablar de emisiones.
• Derechos digitales (Foucault puro): Tu privacidad ya no existe. Todo es datos. La ética ahora es “¿quién vigila al vigilante?” —y la respuesta es: gobiernos, corporaciones y hasta tu propio celular. Se habla de “derecho al olvido”, pero ¿qué olvido cuando todo queda en la nube?
• Posverdad y polarización (Arendt al revés): La banalidad del mal ya no es seguir órdenes, es seguir likes. Gente normal comparte odio porque “es viral”. Arendt diría: “no piensan, solo repiten”. Y Habermas lloraría: ¿dónde quedó el discurso racional?
• Bioética post-pandemia: Vacunas obligatorias, edición genética, transhumanismo… ¿Hasta dónde llegamos? Singer dice “salvar el mayor número”, pero Gilligan pregunta: “¿y el que no quiere vacuna? ¿Lo dejamos morir?”.
En resumen: la ética del XX ya no es libro de texto, es meme, ley, algoritmo y manifestación. Todo se acelera, todo se mezcla. Y lo más loco: nadie tiene la última palabra.
¿Cuál es el enfoque de Arteta?.
El docente colombiano Cristóbal Elpidio Arteta Ripoll (docente de la Universidad del Atlántico y Universidad Libre, Barranquilla) enfoca la ética del siglo XX desde una perspectiva latinoamericana crítica y aplicada, no como mera historia de ideas, sino como herramienta para enfrentar crisis reales: desigualdad, corrupción, neoliberalismo y pérdida de comunidad.
Su visión clave: el siglo XX cierra con una “angustia terrible” por ética pública y aplicada —post-guerras, totalitarismos, consumismo— que exige superar el individualismo eurocéntrico. No se queda en abstracciones europeas; integra:
• Nietzsche (ruptura con moral cristiana, transvaloración) como inspiración estilística y crítica al resentimiento, pero lo usa para cuestionar poder fetichizado.
• Lévinas (ética de la otredad: responsabilidad infinita ante el otro, “cara a cara”) como base para humanismo liberador.
• Enrique Dussel (filosofía de la liberación): ética primera desde los oprimidos, analéctica vs. ontología eurocéntrica, poder comunitario (no voluntad de poder), praxis transformadora contra opresión.
• Toques de Habermas (consenso discursivo), Bauman (ética líquida: sensibilidad ante fragilidad, sin normas fijas), Arendt (poder no violento, diálogo) y existencialismo(Sartre: libertad radical), pero siempre adaptados a Latinoamérica: contra colonialismo, pobreza, violencia.
En sus clases y libro El poder de la ética (2011 y ediciones), ve el siglo XX como ruptura: fin de absolutos (postmodernismo, Lyotard), pero peligro de relativismo vacío. Propone ética viva, relacional, situada —no reglas rígidas, sino proceso evolutivo— que impulse solidaridad, dignidad y justicia social. Critica meritocracia (Sandel), hipocresía política y capitalismo deshumanizante; defiende educación crítica, voto castigo y “ética de la humildad”.
En resumen: no es un catálogo de autores del XX, sino un llamado a “oxigenar” la realidad latinoamericana con esa herencia —de Nietzsche a Dussel— para construir sociedades más equitativas. Todo con método dinámico: debates, ejemplos colombianos (corrupción, aborto, migración), anécdotas y énfasis en que “todos somos portadores de ética”, buena o mala.
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