Una encrucijada existencial: entre la vida y la muerte 

Cristóbal Arteta Ripoll

«El comportamiento del ser humano siempre tiene como referentes lo justo, lo injusto, lo bueno, lo malo». Sócrates.

El eclipse de las categorías binarias.

Asistimos a una de las coyunturas electorales más determinantes de la historia contemporánea de Colombia. El próximo 21 de junio se definirá en las urnas el rumbo y la suerte de nuestra nación. Tradicionalmente, la corriente analítica hegemónica y los grandes medios de comunicación masiva han pretendido encasillar este momento histórico bajo el reduccionismo binario de «la derecha contra la izquierda». Sin embargo, como filósofos y académicos, tenemos el deber de denunciar que estas categorías hoy resultan rancias, viejas, obsoletas y carentes de potencia heurística para explicar la complejidad material de nuestra realidad.

No se trata ya de etiquetas ideológicas desgastadas. En la praxis histórica, la verdadera distinción que debemos formular es aquella que separa a la buena política de la mala política. 

Mientras la mala política instrumentaliza las instituciones para perpetuar el privilegio, la buena política se erige como la búsqueda genuina del bien común, la equidad y la justicia social. Ante la urgencia de la crisis axiológica, no es posible refugiarse en una neutralidad pusilánime; es imperativo tomar partido ético.

La dimensión socrática y la crisis ética en el escenario colombiano

Volver la mirada a la antigüedad clásica no es un ejercicio de erudición nostálgica, sino una necesidad de diagnóstico clínico. Sócrates nos recordaba con lucidez que el actuar humano se tensa invariablemente entre los polos de lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo. Bajo esta premisa, la encrucijada colombiana no es un mero pulso burocrático por el poder; es, fundamentalmente, un problema ético profundo.

La ética es, tal vez, la rama de la filosofía más importante de nuestro tiempo porque roza de manera directa el comportamiento del ser humano en el mundo, un comportamiento que, a escala global y local, muestra signos alarmantes de degradación. 

En Colombia, una de las opciones en contienda encarna de manera palmaria la continuación de la mala política que el actual gobierno ha querido derrotar. Representa un retorno al pasado que ya hemos padecido con dolor:

La apología de la guerra como mecanismo de cohesión social y control territorial.

La depredación ambiental legitimada a través de prácticas nocivas como el fracking.

El desmantelamiento de los derechos sociales a través de la privatización sistemática de los bienes públicos esenciales: la educación superior y la salud pública.

Esta visión estrecha y mercantilista de la existencia colectiva es la que ha sumido históricamente a este país en una crisis multidimensional y profunda, truncando las justas reivindicaciones de las mayorías.

El imperativo categórico kantiano y la defensa de lo público

Frente al abismo de la regresión social, el análisis desapasionado pero comprometido con la verdad nos obliga a reconocer los avances significativos del gobierno actual, presidido por el señor Gustavo Petro. A pesar de los relatos apocalípticos construidos desde la oposición y los monopolios mediáticos, que auguraban falsamente que Colombia caería en el espejo de la crisis venezolana, los datos de la realidad material demuestran que el país se encuentra en una posición notablemente superior a la de hace cuatro u ocho años. 

Son numerosos los sectores populares y de la academia que, con justicia, identifican este periodo como uno de los ejercicios presidenciales más dignos y constructivos de nuestra historia republicana.

No obstante, este proyecto de transformación ha tenido que navegar contra la corriente de un sabotaje institucional sistemático. Aquí se hace necesario someter a sospecha teórica la clásica división de poderes de Montesquieu. En la teoría liberal, este modelo se concibió como un sistema de pesos y contrapesos para evitar la tiranía; en la práctica colombiana contemporánea, dicha división ha sido instrumentalizada por las élites tradicionales para frenar, bloquear y asfixiar las iniciativas del ejecutivo encaminadas a democratizar la estructura social.

Ante este bloqueo, la decisión del ciudadano el día 21 trasciende la simpatía personal. Siguiendo las intuiciones de Immanuel Kant, debemos actuar por deber moral a partir de la buena voluntad. No hay espacio para el relativismo o la miopía política: la razón práctica nos compele a decidir entre lo bueno y lo malo. Optar por la alternativa que representa la privatización y el conflicto es elegir conscientemente el abismo; por ende, la única opción éticamente viable para salvaguardar la dignidad de la nación es tomar partido resueltamente por el proyecto de lo bueno.

La ética de la liberación y la mirada hacia la víctima

Finalmente, este artículo debe anclar sus reflexiones en las coordenadas de nuestra América Latina. Como bien lo ha teorizado nuestro maestro Enrique Dussel, la auténtica filosofía y la política legítima deben nacer de la interpelación del rostro del oprimido, de la víctima, del desposeído.

La buena política no se mide por las tasas de acumulación del gran capital, sino por su capacidad de responder al clamor de aquel que nada tiene. El momento político actual exige una opción preferencial e impostergable por los sectores históricamente marginados. 

Es a ellos a quienes el Estado y la sociedad deben reivindicar frente a siglos de injusticias estructurales, desigualdades lacerantes y una flagrante falta de equidad.

Un llamado a la voluntad colectiva

El voto del 21 de junio no es un simple trámite administrativo; es un acto de soberanía ética y una afirmación de la dignidad humana. Quienes tenemos la responsabilidad de pensar el país desde la trinchera de las ciencias sociales y las humanidades no podemos ser inferiores a este llamado. La buena voluntad debe traducirse en una movilización consciente y categórica en las urnas para evitar el despeñadero y consolidar, de una vez por todas, los cimientos de una Colombia justa, educada, saludable y en paz.

Barranquilla, 12 de junio de 2026.

Comments 43

  1. Carlos P says:

    Siempre volvemos a Kant

  2. El texto plantea que la política no debería reducirse a una competencia entre ideologías, sino orientarse por principios éticos y por la búsqueda del bienestar colectivo. Su principal aporte es insistir en que la democracia requiere ciudadanos críticos, informados y comprometidos con la realidad social. Asimismo, recuerda que las decisiones políticas tienen efectos concretos sobre la vida de las personas, especialmente de quienes enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad.

  3. Excelente aporte, profesor. Es muy valiente y certero su análisis sobre cómo las élites tradicionales han instrumentalizado el sistema de pesos y contrapesos para bloquear y asfixiar las reformas sociales que buscan democratizar al país. Ante este sabotaje institucional y el desmantelamiento de los derechos sociales, la academia no puede ser indiferente ni refugiarse en una neutralidad cómoda. Como usted bien dice, quienes pensamos el país desde las humanidades tenemos la responsabilidad de aportar rigurosidad y defender lo público en las urnas.

  4. Nayibe Angulo says:

    Excelente reflexión.

  5. Sebastian Macea says:

    el próximo 21 de junio nos estamos jugando la vida misma del país. Para él, dejarse de cuentos de «izquierdas o derechas» y ponerse a ver la realidad es una obligación: o elegimos la buena política que piensa en la gente, o retrocedemos a la mala política de la guerra, el fracking y el negocio con la salud y la educación. Se defiende sin tapujos al gobierno de Petro, argumentando que el país ha avanzado bastante y que el famoso cuento de que «nos íbamos a volver como Venezuela» resultó ser pura carreta de la oposición. Además, denuncia que los políticos tradicionales han usado las leyes y las instituciones como una talanquera para frenar los cambios, por lo que ir a votar no es un capricho, sino un deber moral para no dejar que el país se vuelva malo
    Al final, este escrito es un fuerte contra la indiferencia y un llamado a «ponerse la camiseta» por los más necesitados. Citando la filosofía de la liberación, Arteta nos recuerda que un gobierno no es bueno por cuánta plata ganen los grandes ricos, sino por cómo saca de la olla a los indígenas, a los campesinos y a los jóvenes de las barriadas. El mensaje para la academia y para la gente de a pie es contundente: el voto de este 21 de junio tiene que ser un acto de rebeldía pacífica en las urnas para defender la dignidad, cuidar lo público y asegurar que los derechos fundamentales dejen de ser el negocio de unos pocos, demostrando que el futuro de la nación se decide con la fuerza de la gente y no bajo el libreto de las élites de siempre.

  6. María Miranda says:

    El artículo propone una reflexión filosófica sobre el actual escenario político colombiano, invitando a superar las tradicionales categorías de “derecha” e “izquierda” para centrar el debate en la dimensión ética de la política. A través de referencias a Sócrates, Kant y Enrique Dussel, el autor sostiene que el verdadero criterio para evaluar un proyecto político debe ser su compromiso con el bien común, la justicia social y la dignidad humana. Aunque el texto expresa una posición claramente favorable al gobierno de Gustavo Petro y critica con fuerza a la oposición, su principal aporte consiste en recordar que la política no debería reducirse a intereses partidistas, sino orientarse por principios éticos y por la búsqueda del bienestar colectivo. En ese sentido, el artículo invita al lector a asumir el voto como un acto de responsabilidad moral y de compromiso con el futuro del país.

  7. Guillermo de la Hoz says:

    Coadyuvo el artículo del profesor Arteta con esta nota-resumen desde la conferencia episcopal colombiana y difundida por los obispos de Colombia.

    La titulé así:

    EL VOTO TAMBIÉN ES CONCIENCIA

    A propósito de las elecciones presidenciales de 2026, los obispos colombianos, reunidos en la Conferencia Episcopal de Colombia, han dirigido al país un mensaje sereno, profundo y oportuno. No es una consigna partidista. No es una orden de voto. No es una invitación al miedo. Es, más bien, un llamado a la conciencia.

    El mensaje recuerda algo que a veces se nos olvida en medio del ruido electoral: votar no es solamente ejercer un derecho civil. Para quien cree en la dignidad humana, en la justicia y en el bien común, votar también es un deber moral.

    Por eso, los obispos invitan a los fieles católicos (y, en realidad, a todo ciudadano de buena voluntad) a decidir sin fanatismos, sin mesianismos personales, sin sectarismos y sin dejarse arrastrar por el odio, el miedo o la venganza.

    Colombia no necesita salvadores de ocasión, ni caudillos con aureola, ni profetas de balcón. Necesita ciudadanos responsables que examinen programas, trayectorias, equipos, ética pública, honorabilidad del candidato y compromisos reales con la paz social.

    El cristiano, dice en esencia el mensaje, no vota por un “salvador”, sino por propuestas que respeten la dignidad humana, la justicia social, el cuidado de la casa común y la búsqueda sincera del bien común. Esa frase debería escucharse en las casas, en las parroquias, en las aulas, en los cafés y en las conversaciones familiares donde muchas veces la política se vuelve pelea antes que discernimiento.

    Los obispos proponen criterios concretos: defensa de la vida y de la paz; protección de los ciudadanos, de los líderes sociales y ambientales; justicia social para reducir las desigualdades; ética y transparencia frente a la corrupción; y rechazo a la violencia verbal que convierte al adversario en enemigo.

    En tiempos de polarización, el mensaje de los obispos merece ser escuchado con calma. No para que todos pensemos igual, sino para que aprendamos a decidir mejor. No para imponer una candidatura, sino para recordar que la política, cuando es noble, debe ser servicio; y cuando se reduce al poder por el poder, termina sirviendo a los intereses particulares y no a las necesidades reales del pueblo.

    Consigan el mensaje y compartanlo con la familia católica, con los amigos creyentes y también con quienes, sin profesar la fe, todavía creen que Colombia necesita menos gritos y más conciencia.

    Recuerden siempre: Votar es elegir. Pero también es elegirse.

  8. Cesar James says:

    Desde mi perspectiva como estudiante de Derecho en la Universidad Libre de Barranquilla, este texto de mi profesor Cristóbal Arteta Ripoll me pega fuerte porque no lo siento como un análisis lejano, sino como un llamado directo. Él no habla de “izquierda” o “derecha”, sino de buena política y mala política, y eso me hace pensar que lo que está en juego no es solo poder, sino valores.

    Lo que más me mueve es cómo conecta la filosofía con lo que vivimos hoy: Sócrates, Kant y Dussel no aparecen como citas académicas, sino como brújulas para entender que votar es un acto ético. Me hace sentir que, como jóvenes y como estudiantes, no podemos quedarnos en la indiferencia.

    Al final, lo leo casi como un consejo personal: que nuestra formación en la Libre no se quede en teoría, sino que nos lleve a tomar partido por lo justo, por lo público y por la dignidad de quienes más lo necesitan. Es un texto que me recuerda que estudiar derecho no es solo aprender normas, sino aprender a defender la vida y la justicia en medio de esta encrucijada.

  9. EVER ENRIQUE GONZALEZ CHAMORRO says:

    Recomendar leer . El pobre de Derecha y Nuevos elogios del imbecil.

  10. Ruby Sofía Centeno says:

    El artículo plantea una reflexión profunda sobre el momento político que vive Colombia, invitando a superar las tradicionales categorías de izquierda y derecha para centrar el debate en criterios éticos como la justicia, el bien común y la dignidad humana. Resulta interesante la manera en que el autor recurre a pensadores como Sócrates, Kant y Enrique Dussel para fundamentar su posición y destacar la importancia de la responsabilidad moral en las decisiones políticas. Más allá de compartir o no sus conclusiones, el texto aporta una mirada filosófica que busca promover la participación consciente y el análisis crítico de la realidad nacional, recordando que la política debe orientarse al servicio de las personas y especialmente de los sectores más vulnerables.

  11. Maria Camila Mendez Vizcaino says:

    Considero que el profesor Arteta tiene toda la razón en este artículo, la política ya no debería ser un juego para la extrema derecha, donde solo se busca el beneficio de unos pocos mientras la mayoría sufre en el proceso. En parte, ir del lado de esa corriente en las elecciones presidenciales de esta época sería como votar por la guerra. Un presidente que demuestra que le interesa su nación y las personas en general y no solamente los rico no solo demuestra una gran y buena política, sino también un gran corazón.

  12. Andrés Oviedo says:

    Al leer este texto, percibo una profunda preocupación por el futuro político y social de Colombia. Considero que su principal aporte consiste en plantear que la discusión política no debe reducirse a las tradicionales categorías de izquierda y derecha, sino que debe centrarse en criterios éticos relacionados con la justicia, el bien común y la dignidad humana.

    Me parece interesante la manera en que el autor recurre a pensadores como Sócrates, Kant y Enrique Dussel para fundamentar su reflexión. Comparto la idea de que la política no puede separarse de la ética, pues las decisiones de los gobernantes tienen consecuencias directas sobre la vida de las personas, especialmente de quienes se encuentran en condiciones de vulnerabilidad.

    También considero valiosa la invitación a reflexionar críticamente sobre el papel de las instituciones y sobre las desigualdades históricas que han afectado a amplios sectores de la sociedad colombiana. El texto insiste en que la democracia debe estar orientada al bienestar colectivo y no únicamente a la defensa de intereses particulares, una reflexión que considero pertinente en cualquier contexto político.

    Sin embargo, pienso que todo análisis político debe mantener una actitud crítica frente a todas las posiciones y proyectos de gobierno. La participación ciudadana informada exige evaluar tanto los logros como las limitaciones de quienes ejercen el poder, con el fin de fortalecer la democracia y promover soluciones reales a los problemas sociales.

    En conclusión, interpreto este artículo como un llamado a asumir el voto y la participación política como actos de responsabilidad ética. Más allá de las preferencias ideológicas, considero que la construcción de una sociedad más justa depende de ciudadanos capaces de reflexionar, cuestionar y comprometerse activamente con el futuro de su país.

  13. Eshline Moreu Suddy grupo 3 says:

    la situación política actual de Colombia no debe entenderse como una simple lucha entre derecha e izquierda, sino como una decisión ética entre buena y mala política, donde la buena política busca el bien común, la justicia social y la equidad, mientras que la mala política reproduce privilegios, desigualdad y corrupción; por eso, votar no es solo un acto político sino moral. Inspirado en Sócrates, se afirma que el ser humano siempre actúa entre lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo, por lo que la coyuntura electoral es un problema ético profundo. A partir de Immanuel Kant, se sostiene que debemos actuar por deber moral, eligiendo lo correcto y no lo conveniente, mientras que desde la perspectiva de Enrique Dussel se resalta que la política debe partir del oprimido y priorizar la dignidad de los más vulnerables. En el contexto colombiano, el texto critica una opción política asociada con la guerra, la privatización de derechos básicos y el daño ambiental, y defiende que el gobierno actual ha logrado avances pese al bloqueo de las élites, señalando además que las instituciones han sido utilizadas para frenar transformaciones sociales. En conclusión, el voto representa una decisión ética fundamental entre avanzar hacia una sociedad más justa o retroceder, por lo que se plantea que la única opción moralmente válida es apoyar un proyecto que defienda lo público, reduzca la desigualdad y responda a las necesidades de los sectores históricamente marginados.

  14. Rebeca Judith mejía Pérez says:

    El acto de sufragar trasciende las identidades partidistas individuales al operar como un dispositivo institucional de legitimación democrática. De este modo, la movilización hacia las urnas se configura como la condición de posibilidad para canalizar las demandas de reforma estructural. En el marco de las dinámicas de vulnerabilidad que atraviesa el país, el electorado debe realizar un análisis distributivo riguroso que sitúe en una balanza el bienestar de la fuerza laboral y los sectores medios, garantizando que el diseño de las políticas públicas propuestas responda a criterios de equidad y justicia social.

  15. denilson daza says:

    considero que el artículo resulta sumamente sugerente porque eleva el debate electoral de la simple pelea partidista a una discusión moral profunda, lo cual es refrescante en el panorama político actual; sin embargo, al plantear el escenario de manera tan radical como una elección absoluta entre «la vida y la muerte» o «el bien y el mal», el texto corre el riesgo de caer en una polarización excesiva que deja poco espacio para el matiz, simplificando una realidad social y económica que siempre es mucho más compleja que una victoria ética en las urnas.

  16. Ashley Herrera Torres says:

    La coyuntura política colombiana no debe entenderse desde la tradicional división entre derecha e izquierda, sino desde una perspectiva ética que distingue entre la buena y la mala política. Esta idea recurriendo a referentes filosóficos como Sócrates, Kant y Enrique Dussel, para defender la importancia del bien común, la justicia social y la protección de los sectores más vulnerables. Además presenta una valoración positiva del gobierno actual y hace un llamado a asumir el voto como una decisión moral orientada a la construcción de una sociedad más justa, equitativa y pacífica.

  17. Karen Suarez says:

    Este texto es importante analiza y examina lo que nos da a entender este artículo «Una encrucijada existencial: entre la vida y la muerte» del académico Cristóbal Arteta Ripoll, quien aborda la coyuntura electoral colombiana de junio 21 de 2026 desde un rigor filosófico profundo. El autor deconstruye con éxito la narrativa mediática tradicional al desplazar el análisis ideológico binario de «izquierda y derecha» hacia una praxis ética que distingue entre la «buena» y la «mala política». A través de un puente conceptual que conecta la virtud de la justicia en Sócrates con el imperativo categórico de Kant, Arteta argumenta que el ejercicio del voto no es un simple acto administrativo, sino un deber moral y racional frente a la degradación pública. Asi mismo, resulta notable su lectura de Montesquieu para denunciar cómo la separación de poderes se instrumentaliza para bloquear reformas sociales, complementada por la Ética de la Liberación de Enrique Dussel, la cual sitúa al oprimido como el núcleo de legitimidad política. En el texto es un enérgico manifiesto que exige a la academia y a la sociedad civil abandonar la neutralidad pusilánime para defender activamente la vida, la educación y la dignidad humana frente a la restauración del privilegio y la violencia.

  18. Paula Andrea Fuertes Mercado says:

    Una profunda reflexion sobre la coyuntura política colombiana, que invita a superar viejos esquemas y a votar conscientemente para construir un futuro con mayor equidad y justicia social en nuestra nacion

  19. David López says:

    Respeto la posicion que plantea y comparto la idea de que la política debe tener una dimensión ética, pues las decisiones de los gobernantes afectan directamente la vida de millones de personas, considero importante que el Estado trabaje por reducir las desigualdades y garantizar oportunidades para los sectores más vulnerables de la sociedad, Sin embargo, no estoy completamente de acuerdo con presentar la situación política del país como una elección entre el bien y el mal, Colombia es una nación diversa, donde existen distintas formas de entender cómo alcanzar el desarrollo, la justicia social y la paz, Reducir el debate democrático a una única opción moralmente correcta puede terminar descalificando a quienes piensan diferente, cuando precisamente la democracia se basa en el respeto a la pluralidad de ideas.

    Además, considero que ningún gobierno debe ser evaluado únicamente por sus intenciones, sino también por sus resultados. Tanto el gobierno actual como los anteriores han tenido aciertos y errores, por lo que es necesario analizar cada propuesta y cada gestión de manera crítica y objetiva.

    Creo que el voto es una responsabilidad muy importante y que cada ciudadano debe ejercerlo de manera informada, reflexionando sobre las propuestas, los antecedentes y las capacidades de quienes aspiran a dirigir el país. Más que seguir discursos que dividen la realidad entre buenos y malos, debemos buscar soluciones concretas a los problemas que enfrenta Colombia y promover un debate basado en argumentos, respeto y pensamiento crítico.

  20. Adrián Pacheco says:

    Más allá de las ideologías, el verdadero reto es elegir propuestas que fortalezcan la democracia, las instituciones y el bienestar colectivo.
    Un buen debate político no debería centrarse solo en etiquetas, sino en la capacidad de construir soluciones reales para los problemas del país.

  21. Yelis De Los Angeles Sierra says:

    Yo considero que este texto plantea una reflexión interesante al afirmar que la política no debería reducirse a la división entre derecha e izquierda, sino a la diferencia entre una buena y una mala política. El autor sostiene que las decisiones políticas deben evaluarse por su capacidad para promover el bienestar común, la justicia social y la defensa de los sectores más vulnerables.
    Además, me parece importante la relación que establece entre política y ética. A través de referencias a Sócrates, Kant y Enrique Dussel, el texto defiende la idea de que los ciudadanos deben tomar decisiones basadas en principios morales y en la búsqueda del bien colectivo. También destaca la necesidad de prestar atención a las necesidades de los grupos históricamente excluidos.
    Sin embargo, considero que el texto tiene una postura claramente favorable al gobierno de Gustavo Petro y presenta una visión muy crítica de la oposición. Esto hace que el análisis pierda algo de objetividad, ya que las distintas posiciones políticas son presentadas principalmente en términos de «bueno» y «malo», dejando poco espacio para matices o debates más amplios.

  22. Valeria Salazar says:

    El artículo plantea que el próximo 21 de junio Colombia no enfrenta solo una elección, sino una *encrucijada existencial*. Arteta dice que la democracia que tenemos no es un legado sólido, sino un «tejido frágil» que sobrevivió a violencia, exclusión y despojo.

    Lo que más me impacta es cómo conecta la frase de Churchill «la democracia es la peor forma de gobierno, con excepción de todas las demás» con nuestra realidad: aquí esa frase deja de ser un aforismo y se vuelve una advertencia existencial.

    Arteta le pide al intelectual y al docente no la «neutralidad cómoda», sino la sospecha crítica y el compromiso civil. Porque proteger esa democracia frágil exige desmantelar sus vicios para no caer en el autoritarismo o la anomia social.

    En corto: el texto nos recuerda que votar el 21 no es trámite, es decidir entre sostener la vida institucional o abrirle paso a la muerte de la democracia. Y eso se defiende con palabra y pensamiento crítico, no con silencio.

  23. Sara Coronado says:

    Lo que me queda claro al leer esto es que votar este 21 de junio no es un simple trámite es una decisión de vida o muerte para nuestro país. Coincido en que no hay espacio para medias tintas ni neutralidades cómodas, la política tiene que medirse por cómo le va a la gente más vulnerable, no por las ganancias de los mismos de siempre. Elegir el camino de la privatización es empujar al país al abismo.la buena política se demuestra respondiendo al clamor del oprimido, no al del gran capital. Ver el voto como un acto de soberanía ética y no como un papel que se mete en una urna cambia las reglas del juego. Me sumo a la idea de que la ‘buena voluntad’ debe ser activa si queremos una Colombia justa y con paz real, el compromiso tiene que ser colectivo y contundente este domingo.

  24. David Bermejo says:

    Cierto es que, como se dice en el artículo, no se trata de sólo simplificar las corrientes políticas en «derecha e izquierda», claramente existe una inclinación hacia el conservacionismo del poder o el progresismo, propio de una y de otra. Pero es precisamente la apuesta crítica que debemos hacer, este reduccionismo ideológico genera mucha más indiferencia que cohesión social, desde un punto de vista sociológico pienso de manera muy rápida que la unión hace la fuerza, es decir, mientras el pueblo se una con un interés común y pueda sacudir esta política tradicional y de verdad interesarse por los problemas que a todos compete de manera realista, será cuando quizás se darán avances en procesos contundentes en la estructura social, económica y política de nuestro país.
    Así mismo la invitación del presente artículo también toca un punto de vista interesante, y es sobre el aporte positivo que podamos recalcar de cualquier gobierno existente en nuestro país, obviamente es preciso recalcar matices; cuestionar las formas de gobierno, no cegarnos por nuestra inclinación política y también velar por el bien común. Como nos dice Cristóbal Arteta: «La buena política no se mide por las tasas de acumulación del gran capital, sino por su capacidad de responder al clamor de aquel que nada tiene. «

  25. Juan Camilo Carmona lopez says:

    El texto plantea una interpretación ética de la coyuntura política colombiana, alejándose de la tradicional división entre izquierda y derecha para centrar el debate en la distinción entre buena y mala política. El autor argumenta que las decisiones electorales deben evaluarse a partir de criterios morales como la justicia, la equidad y el bienestar colectivo. Resulta interesante el uso de referentes filosóficos como Sócrates, Kant y Enrique Dussel para sustentar la idea de que la política debe orientarse hacia la dignidad humana y la defensa de los sectores más vulnerables. Sin embargo, el artículo también refleja una postura claramente favorable al gobierno actual, lo que puede limitar la consideración de perspectivas alternativas sobre la realidad política del país. Aun así, el texto constituye una invitación valiosa a reflexionar sobre la dimensión ética del voto y sobre la responsabilidad ciudadana en la construcción de una sociedad más justa y democrática.

  26. Sebastian Macea says:

    El puente que se tiende entre la rigidez racional de Kant y la urgencia material de Dussel ofrece una estructura ética impecable para analizar el momento actual. En las aulas de ciencias sociales nos enseñan el imperativo categórico kantiano como una fórmula abstracta de la razón, pero el texto logra sacarlo de los libros alemanes y conectarlo directamente con la praxis latinoamericana. Al fundar la «buena voluntad» no en un deber deshumanizado, sino en la respuesta directa ante el rostro del oprimido, la ética deja de ser un ejercicio académico de auto-contemplación para transformarse en una herramienta de legítima defensa para las mayorías históricamente excluidas.
    Esa reinterpretación de la razón práctica es crucial en un contexto donde el relativismo y la posverdad intentan disolver las fronteras entre lo justo y lo injusto. Cuando se reduce el debate electoral a una simple contienda de mercadotecnia o a un intercambio burocrático de promesas, el escrito nos recuerda que hay decisiones que cargan con un peso metafísico y real: privatizar los derechos fundamentales o precarizar aún más la existencia del desposeído no son «alternativas técnicas» de gobierno, sino opciones conscientes por el conflicto y el retroceso social. La verdadera objetividad no consiste en una neutralidad tibia que equipara al opresor con la víctima, sino en la capacidad racional de identificar qué proyecto salvaguarda la dignidad colectiva.
    Finalmente, el llamado a la movilización como un acto de soberanía ética redefine el papel de la comunidad universitaria en la esfera pública. En Barranquilla y en todo el país, quienes habitamos la academia tenemos la responsabilidad de desarmar la miopía política que prioriza las tasas de ganancia sobre la vida humana. Este manifiesto nos demuestra que la teoría no debe servir para distanciarnos de la realidad nacional, sino para dotar de argumentos y contenido ético a la urgencia de justicia distributiva. Votar con conciencia histórica es el único camino para garantizar que la educación, la salud y la dignidad dejen de ser mercancías exclusivas y se consoliden de una vez por todas como los pilares de una sociedad en paz.

  27. Diosa Isis Babilonia says:

    El artículo de Cristóbal Arteta Ripoll plantea que la coyuntura política colombiana debe entenderse más allá de la tradicional división entre derecha e izquierda, proponiendo una distinción ética entre la buena y la mala política. El autor fundamenta su posición en referencias filosóficas a Sócrates, Kant y Enrique Dussel para defender la idea de que el ciudadano tiene el deber moral de apoyar un proyecto político orientado al bien común y a la justicia social.
    Sin embargo, aunque el texto presenta una argumentación sólida desde una perspectiva ética, también refleja una postura política claramente definida. El autor identifica una opción política como representante del bien y otra como representante del mal, lo que puede simplificar una realidad política mucho más compleja. En una democracia, diferentes proyectos políticos pueden perseguir objetivos legítimos mediante caminos distintos, por lo que resulta importante promover el debate crítico y el respeto por la pluralidad de opiniones.

  28. Starling Barrios Fonseca says:

    Considero que este artículo plantea una reflexión interesante sobre la dimensión ética de la política y la responsabilidad ciudadana en los procesos democráticos. Resulta valioso el esfuerzo por trascender las categorías tradicionales de izquierda y derecha para centrar el debate en la búsqueda del bien común, la justicia social y la defensa de los sectores históricamente excluidos. Sin embargo, también considero importante reconocer que los procesos históricos y políticos suelen ser más complejos que la oposición entre “lo bueno” y “lo malo”, pues involucran múltiples intereses, actores y contradicciones. Precisamente, el estudio de la Historia nos enseña la necesidad de analizar críticamente todas las posiciones para comprender mejor la realidad y fortalecer una ciudadanía informada y reflexiva.

  29. Luz Belkis barrios says:

    El filósofos artetra toma una frases de Sócrates para hacer enfasis sobre una crítica encrucigrada sobre las elecciones de este 21 de junio dónde se llevarán acabo las elecciones democráticas entre los partidos de derecha e izquierda , la frases dice que el comportamientos del ser humano siempre tiene como referencia lo justo , lo injusto , lo bueno y lo malo

  30. Keilibeth Cogollo says:

    El artículo plantea que la política no puede considerarse neutral, porque siempre tiene consecuencias concretas en la vida de las personas. Por eso, el autor recalca que toda decisión política implica una responsabilidad ética, especialmente porque sus efectos suelen recaer con más fuerza en los sectores más vulnerables. Para respaldar esta idea, recurre a pensadores como Sócrates, Kant y Dussel, quienes permiten entender que la política no es solo una cuestión de gobierno o administración, sino también un ejercicio profundamente moral. Desde esta visión, participar en política significa tomar una postura frente a lo que se entiende como justo o injusto y hacerse cargo de las consecuencias que esas decisiones generan en la sociedad.

  31. Keilibeth Cogollo says:

    El texto plantea que la política no puede considerarse neutral, porque siempre tiene consecuencias concretas en la vida de las personas. Por eso, el autor recalca que toda decisión política implica una responsabilidad ética, especialmente porque sus efectos suelen recaer con más fuerza en los sectores más vulnerables.Para respaldar esta idea, recurre a pensadores como Sócrates, Kant y Dussel, quienes permiten entender que la política no es solo una cuestión de gobierno o administración, sino también un ejercicio profundamente moral. Desde esta visión, participar en política significa tomar una postura frente a lo que se entiende como justo o injusto y hacerse cargo de las consecuencias que esas decisiones generan en la sociedad.

  32. sebastian enrique pla lagares says:

    a lo largo de la historia en Colombia, la discusiones políticas sobre el rumbo del país se han estado dando cada vez mas y mas y que resulta plausible tomar postura sobre ello, no por que estemos obligados, si no por que son la decisiones políticas las que definen el futuro de nuestro bienestar como seres humanos, el trabajo, la salud, la educación, son todas y cada una de estas cosas las que se ven influenciadas por las leyes y decretos que se llevan a cabo en las salas de congreso donde también se llevan a cabo todas estas discusiones.
    votar no es solo marcar un papel para cobrar la corrupta suma de lo significo el voto, es elegir entre la mala política y la buena política, elegir entre la vida y la muerte.

  33. Nicole Diaz says:

    Uno de los aspectos más interesantes del artículo es que plantea la tensión entre el deseo humano de preservar la vida y la necesidad de aceptar la muerte como parte de la condición humana. Esto lleva a cuestionar hasta qué punto la sociedad contemporánea intenta ocultar o posponer la muerte mediante avances tecnológicos y médicos, evitando una reflexión más profunda sobre su significado.

  34. Lo que entendí de esta lectura es que nos invita a ver la política no solo como una competencia entre partidos o ideologías, sino como una cuestión ética. El texto plantea que, más allá de hablar de derecha o izquierda, lo importante es preguntarnos qué decisiones benefician realmente a la sociedad y cuáles pueden perjudicarla.

    También me llamó la atención que se utilicen filósofos como Sócrates, Kant y Dussel para explicar que nuestras decisiones tienen una dimensión moral. La idea principal que me queda es que no podemos ser indiferentes frente a los problemas sociales, porque nuestras acciones y nuestras decisiones afectan a otras personas, especialmente a quienes viven en situaciones más difíciles.

    Personalmente, creo que la lectura busca generar reflexión sobre la responsabilidad que tenemos como ciudadanos. Más allá de estar de acuerdo o no con algunas posiciones del texto, me parece importante la invitación a pensar críticamente, analizar la realidad del país y entender que la política tiene consecuencias concretas en la vida de las personas.

  35. Liyen henao says:

    El texto plantea un análisis filosófico y ético que invita a pensar críticamente sobre la realidad nacional. Además, resalta valores esenciales como la justicia, la responsabilidad social y la participación ciudadana, promoviendo una visión más consciente y comprometida con el futuro del país.

  36. Emanuel Lozano Martínez says:

    El veredicto del pasado 21 de junio nos ha puesto de frente con un espejo que no podemos ignorar: la democracia no se defiende con discursos abstractos de «buena» o «mala» política, sino tramitando las realidades tangibles de una población asfixiada. La jornada electoral, con sus marcadas polarizaciones, manifestaciones y cierres en las grandes urbes, demostró que las categorías binarias no se eclipsan por decreto académico, sino que se exacerban cuando el ciudadano de a pie se ve obligado a elegir desde el miedo, el cansancio institucional o el reclamo urgente de un orden perdido. Si algo nos deja esta fecha, es la certeza de que el verdadero reto no terminó con el conteo de los votos; al contrario, es ahora cuando las instituciones, la academia y los líderes deben bajarse de la superioridad moral para escuchar el clamor del oprimido y del ciudadano común, entendiendo que la legitimidad de nuestra República no depende de un bando o del otro, sino de nuestra capacidad para reconstruir los lazos rotos y asegurar que la justicia social sea un puente de reconciliación y no el combustible de una nueva e interminable fractura nacional.

  37. ALEX JAIR RODRIGUEZ AGUAS says:

    Me parece valioso el llamado a pensar la política desde una perspectiva ética y no únicamente ideológica. Sin embargo, considero que la fortaleza de una democracia también radica en reconocer la legitimidad del disenso y evitar reducir el debate público a una oposición entre “los buenos” y “los malos”. Quizás el mayor desafío democrático sea construir justicia social sin perder el pluralismo y la capacidad crítica frente a cualquier proyecto político.

  38. María Pérez says:

    El texto me pareció interesante porque propone analizar la política desde una perspectiva ética más que desde las categorías tradicionales de izquierda y derecha. Me llamó la atención la idea de que lo verdaderamente importante es preguntarnos si las decisiones de un gobierno buscan el bien común y la justicia social, más allá de las etiquetas ideológicas.
    También considero valioso que el autor relacione las ideas de filósofos como Sócrates, Kant y Enrique Dussel con la realidad colombiana, ya que demuestra que la filosofía puede servir para reflexionar sobre los problemas políticos y sociales del presente. Esto invita a pensar que el voto no solo es un derecho, sino también una responsabilidad que debe ejercerse de manera consciente e informada.

  39. Abraham David Rudas Ulloque says:

    Me encantó este artículo crítico y muy argumentativo, digno de un filósofo.

  40. Carolina Tapias Caraballo says:

    El artículo trata sobre la importancia de la ética en la política y explica que la participación de los ciudadanos debe orientarse al bien común, la justicia y el respeto por la dignidad de las personas.

    Estoy de acuerdo con el profesor Arteta, porque considero que el voto debe ser una decisión responsable que busque el bienestar de la sociedad y no solo intereses personales, Sin embargo, también pienso que cada ciudadano debe analizar las diferentes propuestas antes de tomar una decisión.

  41. Anibal Valest montesinos says:

    El articulo parte de una distinción útil: no derecha contra izquierda, sino buena política contra mala política. Esa es su apuesta más interesante filosóficamente. El recurso a Sócrates, Kant y Dussel no es decorativo; cada referencia sostiene un tramo del argumento. Kant sirve para fundamentar el deber moral, no para legitimar un voto particular, y usarlo así estrecha el argumento. Un texto filosófico gana cuando el lector llega solo a la conclusión; este lo empuja demasiado. Con más distancia analítica, el llamado ético habría resultado más convincente.

  42. Andrea Macea says:

    El texto plantea que la política no debería reducirse a una competencia entre ideologías, sino orientarse por principios éticos y por la búsqueda del bienestar colectivo. Me parece acertada la crítica a las categorías de izquierda y derecha como insuficientes para leer nuestra realidad, y valiosa la distinción entre buena y mala política como criterio de evaluación. También me parece relevante que señale el sabotaje institucional al proyecto de cambio, mostrando cómo la división de poderes puede convertirse en un mecanismo de bloqueo. Su principal aporte es insistir en que la democracia requiere ciudadanos críticos, informados y comprometidos con la realidad social. Y al final, al anclar la reflexión en la ética de la liberación y poner al oprimido en el centro, recuerda que las decisiones políticas tienen efectos concretos sobre la vida de las personas, especialmente de quienes enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad. Es un texto que invita a asumir el voto como un acto de conciencia y no como un simple trámite.

  43. María José Jiménez says:

    Dicho texto plantea que las categorías tradicionales de derecha e izquierda ya no son suficientes para comprender la realidad política colombiana. En su lugar, propone distinguir entre una «buena política», orientada al bien común y la justicia social, y una «mala política», asociada a la desigualdad, la privatización y la exclusión de los sectores más vulnerables.

    Para defender esta idea, el autor recurre a pensadores como Sócrates, Immanuel Kant y Enrique Dussel, argumentando que el voto no es solo una decisión política, sino también una decisión ética. Desde esta perspectiva, los ciudadanos deben elegir pensando en la justicia, la dignidad humana y el bienestar de los sectores más desfavorecidos.

    Finalmente, el texto hace un llamado a la participación consciente en las elecciones, presentando el voto como una herramienta para construir una sociedad más justa. Su mensaje central es que la política debe estar al servicio de las personas y especialmente de quienes han sido históricamente excluidos.

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