¿Quién vota cuando votamos?

El inconsciente también va a las urnas.

Cristóbal Arteta Ripoll .

Esa es mi preocupación como docente e investigador que, además, abrazo la veta de la educación y el pensamiento liberacionista, tan arraigado en nuestra historia latinoamericana.

La descripción que hago del tejido social colombiano actual es dolorosa pero descarnada: la política ha dejado de ser un espacio de debate para convertirse en una frontera que fragmenta el lazo social básico (la familia, el amigo, el vecino). 

Cuando el disenso político se transforma en hostilidad cotidiana, ya no estamos ante una simple diferencia de ideas, sino ante un fenómeno de masas que compromete la subjetividad.

Abordemos este fenómeno combinando las herramientas del psicoanálisis clásico y posfreudiano con la mirada de la psicología de la liberación, buscando no solo diagnosticar, sino proponer vías de emancipación y reanudación del lazo social.

El diagnóstico freudiano.

Para entender por qué un vecino deja de hablarle a otro por un voto, Freud nos da una clave fundamental en su obra Psicología de las masas y análisis del yo (1921).

La identificación al líder y la renuncia al Yo: En tiempos de polarización electoral, los candidatos operan como el «Ideal del Yo» de sus seguidores. Los individuos relegan su propia capacidad de juicio crítico para identificarse colectivamente con la figura que encarna sus promesas o sus miedos. Al hacer esto, la masa exige homogeneidad absoluta: «Si no piensas como la masa a la que pertenezco, atentas contra mi propia identidad». Por eso la mirada del vecino se vuelve persecutoria.

El narcisismo de las pequeñas diferencias: Freud explicaba que las comunidades vecinas o genéticamente cercanas suelen desatar hostilidad entre sí precisamente por detalles menores. Es más fácil odiar al hermano o al vecino que piensa distinto que al enemigo lejano, porque esa pequeña diferencia amenaza la ilusión de «mismidad» y control. La agresión se desplaza hacia el entorno inmediato: el comedor familiar se vuelve el campo de batalla.

El goce y la paranoia colectiva.

Si saltamos a Jacques Lacan, encontramos el concepto de «goce» (ese placer paradójico ligado a la pulsión y al exceso). La polarización actual se sostiene sobre el goce de tener la razón y, sobre todo, el goce de segregar al otro. 

El sujeto polarizado necesita un «Otro» malvado para justificar su propia rectitud moral. El candidato opuesto no es solo alguien con un modelo económico distinto; es el «monstruo» que viene a destruir el país. Al psicotizar o paranoizar la política, el diálogo se vuelve imposible: con el «mal absoluto» no se debate, se le extermina o se le ignora.

El filtro liberacionista.

Aquí es donde el lenguaje liberacionista, en la línea de pensadores como Ignacio Martín-Baró o Enrique Dussel enriquece el análisis. El psicoanálisis tradicional puede quedarse en el síntoma individual, pero la liberación exige ver las estructuras de poder.

Desde esa perspectiva, la polarización no es un accidente psicológico; es una estrategia de dominación y desmovilización social. Mientras el pueblo se fragmenta horizontalmente (vecino contra vecino~padre contra hijo-amigo contra amigo) las estructuras macroeconómicas y de poder real quedan intactas.

La alienación del afecto: Las élites políticas logran que las clases populares e intermedias canalicen sus frustraciones históricas (falta de oportunidades, miedo al futuro, violencia acumulada) no hacia el sistema de opresión, sino hacia sus iguales.

La pérdida de la horizontalidad: La vecindad y la familia son, por excelencia, los espacios de resistencia y solidaridad comunitaria. Al destruir el lazo vecinal, se destruye el tejido que permite la organización social genuina.

Propuestas de intervención: 

Como docente e investigador, se que el conocimiento debe ser la praxis transformadora. ¿Cómo evitar que la política rompa la vida cotidiana este 21 de junio y los días posteriores?

Recuperar la palabra propia

El psicoanálisis busca que el sujeto se separe del discurso del amo. En las aulas y las comunidades, la tarea liberadora es desarmar los eslóganes. Cuando un familiar repita una frase de campaña, la pregunta pedagógica no debe ser confrontativa, sino analítica: «¿Qué significa eso para ti en tu vida diaria? ¿De dónde viene ese miedo?». Se trata de pasar del discurso masificado del candidato a la historia singular del sujeto.

Un pacto de ternura: el afecto precede a la ideología.

Martín-Baró hablaba de la necesidad de desideologizar la experiencia cotidiana. Proponemos establecer, explícitamente, espacios de tregua en las familias y vecindades bajo una premisa psicoanalítica: el afecto preexiste a la ideología.

Recordar y verbalizar la historia compartida: «Antes de esta elección, tú me ayudaste cuando estuve enfermo», «Hemos sido hijos, vecinos, amigos por años». Las veleidades de la política pasan el amor puede ser eterno.

Hacer consciente el mecanismo de manipulación: reconocer juntos que el conflicto actual es un libreto escrito por otros (los estrategas de campaña) que nosotros estamos actuando de manera gratuita.

Ten miedo al líder salvador.

El fanatismo nace de la ilusión de un líder total, un salvador sin fallas. El pensamiento crítico y el psicoanálisis coinciden en que todo orden humano es incompleto, castrado, fallido. Ayudar a la comunidad a ver que ningún candidato va a resolver la existencia ni a encarnar la pureza absoluta alivia la carga de defenderlos como si fueran deidades. Si el candidato del otro es humano y el mío también, el disenso baja de la categoría de «guerra santa» a «desacuerdo terrenal».

El reto liberacionista hoy en Colombia no es ganar una discusión en la mesa del almuerzo del domingo, sino rescatar al sujeto que está atrapado en el odio del espejo. Si salvamos la amistad y la vecindad, salvamos la posibilidad de seguir construyendo país juntos el 22 de junio, sin importar quién gane.

Esta veta de investigación es crucial para la salud mental colectiva de la región. ¿De qué manera he articulado estas reflexiones dentro de mis espacios de cátedra o investigación con los estudiantes en estos días previos?

Con la praxis transformadora en el aula. Con un manifiesto ético y pedagógico para momentos de crisis, con tres pilares fundamentales: el cara a cara, el estudio desapasionado y la fuerza subversiva del amor.

El  “cara cara” como desarticulador del espejo paranoico.

La pantalla (las redes sociales, la televisión, los discursos masivos) funciona como un espejo que deforma. En la virtualidad o en el rumor, el que piensa diferente no es un ser humano, es un «avatar del mal», una amenaza abstracta.

Romper el anonimato de la masa: Al sentar a los estudiantes frente a frente en el aula, restituyes la dimensión del prójimo (un concepto que el psicoanalista Jacques Lacan y el filósofo Emmanuel Levinas trabajaron hondamente).

La mirada y la voz: Cuando el debate es «cara a cara», el cuerpo del otro está ahí. Ya no puedes insultarlo con la misma facilidad con la que escribes un tuit. Su tono de voz, sus gestos y sus dudas humanizan la contradicción. El aula se convierte entonces en un laboratorio micro-social donde se ensaya la democracia que el país no está logrando vivir afuera.

El estudio como tercero instituyente. Salir de la dualidad.

Cuando dos personas discuten apasionadamente en una polarización, están atrapadas en una estructura imaginaria dual: «O tú o yo», «O el bien o el mal». No hay salida.

Para romper esa trampa destructiva, se necesita introducir un “tercero”. En mi propuesta, ese tercero es el libro, el concepto, el estudio. Leer y escribir es la clave.

Al invitar a mis estudiantes a leer y analizar desapasionadamente, estoy elevando el nivel del conflicto. Ya no se trata de «lo que a mí me parece» o «lo que dijo el candidato anoche», sino de contrastar la realidad con la historia, con la economía política, con la sociología. El estudio introduce una distancia saludable; obliga al cerebro a frenar el impulso de la amígdala (la emoción del miedo y la rabia) para activar el pensamiento crítico. La lectura saca al estudiante del discurso cerrado del slogan y lo introduce en la complejidad de la realidad.

El amor como fuerza política y liberadora.

La conclusión, es bellísima y profundamente acertada. A veces se piensa erróneamente que el rigor científico o la academia deben ser fríos, desprovistos de afecto. Sin embargo, los grandes educadores de nuestra América, como Paulo Freire, siempre sostuvieron que la educación es un acto de amor y, por lo tanto, un acto de valor.

El reverso del odio no es la indiferencia, es la transferencia afectiva, el lazo amoroso. Freud explicaba que lo único que puede unir a una comunidad y frenar la pulsión de muerte (Eros contra Tanatos}) son las ligazones afectivas, el amor en su sentido más amplio: la empatía, el cuidado del otro, la solidaridad.

Arropar el discurso con amor: Esto significa que la verdad no se lanza como un ladrillo para aplastar al alumno, al vecino o al familiar, sino como una mano tendida.

El amor como resistencia: En un ambiente polarizado, odiar es lo más fácil, es lo que el sistema espera que hagas. Por lo tanto, decidir amar al amigo, al familiar o al vecino a pesar de su voto es el verdadero acto de rebeldía y liberación. Es negarse a actuar el guion de violencia que las élites en conflicto han diseñado.

Este enfoque que propongo, que une la rigurosidad del estudio con la calidez del afecto comunitario, es quizás la única vacuna eficaz a largo plazo. Al blindar el lenguaje con el amor, impedimos que la palabra se convierta en un arma cortante.

Considerando la cercanía de la fecha electoral y la tensión ambiental, ¿cómo han recibido mis estudiantes esta propuesta de debatir desde el afecto y el estudio? ¿He notado que al principio les cuesta desarmar la prevención o la defensiva con la que llegan de la calle?

Pero las respuestas no son fáciles porque no es la lectura la mejor amiga del estudiante y esta es una fibra dolorosísima pero sumamente real de la docencia contemporánea. Es más importante estar sumergido en las redes digitales que en la lectura de libros. Y esto no es solo un reto pedagógico, es un cambio civilizatorio que afecta la subjetividad misma de los jóvenes.

Lo que está ocurriendo con pantallas como TikTok, Instagram y WhatsApp no es simple «pereza»; es un mecanismo de captura del deseo y de la atención que compite directamente con la estructura del pensamiento crítico.

El imperio de la inmediatez frente al tiempo del sujeto.

El pensamiento y la lectura requieren tiempo, pausa y tolerancia a la falta. Leer un libro implica sostener la incertidumbre de no saber el final de inmediato.

El bombardeo del «algoritmo del goce: Redes como TikTok operan bajo la lógica del estímulo-respuesta inmediato. Ofrecen micro-dosis de dopamina cada 15 segundos. Es un circuito cerrado de goce efímero que satura la mente del joven. El celular no los deja estar a solas con su propio pensamiento; llena cualquier vacío con ruido visual.

La alienación de la existencia: Están más pendientes de la pantalla que de su propia existencia. El mercado ha logrado mercantilizar la atención de la juventud. Al mantenerlos en la distracción perpetua de la pantalla, los despolitiza en el sentido profundo: los aleja de la reflexión sobre su realidad social y comunitaria, haciéndolos más vulnerables a la manipulación emocional de las campañas políticas en esas mismas redes.

La Insistencia del Maestro de generaciones;

A pesar de ese panorama que a veces resulta frustrante, esta frase que siempre repito guarda una sabiduría clínica y pedagógica enorme: «Uno sabe que algo les queda».

Sabemos que la palabra del analista, o en este caso la del maestro, no siempre produce un efecto inmediato, sino que opera por efecto diferido. Y esa insistencia mía, ese «dándole y dándole», funciona como la inscripción de una ley o de una posibilidad distinta en su psiquismo.

La semilla del Tercero: Aunque hoy no abran el libro, el hecho de que yo  encarne ante ellos la figura de alguien que valora la lectura, el pensamiento desapasionado y el amor, ya abre una grieta en el discurso único de la pantalla. Saben que existe otro modo de vivir y de pensar.

Los «maravillosos» justifican la siembra: Esos pocos estudiantes que logran desmarcarse del mandato del algoritmo y se entregan a la lectura terminan transformándose de manera asombrosa. En la pedagogía liberadora, esos pocos son luego multiplicadores en sus propias comunidades y familias.

Subvertir la pantalla desde el aula.

Dado que el terreno de juego cambió y la atención está secuestrada por el formato digital, el desafío liberacionista es usar la misma estructura para sembrar la duda. ¿Cómo podemos disputarles un espacio a las redes en estos días de tanta tensión política?.

Convertir el aula en el «Anti-TikTok»

Frente a la velocidad de la red, el aula debe ser el santuario de la lentitud. Si no leen el libro en casa, una estrategia liberadora es leer con ellos en clase, en voz alta, desmenuzando un párrafo entre todos. Volver a la tradición de la palabra hablada y compartida. Que el aula sea el único lugar de sus vidas donde el celular se apaga para dar paso a la escucha del compañero.

Interrogar al algoritmo.

En lugar de pelear contra el TikTok, llevarlo al debate. Pedirles que muestren en clase los videos políticos que les aparecen en sus redes y aplicarles el psicoanálisis y la crítica: «¿Qué emoción te produce este video? ¿Miedo, rabia, orgullo? ¿Por qué creen que el algoritmo les muestra esto y no otra cosa? ¿Quién gana cuando ustedes sienten rabia al ver esto?». Así, el celular deja de ser un hipnótico y se convierte en un objeto de estudio.

Nuestra labor, es un acto de resistencia en el sentido más freudiano y freiriano del término. Insistir en la lectura, en el cara a cara y en el amor en la era del algoritmo es una batalla quijotesca, pero es la única que sostiene la dignidad de la condición humana. Así nos convertimos en el guardián de una alternativa para ellos; cuando la pantalla los sature y el odio de la polarización los agote, sabrán que en en aula hay un espacio de palabra verdadera y refugio.

Para finalizar:

La metáfora «quién vota cuando votamos» desnuda la ilusión del elector puramente racional para revelar que el acto de votar es, en su núcleo, un síntoma psíquico. Al afirmar que el inconsciente también va a las urnas, se postula que el voto no se decide con el manual de ciencia política en la mano, sino con el tejido invisible de nuestros traumas, identificaciones reprimidas, miedos atávicos y deseos de sumisión o venganza. No vota el ciudadano consciente y soberano; vota el niño herido que busca protección en un líder paternalista, vota la neurosis colectiva proyectada en un chivo expiatorio, y vota el goce destructivo de castigar al sistema. 

Las urnas operan como un confesionario laico y masivo donde la masa, bajo el disfraz de la ideología o el deber cívico, transfiere y descarga sus fantasmas más oscuros, convirtiendo la jornada electoral en una puesta en escena de la psicología profunda, donde la boleta es solo el vehículo para tramitar un malestar cultural que la razón no alcanza a domesticar.

La encrucijada existencial es clara: te la juegas por la vida o por la muerte.

Me la juego por la vida.

Comments 40

  1. Ashley Herrera Torres says:

    Me parece muy interesante la reflexión porque nos plantea que el problema no es solamente el uso del celular, sino cómo este puede ocupar constantemente el espacio de la reflexión personal. También que la educación sigue teniendo un papel fundamental ya que aunque los resultados no sean inmediatos, siempre queda alguna marca en nosotros como estudiantes. Pues considero valiosa la idea de convertir el aula en un espacio de diálogo, lectura y pensamiento crítico, donde podemos aprender a cuestionar los mensajes que recibimos de las redes sociales. Lo veo como una invita a pensar que nuestras decisiones, incluso las políticas, están influenciadas por experiencias y aspectos inconscientes por lo que educar para la reflexión y la conciencia sigue siendo una tarea esencial para apostar por la vida, el pensamiento crítico y la convivencia.

  2. Rafaela Vos Obeso says:

    Qué bueno, leerte en este domingo en relación a la situación política nacional, sociedad que llevamos a cuesta con décadas de violencias, y que el comportamiento de hoy se debe a un pasado y presente de violencias, generado por todos los grupos alzados en Armas que coyunturalmente han aparecido . Una sociedad Que desea un respiro para seguir adelante. Lamentablemente los deseos de una sociedad mejor muchas veces no se cumplen porque se enredan en el contexto histórico personajes que complejizan la política.

    Por eso se dice que en la política no se maneja la racionalidad, sino las emociones.
    Felicitaciones a un padre educador que ha luchado incansablemente por una sociedad mejor. Académicamente. Rafael Vos Obeso

  3. Anllelth Sebastian Macea Gomez says:

    Lo que hace Cristóbal Arteta Ripoll aquí no es solo un análisis académico, es un acto de resistencia ética que se atreve a mirar el reverso oscuro de la democracia para devolvernos la responsabilidad de nuestros propios lazos afectivos.
    El acierto fundamental del texto es desvestir la inmadurez del debate político actual, Al postular que el inconsciente va a las urnas, el nos baja de la nube de la racionalidad electoral y nos sienta en el diván, el voto no es una decisión programática, sino un síntoma donde se tramitan traumas, carencias y el deseo infantil de un líder protector que calme nuestra angustia frente al futuro. Cruzar a Freud y Lacan con la psicología de la liberación de Martín-Baró es un movimiento brillante, porque evita que el análisis se quede en el ombligo del individuo y nos obliga a ver la macroestructura. La polarización, entonces, se revela como lo que realmente es: una estrategia de dominación perfectamente calculada donde las élites logran que el pueblo se desangre en peleas horizontales (padre contra hijo, vecino contra vecino) para que la estructura vertical del poder real permanezca intocable y protegida por el humo de la discordia.
    Es revolucionaria su propuesta de trinchera desde el aula. En una época en la que las mentes de los jóvenes están secuestradas por el algoritmo del goce y las microdosis de dopamina de TikTok, el autor no se rinde ni cae en la queja nostálgica. Propone el aula como un santuario de la lentitud y el Anti-TikTok, introduciendo el estudio y el libro como ese «Tercero» fundamental que frena la amígdala, humaniza al rival en el cara a cara y saca al estudiante de la trampa dual del espejo paranoico. Al final, es un hermoso manifiesto de resistencia basado en el amor (Eros) frente a la pulsión de muerte (Tánatos). Es un recordatorio de que la verdadera rebeldía en el siglo XXI no es ganar una discusión visceral en Twitter o en la mesa del almuerzo, sino negarse a actuar el guion de odio que otros escribieron para nosotros. El 21 de junio el país seguirá necesitando de todos, y se nos deja claro cuál es el único camino viable: jugársela, sin vacilación, por la vida.

  4. Andrés Oviedo says:

    Al leer este texto, me llamó la atención la importancia que se le da al amor, la empatía y la solidaridad como herramientas para enfrentar la polarización y la violencia que se viven en la sociedad actual. Comparto la idea de que debatir desde el respeto y el afecto permite construir puentes entre personas que piensan diferente, en lugar de profundizar los conflictos.

    También considero muy acertada la reflexión sobre el impacto de las redes sociales en los jóvenes. Vivimos en una época donde la inmediatez domina gran parte de nuestra atención, y cada vez resulta más difícil dedicar tiempo a la lectura, la reflexión y el pensamiento crítico. Sin embargo, creo que la educación sigue teniendo un papel fundamental para ayudar a los estudiantes a cuestionar la información que reciben y desarrollar una visión más consciente de la realidad.

    Me parece valiosa la idea de convertir el aula en un espacio diferente, donde se fomente la escucha, el diálogo y la reflexión profunda. Los maestros no solo transmiten conocimientos, sino que también siembran valores y formas de pensar que pueden influir en sus estudiantes a largo plazo.

    Finalmente, me quedo con la reflexión de que cada persona debe decidir si contribuye a la vida o a la destrucción mediante sus acciones, palabras y decisiones. Por eso considero que apostar por el respeto, el pensamiento crítico y la solidaridad es una manera de fortalecer la convivencia y construir una sociedad más humana.

  5. Yelis De Los Angeles Sierra Martínez says:

    Como ciudadano, considero que el texto aborda un problema muy actual: la influencia de las redes sociales en la forma en que las personas, especialmente los jóvenes, consumen información y construyen sus opiniones. El autor sostiene que plataformas como TikTok o Instagram favorecen la inmediatez y dificultan la reflexión profunda, lo que puede afectar la capacidad de análisis crítico de la ciudadanía.
    Me parece valioso que el texto destaque la importancia de la lectura, la educación y el diálogo como herramientas para formar ciudadanos más conscientes y menos vulnerables a la manipulación. Además, invita a reflexionar sobre el papel de los algoritmos en la difusión de información y en la creación de emociones como el miedo o la rabia, que pueden influir en las decisiones políticas y sociales.
    Sin embargo, considero que el texto presenta una visión algo negativa de las redes sociales, ya que estas también pueden servir para informar, educar y promover la participación ciudadana. El problema no parece ser la tecnología en sí, sino la manera en que se utiliza.

  6. Darielis Atencio says:

    Hoy en día los jóvenes llevan al aula con la cabeza secuestrada por el algoritmo de tik Tok o cualquier otra red social, que viven de sembrar dopamina rápida. Por eso, su propuesta de sentarlos cara a cara, apagar el celular y desmenuzar un libro es pura guerrilla pedagógica.
    En las unas no vota un ciudadano frío, sino nuestros miedos, traumas y ganas de desquitarse.

  7. Valeria Salazar says:

    El artículo «¿Quién vota cuando votamos?» me hace pensar que al marcar un tarjetón no solo elegimos un candidato, también elegimos qué tipo de ciudadano queremos ser.

    Votar va más allá de cumplir un deber. Es un acto donde se cruzan el miedo, la rabia, la esperanza y hasta la costumbre. A veces votamos por convicción, otras por rechazo, y muchas veces sin saber bien qué estamos legitimando con ese voto.

    La pregunta del título es clave: cuando votamos, ¿vota nuestro interés, nuestro bolsillo, nuestro miedo, o votamos pensando en el país que queremos después? El voto es identidad. Define qué Colombia queremos construir y qué democracia estamos dispuestos a sostener.

    En corto: votar es mirarse al espejo como sociedad. Por eso el voto no debería ser solo reacción, sino reflexión.

  8. denilson daza says:

    al leer este artículo, me di cuenta de que ofrece una mirada súper necesaria sobre la polarización política en Colombia, porque deja de lado el típico análisis electoral y se mete de lleno con la psicología social y el psicoanálisis. Mi principal conclusión del texto es que el voto no es un acto 100% racional; al final, cuando estamos en las urnas, terminamos proyectando nuestros miedos, frustraciones y deseos inconscientes.
    Lo que más me llama la atención es cómo el autor advierte que la política actual se convirtió en una frontera que rompe el tejido comunitario, destruyendo los lazos cotidianos entre familiares, amigos y vecinos.

  9. Sara Coronado says:

    El análisis psicológico del texto es impecable, pero me deja una duda y que ¿realmente se puede combatir una maquinaria de manipulación tan brutal solo con ‘amor y pedagogía’ desde un salón de clases? Suena hermoso, pero me parece un poco idílico frente a la realidad de la calle. El odio político en Colombia no es solo un trauma del inconsciente o un truco de TikTok; responde a un dolor real, a la falta de oportunidades y a una violencia histórica acumulada. Pedirle un ‘pacto de ternura’ a una sociedad herida me parece pedir un milagro. Creo que antes del afecto, lo que necesitamos es justicia y un verdadero pensamiento crítico que no se quede solo en los libros, sino que se traduzca en cambios estructurales reales.

  10. Anllelth Sebastian Macea Gomez says:

    Como estudiante, considero que este texto ofrece una reflexión muy profunda sobre la relación entre la política, la psicología y la vida cotidiana. Lo que más me llamó la atención es la idea de que las decisiones políticas no siempre son completamente racionales, sino que también están influenciadas por emociones, miedos, experiencias personales y formas de ver el mundo. Esto ayuda a entender por qué muchas veces las discusiones políticas generan conflictos entre familiares, amigos o vecinos.

    Además, el autor plantea que la polarización no solo es un problema político, sino también social y humano, porque afecta los vínculos entre las personas. Me parece valioso el llamado a recuperar el diálogo, la lectura y el pensamiento crítico como herramientas para comprender mejor la realidad y evitar que las diferencias políticas destruyan las relaciones personales.

    Otro aspecto importante es la crítica al impacto de las redes sociales en la formación de opiniones. Estoy de acuerdo en que plataformas como TikTok o Instagram pueden influir en la manera en que los jóvenes reciben información, favoreciendo mensajes rápidos y emocionales en lugar de análisis más profundos. Por eso, la educación y la lectura siguen siendo fundamentales para desarrollar una visión crítica de los acontecimientos.

    Finalmente, considero que el mensaje central del texto es una invitación a priorizar la empatía, el respeto y el afecto por encima de las diferencias ideológicas. Aunque algunas afirmaciones pueden ser debatibles, el autor nos recuerda que la convivencia democrática requiere reconocer la humanidad del otro y construir espacios de diálogo donde sea posible disentir sin convertir al adversario en un enemigo. Esto hace que el texto sea una reflexión interesante sobre la política, la educación y la sociedad actual.

  11. JUAN CAMILO CARMONA LOPEZ says:

    El texto de Cristóbal Arteta Ripoll presenta una reflexión profunda sobre la polarización política en Colombia desde una perspectiva que combina el psicoanálisis, la psicología de la liberación y la pedagogía crítica. El autor sostiene que la división política ha trascendido el ámbito de las ideas para afectar las relaciones humanas más cercanas, como la familia, la amistad y la convivencia vecinal.

    Uno de los aspectos más interesantes es la explicación de cómo las personas pueden llegar a identificarse tan fuertemente con líderes o movimientos políticos que terminan percibiendo a quienes piensan diferente como enemigos. A partir de las ideas de Freud y Lacan, el autor muestra que la política no solo moviliza argumentos racionales, sino también emociones, deseos, miedos e identificaciones profundas.

    Asimismo, el texto destaca el papel de la educación como herramienta de transformación social. Arteta propone que el diálogo cara a cara, el estudio crítico y el afecto pueden contrarrestar el odio y la desinformación que muchas veces circulan en las redes sociales. Esta propuesta resulta especialmente valiosa en un contexto donde predominan la inmediatez y la confrontación.

    Por otra parte, el autor invita a reflexionar sobre la influencia de las plataformas digitales en la formación de opiniones y en la capacidad de los jóvenes para desarrollar pensamiento crítico. Su planteamiento de convertir el aula en un espacio de reflexión pausada y análisis representa una alternativa importante frente a la cultura de la rapidez y el consumo constante de información

  12. Sebastian Macea says:

    La metáfora que plantea el título desarticula por completo la ilusión del elector racional e introduce una verdad incómoda: el voto es, en su núcleo, un síntoma psíquico y un acto profundamente inconsciente. Afirmar que «el inconsciente también va a las urnas» implica reconocer que en el cubículo no decide el ciudadano soberano con un manual de ciencia política, sino el tejido invisible de nuestros traumas, miedos atávicos y necesidades de sumisión o venganza. Vota el niño herido que busca amparo en un líder paternalista o el sujeto alienado que proyecta sus frustraciones en un chivo expiatorio, convirtiendo la jornada electoral en un confesionario laico donde la masa descarga sus fantasmas más oscuros.
    Frente a este escenario de polarización y «goce de la segregación», el texto acierta al proponer una praxis transformadora dentro del aula que combine el psicoanálisis con la psicología de la liberación. El retorno al debate «cara a cara» restituye la dimensión del prójimo y rompe el espejo paranoico de las redes sociales, mientras que el estudio opera como ese «tercero instituyente» indispensable para quebrar la dualidad destructiva del «amigo-enemigo». Elevar el conflicto a través del libro y el concepto es, en última instancia, una forma de frenar el impulso de la amígdala y rescatar la horizontalidad del lazo social.
    Es especialmente honesta y dolorosa la lectura que se hace sobre la subjetividad juvenil contemporánea, secuestrada por el «algoritmo del goce» en plataformas como TikTok. Esta captura de la atención no es simple pereza; es un mecanismo civilizatorio que promueve la inmediatez y despolitiza a los jóvenes a través de micro-dosis de dopamina que saturan la mente e impiden la pausa necesaria para el pensamiento crítico. Ante este panorama, la propuesta de convertir el aula en un «Anti-TikTok» o en un espacio para interrogar al propio algoritmo se presenta como una estrategia pedagógica brillante y sumamente necesaria.
    Finalmente, la reivindicación de la insistencia del maestro y del «amor como fuerza política» dota al escrito de una profunda dimensión ética. En una época donde odiar es el camino más fácil y el libreto impuesto por las élites, decidir sostener el afecto con el vecino, el familiar o el compañero a pesar de la discrepancia ideológica se convierte en el verdadero acto de rebeldía y liberación. Aunque los efectos de la palabra operen por vía diferida y la tarea parezca quijotesca, es esa siembra constante la que abre grietas en el discurso único y garantiza que, después de las urnas, persista un refugio de palabra verdadera para seguir construyendo comunidad.

  13. Ellen María Sierra Morales says:

    ELLEN SIERRA
    la ilusión del voto racional y lo expone como síntoma: cuando dices “el inconsciente también va a las urnas” estás recordando que no elegimos con manual de ciencia política sino con la memoria del niño herido, el miedo al futuro, la rabia acumulada y el goce de tener razón frente al vecino, y ahí el diagnóstico freudiano-lacaniano se vuelve indispensable porque explica por qué el hermano deja de hablarle al hermano: el líder se volvió Ideal del Yo, la pequeña diferencia amenaza la mismidad y el Otro político se convierte en monstruo para justificar nuestro goce moral; pero tu filtro liberacionista da el salto clave: esa hostilidad no es accidente psicológico, es estrategia de dominación porque mientras las familias se rompen horizontalmente el poder real queda intacto, y por eso tu propuesta pedagógica pega justo donde duele, el cara a cara que humaniza al prójimo, el estudio como tercero que saca de la dualidad bien/mal y el amor como acto subversivo contra el guion de odio que el algoritmo y la élite esperan que actuemos; en tiempos de TikTok insistir en la lentitud del aula, en leer un párrafo entre todos e interrogar la emoción que el video nos provoca es resistencia pura, porque le disputas la atención al capital y le devuelves al sujeto su palabra propia, y tu frase final lo resume todo: frente a la encrucijada entre vida y muerte, optar por la vida significa negarse a sacrificar la amistad y la vecindad en el altar del fanatismo, entendiendo que si salvamos el lazo social el 21, el 22 podremos discutir país sin vernos como enemigos, porque ningún líder salvará a Colombia pero sí podemos salvarnos entre nosotros ejerciendo una democracia que empiece no en la urna sino en la mesa del almuerzo, con ternura, sospecha y pensamiento propio.

  14. Diosa Isis Babilonia says:

    texto invita a pensar que la política no debería destruir los vínculos humanos que construimos durante años. Más allá de las diferencias ideológicas, todos compartimos una misma sociedad y necesitamos aprender a dialogar con respeto. Resulta valioso el llamado a recuperar el pensamiento crítico, la lectura y el encuentro cara a cara, especialmente en una época dominada por las redes sociales y la inmediatez. La propuesta de debatir desde el afecto y el estudio recuerda que la democracia se fortalece cuando escuchamos al otro sin convertirlo en un enemigo. En un contexto de polarización, defender la amistad, la familia y la convivencia puede ser una de las formas más importantes de construir paz y ciudadanía.

  15. Starling Barrios Fonseca says:

    Pienso que este artículo ofrece una reflexión valiosa sobre los efectos de la polarización política en la vida cotidiana y en las relaciones sociales. Resulta interesante la manera en que el autor articula elementos del psicoanálisis, la filosofía de la liberación y la pedagogía para explicar cómo las emociones, los miedos y las identidades colectivas influyen en las decisiones políticas. Asimismo, comparto la importancia que se le otorga al diálogo, al pensamiento crítico y a la educación como herramientas para fortalecer la convivencia democrática. Sin embargo, también considero que los fenómenos políticos deben analizarse teniendo en cuenta factores históricos, económicos y sociales que van más allá de las motivaciones individuales o psicológicas. Precisamente, la Historia nos enseña que la polarización es el resultado de procesos complejos que requieren una comprensión amplia y contextualizada.

  16. Luz Belkis barrios says:

    Muy de acuerdo con el tema que realiza Cristóbal artetra y que también cita a un un autor que dice que las comunidades vecinas hegeneticamente cercanas suelen destacar hostilidad precisamente por detalles menores, esto quiere decir que ahora mismo las políticas están dejando muchos enemigos y precisamente con los vecinos ya que se pelan porque uno no tiene la misma mentalidad o perspectiva de pensar lo mismo para escoger a su candidato que le parezca mejor , por eso como cuidadanos latinoamericanos y colombianos tenemos que reflexionar sobre esos actos que se están presentando ya que pasan las elecciones y los candidatos quedan muy contentos y nosotros como cuidadanos quedamos de enemigo con el vecino , tenemos qje tener más conciencia al momento de actuar ,

  17. Keilibeth Cogollo says:

    El artículo de Cristóbal Arteta Ripoll plantea que el voto no es solo una decisión racional, sino que también está influido por emociones y aspectos inconscientes que muchas veces no se reconocen.La idea central es que la polarización política ha llegado a afectar las relaciones más cercanas, porque se empieza a ver al que piensa distinto como un enemigo, lo que termina afectando la convivencia en la familia, la amistad o el vecindario.Por eso, el texto insiste en que la política no debería romper los vínculos humanos y que es importante mantener el respeto, el diálogo y el afecto aun cuando existan diferencias.

  18. Keilibeth Cogollo says:

    Bajbsb

  19. Keilibeth Cogollo says:

    El artículo de Cristóbal Arteta Ripoll plantea que el voto no es solo una decisión racional, sino que también está influido por emociones y aspectos inconscientes que muchas veces no se reconocen.La idea central es que la polarización política ha llegado a afectar las relaciones más cercanas, porque se empieza a ver al que piensa distinto como un enemigo, lo que termina afectando la convivencia en la familia, la amistad o el vecindario.Por eso, el texto insiste en que la política no debería romper los vínculos humanos y que es importante mantener el respeto, el diálogo y el afecto aun cuando existan diferencias.

  20. Nicole Diaz says:

    Lo más interesante del artículo es que muestra que votar no es únicamente un acto individual realizado cada cierto número de años, sino parte de un proceso más amplio de participación política. La lectura invita a reflexionar sobre la necesidad de que los ciudadanos hagan seguimiento a sus representantes y exijan rendición de cuentas para que la democracia no se reduzca únicamente al momento electoral.

  21. Eshline Moreu Suddy says:

    Se sostiene que «el inconsciente va a las urnas»: los electores no votan como ciudadanos plenamente soberanos, sino movidos por traumas, miedos, la búsqueda de líderes paternalistas (identificación con el «Ideal del Yo») y el deseo de segregar al «otro» (aquel que piensa distinto). La polarización actual no es un accidente, sino una estrategia que fragmenta el tejido social para que las élites mantengan el poder mientras la población canaliza sus frustraciones en odio hacia sus iguales.
    Los puntos más importantes
    La trampa de la polarización: La política ha dejado de ser un debate de ideas para convertirse en una frontera que rompe lazos familiares y vecinales. El sistema utiliza el «narcisismo de las pequeñas diferencias» para que los ciudadanos se ataquen entre sí, evitando que se cuestionen las estructuras de poder.
    La dictadura del algoritmo: El autor identifica el desafío de la era digital: TikTok y las redes sociales operan bajo un «algoritmo del goce» que ofrece gratificación inmediata, destruye la capacidad de concentración y fomenta un pensamiento superficial que es fácilmente manipulable por las campañas políticas.
    El aula como espacio de resistencia: Frente a la inmediatez y el odio, la labor docente debe ser un «Anti-TikTok». Esto implica:
    El cara a cara: Humanizar al adversario para romper la fantasía del «enemigo absoluto» creada por las pantallas.
    El estudio como «tercero instituyente»: Utilizar libros y conceptos para salir de la lógica dual («o tú o yo») y activar el pensamiento crítico.
    El amor como acto político: Propone el afecto y la solidaridad como la única vacuna eficaz contra la pulsión de muerte y la segregación.
    La responsabilidad del maestro: Aunque la resistencia pedagógica parezca una batalla «quijotesca» frente al cambio civilizatorio que imponen las pantallas, el autor insiste en que la labor del docente es dejar una grieta en el discurso único. Al ofrecer un refugio de «palabra verdadera», el maestro permite que, eventualmente, el estudiante pueda encontrar una alternativa frente a la manipulación.

    • Maria P. says:

      Como ciudadano, coincido en que estamos ante un problema crítico las redes sociales están rediseñando la mente de los jóvenes a punta de inmediatez, convirtiendo el debate en un impulso emocional guiado por el miedo o la rabia que dictan los algoritmos. Lo que más me gustó fue el rescate que hace de la lectura, la educación y el «cara a cara» como las únicas herramientas reales para recuperar el pensamiento crítico y frenar esa manipulación masiva.
      ​Sin embargo, el texto a veces cae en una postura demasiado pesimista frente a la tecnología. El verdadero problema no son las plataformas en sí, sino cómo se usan; después de todo, esas mismas redes también pueden ser canales potientes para informar, educar y movilizar colectivamente.

  22. Lo que más me llamó la atención de esta lectura es la idea de que las personas no siempre votan únicamente por razones lógicas o racionales, sino que muchas veces influyen emociones como el miedo, la rabia, la esperanza o las experiencias personales. El texto me hizo reflexionar sobre cómo la política puede llegar a afectar nuestras relaciones con amigos, vecinos e incluso familiares cuando dejamos que las diferencias políticas se conviertan en conflictos personales.

    También me pareció interesante la importancia que se le da al diálogo, al estudio y al respeto por quienes piensan diferente. La lectura plantea que antes de juzgar o atacar a alguien por sus opiniones políticas, deberíamos intentar comprender sus razones y mantener el afecto y el respeto por encima de las diferencias ideológicas.

    Personalmente, me quedo con la idea de que ninguna elección debería ser más importante que las relaciones humanas. Podemos tener opiniones distintas sobre la política, pero eso no debería impedirnos convivir, dialogar y seguir construyendo comunidad con quienes nos rodean. Creo que ese es uno de los mensajes más valiosos de la lectura.

  23. Liyen henao says:

    Considero que este texto es una reflexión sólida sobre la relación entre psicoanálisis, política y educación en el contexto electoral actual. Me parece valioso cómo logra ir más allá de lo ideológico para leer la polarización como un fenómeno atravesado por dinámicas inconscientes y relaciones de poder.

    También resalto la propuesta pedagógica basada en el afecto, el pensamiento crítico y la lectura como formas de resistencia frente a la manipulación mediática y la inmediatez digital. En conjunto, el texto plantea una apuesta clara por la transformación social, el fortalecimiento del lazo comunitario y la defensa de la vida en medio de un escenario de fragmentación.

  24. Emanuel Lozano Martínez says:

    Este análisis solo me recuerda que las urnas no son el origen de nuestra crisis, sino el escenario donde se escenifica el síntoma de un tejido social profundamente fracturado. Al cruzar el psicoanálisis con la psicología de la liberación, el texto desmonta la ilusión del votante puramente racional para revelar cómo la polarización opera como un efectivo mecanismo de dominación que fragmenta los lazos más íntimos —la familia, el amigo, el vecino— mientras deja intactas las estructuras del poder real. Frente al «algoritmo del goce» y la inmediatez de las pantallas que saturan la capacidad crítica de los jóvenes, la propuesta de convertir el aula en un santuario de la lentitud y en un espacio para el encuentro «cara a cara» emerge como un verdadero acto de resistencia quijotesca; una apuesta ética donde el estudio y el afecto preexistente se transforman en la única vacuna posible para desarmar los eslóganes del odio y rescatar la dignidad de nuestra condición humana.

  25. Meydis Alemán Marín y Sabrina Gómez says:

    El artículo propone una reflexión profunda sobre la manera en que las emociones, los miedos, las identificaciones colectivas y las experiencias personales influyen en las decisiones políticas, especialmente en contextos de polarización. A partir de Freud, Lacan y pensadores de la psicología y filosofía de la liberación, el autor explica que muchas veces el voto no surge únicamente de un análisis racional, sino también de deseos inconscientes de protección, pertenencia, castigo o rechazo hacia un “otro” convertido en enemigo. El texto advierte que esta dinámica puede romper vínculos familiares, amistades y relaciones vecinales, mientras las verdaderas estructuras de desigualdad permanecen intactas. Frente a ello, resalta la importancia de la educación como una práctica transformadora: el aula debe convertirse en un espacio de diálogo cara a cara, lectura crítica, análisis de los discursos políticos y reconocimiento del afecto como una fuerza capaz de resistir el odio. Además, plantea que las redes sociales y sus algoritmos pueden intensificar la manipulación emocional y dificultar la reflexión, por lo que es necesario enseñar a los estudiantes a cuestionar los contenidos que consumen. En conclusión, el artículo defiende una ciudadanía más consciente, capaz de debatir sin destruir al otro y de comprender que preservar la amistad, la solidaridad y el pensamiento crítico también es una forma de construir democracia.

  26. Jhosep Almanza says:

    pienso que el texto plantea una reflexión muy interesante sobre cómo las emociones pueden influir en las decisiones políticas. Me llamó la atención la idea de que muchas veces las personas no votan únicamente por propuestas o argumentos, sino también por miedos, experiencias personales e identificaciones con ciertos líderes o grupos.

    Sin embargo, considero que la polarización no puede explicarse solamente desde la psicología. También hay factores históricos, económicos y sociales que influyen en la manera en que las personas piensan y actúan políticamente. A veces las diferencias entre grupos no surgen solo por manipulación o emociones, sino porque existen visiones distintas sobre cómo debería organizarse la sociedad.

    Lo que más rescato del texto es su llamado a mantener el diálogo y el respeto, incluso cuando hay desacuerdos políticos. En una época donde muchas discusiones terminan en insultos o divisiones, es importante recordar que las relaciones familiares, de amistad y de comunidad son más importantes que una elección. Al final, la política debería servir para debatir ideas y buscar soluciones, no para convertir a quienes piensan diferente en enemigos. Humanos: inventaron la democracia y luego se sorprenden cuando hay desacuerdos. Fascinante.

    En general, me parece un texto que invita a reflexionar sobre la importancia del pensamiento crítico y la convivencia en tiempos de polarización.

  27. ALEX JAIR RODRIGUEZ AGUAS says:

    Este artículo plantea una reflexión profunda y necesaria sobre los desafíos de educar en una época marcada por los algoritmos, la inmediatez y la polarización. Resulta especialmente valiosa la propuesta de no demonizar las redes sociales, sino convertirlas en objeto de análisis crítico dentro del aula, ayudando a los estudiantes a comprender cómo las emociones, los sesgos y los intereses influyen en la información que consumen.
    Asimismo, la metáfora de que «el inconsciente también va a las urnas» invita a cuestionar la idea de que las decisiones políticas son exclusivamente racionales, recordándonos que nuestras experiencias, miedos, deseos e identificaciones también participan en la construcción de nuestras preferencias. Más allá de compartir o no todos sus planteamientos, el texto tiene el mérito de abrir un debate sobre la necesidad de formar ciudadanos capaces de pensar, dialogar y reconocer las fuerzas visibles e invisibles que influyen en sus decisiones.
    En tiempos de saturación digital, defender el aula como un espacio de encuentro humano, reflexión y palabra crítica constituye una apuesta por la dignidad, la convivencia democrática y el cuidado de la vida.

  28. Maria José Rodriguez says:

    votar no es únicamente elegir a un candidato, sino participar en la construcción del rumbo político y social de una comunidad. Sin embargo, cuando las decisiones electorales están condicionadas por la desinformación, las desigualdades o la falta de reflexión crítica, la representación democrática pierde legitimidad. Por ello, el verdadero desafío no consiste solo en acudir a las urnas, sino en ejercer un voto consciente, informado y responsable, capaz de convertir la participación ciudadana en una herramienta real de transformación democrática.

  29. VICTOR EUGENIO GOMEZ PEREZ says:

    Impresionante como las pantallas en vez de ayudar a conscientizar a las masas, las termina ayudando a darles aquellas cosas que apelan con estas, y al mismo tiempo, aumento el alcance que tiene las personas a la hora de atacar a los demas. La falta de voz en estos tiempos es una consecuencia por los gritos tanto textuales como verbales que varias figuras publicas hacen. El pueblo persigue a quienes ellos creen que los representa, no porque vayan acorde con sus ideales, sino porque se ven a si mismos en dichosas figuras.

  30. Aisha segura, Sabrina Gómez Gálvez, Wiston Lipeda, Meydis Aleman says:

    Nos pareció un artículo muy interesante porque aborda algo que vivimos todos los días: cómo la política ha llegado a afectar las relaciones entre familiares, amigos e incluso vecinos. Muchas veces vemos discusiones que comienzan por diferencias de opinión y terminan generando distanciamiento o conflictos que van mucho más allá de la política.
    Creemos que el autor tiene razón al señalar que las emociones influyen en nuestras decisiones políticas. El miedo, la esperanza, la frustración o el deseo de un cambio pueden tener un papel importante cuando votamos. También nos llamó la atención la idea de que, en ocasiones, las personas terminan viendo a quienes piensan diferente como enemigos, cuando en realidad comparten los mismos problemas y preocupaciones cotidianas.
    Nos gustó especialmente la invitación a recuperar el diálogo y el pensamiento crítico. En un contexto donde gran parte de la información nos llega a través de redes sociales y mensajes rápidos, es fácil reaccionar impulsivamente sin detenernos a analizar lo que vemos o escuchamos. Por eso consideramos importante crear espacios donde sea posible conversar, escuchar y debatir con respeto.
    Al mismo tiempo, pensamos que no todo puede explicarse únicamente por factores emocionales o inconscientes. Muchas personas también toman decisiones políticas a partir de sus experiencias de vida, de sus condiciones sociales y de las propuestas que consideran más beneficiosas para el país. Por eso es importante reconocer tanto el papel de las emociones como la capacidad de reflexión de cada ciudadano.
    En general, nos quedamos con la idea de que ninguna diferencia política debería ser más fuerte que los vínculos humanos. Aunque no siempre estemos de acuerdo, es necesario aprender a convivir con distintas opiniones y entender que una sociedad democrática se construye precisamente a partir del diálogo, el respeto y la búsqueda de soluciones para los problemas que afectan a todos.

  31. Sofía Avendaño says:

    Esta lectura me hizo pensar que muchas veces las personas permiten que la política afecte sus relaciones con familiares, amigos y vecinos. Considero que es importante aprender a respetar las diferencias de opinión y no dejar que el odio o la polarización nos dividan. Me gustó la idea de que el diálogo, la educación y el pensamiento crítico son herramientas para construir una mejor convivencia. Al final, más allá de cualquier postura política, todos seguimos siendo personas que compartimos una misma sociedad.

  32. Brayan Diaz says:

    Este texto representa mi intento de comprender la polarización actual no solo como un fenómeno político, sino como una transformación profunda de la subjetividad y del lazo social. Desde el psicoanálisis y la psicología de la liberación, he buscado mostrar cómo el otro deja de ser interlocutor para convertirse en amenaza, y cómo esa dinámica se infiltra en la vida cotidiana, fracturando vínculos fundamentales. Sin embargo, mi propósito no es quedarse en el diagnóstico, sino insistir en una apuesta ética y pedagógica: recuperar la palabra propia, sostener el cara a cara y defender el amor como principio político en tiempos de fragmentación.

  33. Michelle Cardozo says:

    El texto muestra que al votar también entran nuestros miedos, rabias y ganas de pertenecer. Por eso un voto puede romper familias y vecindades: dejamos de ver al otro como persona y lo convertimos en enemigo.

    Me parece clave que diga que la división entre nosotros le sirve al poder de arriba. La salida que propone no es partidista: volver al diálogo cara a cara, pensar antes de reaccionar y cuidar el afecto.

    Porque si no rescatamos el vínculo con el vecino, da igual quién gane. Al final la pregunta es si elegimos la vida en común o seguir alimentando el odio.

  34. María Fernanda Carrillo Alvarado says:

    Este artículo ofrece una reflexión muy humana sobre cómo la polarización política puede afectar nuestras relaciones más cercanas. Destaca la importancia del diálogo, el pensamiento crítico y la educación para evitar que las diferencias ideológicas se conviertan en conflictos personales. Su mensaje central es que, por encima de cualquier elección o candidato, deben prevalecer el respeto, la empatía y los vínculos que nos unen como sociedad.

  35. Andres Mejia says:

    Impecable análisis. Nos urge entender que cuando convertimos al vecino o al familiar en el »enemigo absoluto» por un voto, los únicos que ganan son las élites que nos quieren fragmentados y desean nuestro voto como forma de apoyarles a seguir con sus planes. Una postura humanista exige recuperar el juicio crítico y dejar de delegar nuestra identidad en figuras que se quieren hacer pasar como salvadoras o con la solución definitiva a un problema de hace tiempo, el milagro del salvador manchó enormemente la democracia, haciendo a la gente creer que una persona por individual podrá solucionar todos los problemas por solo poner mano dura, ignorando que Colombia es un país enorme y con problemas con una raiz muy distinta y soluciones diferente; el verdadero porvenir se construye sanando el tejido social en el día a día, no destruyéndolo en las urnas o destripando al opuesto.

  36. Abraham David Rudas Ulloque says:

    Yo siempre me la jugaré por la vida.

  37. Carolina Tapias Caraballo says:

    En este artículo se analiza cómo el voto no depende únicamente de la razón, sino también de las emociones, las experiencias personales y la influencia del entorno. Aquí el profesor explica que, en tiempos de elecciones, muchas personas llegan a identificarse tanto con un candidato o una idea política que terminan viendo a quienes piensan diferente como enemigos. Además, destaca la importancia de la educación, la lectura y el pensamiento crítico para evitar el fanatismo y promover el respeto entre los ciudadanos.

    Estoy de acuerdo con el profesor Arteta porque considero que las diferencias políticas no deberían romper las relaciones entre familiares, amigos o vecinos, es importante que cada persona pueda expresar sus ideas libremente, pero también escuchar y respetar las opiniones de los demás, la política debe ser un espacio para dialogar y buscar soluciones a los problemas de la sociedad, no una razón para generar odio o divisiones.

    Un ejemplo de esta situación se observa hoy en día en las redes sociales. Es común encontrar discusiones donde las personas insultan o atacan a quienes apoyan a otro candidato, e incluso hay familias o amistades que dejan de hablarse por diferencias políticas. Esto demuestra que muchas veces las emociones influyen más que el análisis de las propuestas. Por eso, considero que la educación y el pensamiento crítico son fundamentales para que las personas tomen decisiones con mayor responsabilidad.

  38. Anibal Valest montesinos says:

    El título lo dice todo y cumple lo que promete: el inconsciente sí va a las urnas, y el texto lo demuestra con rigor. La combinación de Freud, Lacan, Martín-Baró y Freire no es erudición decorativa; cada autor aporta una capa del diagnóstico. El análisis del narcisismo de las pequeñas diferencias aplicado a la polarización familiar es el momento más lúcido del texto. La propuesta del aula como «anti-TikTok» y el amor como acto político son apuestas pedagógicas valientes y coherentes con la tradición liberacionista. El texto gana donde el anterior perdía: aquí el compromiso del autor enriquece el argumento en lugar de reemplazarlo. El cierre es contundente y honesto.

  39. María José Jiménez Carreño says:

    El texto analiza la polarización política desde una perspectiva psicológica y educativa. Su idea principal es que muchas veces las personas no votan únicamente por razones racionales, sino también movidas por emociones, miedos, identidades y conflictos profundos. Por eso, las diferencias políticas terminan afectando relaciones familiares, amistades y la convivencia cotidiana.

    Frente a este problema, el autor propone que la educación y el diálogo sean herramientas para reconstruir el tejido social. Destaca la importancia del debate cara a cara, la lectura crítica y el respeto por quien piensa diferente, evitando convertir la política en una lucha entre enemigos.

    Finalmente, el texto defiende que el afecto, la empatía y el pensamiento crítico son fundamentales para enfrentar la polarización. Más que ganar una discusión política, lo importante es preservar los vínculos humanos y construir una sociedad capaz de dialogar y convivir en medio de las diferencias.

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