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El fracaso de la meritocracia
Cristóbal Arteta Ripoll

La meritocracia, de la cual tanto se habla a la hora de buscar candidatos para determinados cargos y dignidades, es contraria al bien común porque a través de ella se le entregan privilegios a una minoría que lo ha tenido todo para alcanzar el mérito y se castiga duramente a quienes no han tenido esas ventajas u oportunidades.

La meritocracia se complace con los ganadores y disgusta a los perdedores abriendo más la brecha de las desigualdades económicas, sociales y políticas. Más de una vez, es el maldito golpe de suerte el que abre el camino al ganador y se lo cierra al perdedor.

Por esa y muchas otras razones, el sistema meritocrático ha sido un fracaso dice Michael J. Sandel en su libro
‘La tiranía del mérito’.

Ese sistema ha creado sociedades en las que solo hay ganadores y perdedores. Por lo tanto, la movilidad social se ha estancado, generando una combinación de ira y frustración que alimenta la polarización y la protesta popular, y, a veces, la reacción populista reduciendo la confianza en las instituciones por parte de la ciudadanía y con justificadas razones.

Para superar esta crisis, Sandel propone repensar las ideas de éxito y fracaso que han acompañado la deshumanización del ser humano en la época de la globalización y profundizado el aumento de la desigualdades sociales.

En esa línea discursiva, Sandel aboga por una nueva forma de pensar el éxito, más atenta al papel de la suerte y más acorde con una ética de la humildad y la solidaridad.

Tres propuestas son claves en su pensamiento:

1-Reconocer el papel de la suerte en el éxito, argumentando que el éxito no solo se debe al esfuerzo y el talento, sino también a la suerte y las circunstancias.

2-Promover la dignidad del trabajo, defendiendo la importancia de reconocer el valor del trabajo y no solo recompensar el éxito económico.

3-Fomentar la solidaridad y la humildad, abogando por una sociedad más solidaria y humilde, en la que se valore la contribución de todos, tanto la de los ganadores como la de los perdedores.

Son propuestas que no son contrarias al al éxito alcanzado por quienes tienen méritos para asumir determinados roles dentro de una sociedad, pero sí apuntan a establecer un marco aristocrático articulado con el concepto de justicia, toda vez que establece que es necesario dar oportunidades a quienes no han tenido la suerte de tener oportunidades y condiciones favorables para su desarrollo humano.

Sobre todo, teniendo en cuenta que a veces se habla de meritocracia en forma engañosa estableciendo reglamentos y normas acomodaticias para que encajen con determinados principios e intereses políticos e ideológicos, desvirtuando así la virtuosidad del mérito.

Con esta breve reflexión sobre la meritocracia debemos inexorablemente autoreflexionar sobre dos preguntas sencillas y muy cotidianas:

¿Acaso quienes te ha superado en algunas aspiraciones para ocupar determinados cargos o posiciones han tenido méritos de sobra frente a los tuyos para desplazarte?.

¿Acaso no hay cierta razón e intriga en el dicho popular ‘la suerte de la fea la bonita la desea’, utilizado cuando la fortuna sonríe a una persona poco agraciada?.

Barranquilla, 3 de febrero de 2025.

Comments 30

  1. Gabriela Eslait Nuñez says:

    El texto anterior me llama mucho la atención, debido a que en el se expone de forma concisa y clara la problemática que presenta la meritocracia, señalando cómo en algunos casos se puede privilegiar a quienes han tenido ventajas previas y marginar a quienes no han contado con las mismas oportunidades

  2. Joseph Mugno Canaval says:

    en el texto, se logra desmontar la idea de que la meritocracia es un sistema «justo y equitativo» Al señalar que este sistema les ofrece ventajas a quienes ya tienen beneficios socioeconómicos y margina a quienes no tienen la misma oportunidad , y a su vez, muwera que en lugar de reducir las desigualdades, las profundiza.

  3. paula herrera says:

    Este articulo está lleno de verdad, quiénes no tienen conexiones por más calificados que puedan estar muchas veces no son escogidos en un cargo para el que claramente están preparados, y es mirar desde la frustración que causan estas situaciones además de lo normalizadas que están.

  4. Sergio Andres Borrego Viecco says:

    el articulo trata sobre la meritocracia y como esta solo beneficia las personas que tienen la oportunidad, la ventajas económicas sociales y políticas. castiga a las personas que no las tienen y no alcanzan ese logro, el autor sandel aboga por tener en cuenta la suerte, la humildad y la solidaridad para así tener un sistema mas justo al momento de la meritocracia.

  5. Juan Carlos Ceron (7B) says:

    El último párrafo me recuerda el poema medieval Oh Fortuna sobre la dios griega de la fortuna. Una diosa caprichosa que cambia el destino de las personas constantemente. Es cierto que bajo las reglas de la meritocracia los mas afortunados que tuvieron suerte son los ganadores, y los demás perdedores. Los perdedores son vistos como culpables de su propio infortunio, mientras los ganadores rechazan haber logrado su buena fortuna por suerte si no por su merito.
    Aun más, que aumenten las desigualdades y se concentre el capital en cada vez menos manos demuestra que aunque la mayoría se esfuerce, y muchos tengan suerte, hay un sistema que beneficia y protege al %1 sobre todos los demás. Disfraza la cleptocracia y el nepotismo como una supuesta meritocracia donde los ganadores nunca cambian y cada vez hay más perdedores.

  6. Andres Ferrer Llanos says:

    interesante el pensar si el triunfo de otros se atribuye únicamente a sus méritos o también a la fortuna, y si la meritocracia no oculta otras formas de inequidad.

  7. Gilber Andrés Torres Gil says:

    En muchos casos, el dinero es clave para el éxito de algunas personas. Y así arrebatarle la victoria a personas que en verdad lo merecían.

  8. Brey David Meza Granadillo says:

    – si y no, cada suceso depende de el talento o esfuerzo de la persona también depende de la etica y moral de el organismo que se encargue de aceptar esa mejora de x personas, pero en otras ocasiones como la manipulación de contactos, o personas que le conviene por intereses personales puede ser egoista e inmoral pero cada persona se rige por su filosofía y sus principios q crean q son correctos
    – pues si, por que ocurre eso? aveces pienso que ese tipo de personas no esperan ser aceptados por todos ni cumplir estándares sociales, creo q son personas con convicciones y se esfuerzan por lograrlo sin importar las opiniones de los demás

  9. Jesica Jireth Barrios Mosquera says:

    Considero que la «suerte», así, entre comillas, no es más que la conspiración de quienes ya tienen y están en el poder para silenciar, hacer y deshacer sin miedo a que los derroquen. Son ellos quienes se han encargado de formar un sistema en el cual solo su libertad sea la permitida y privilegiada sin altibajos por sus propias decisiones, dejando las migajas de los beneficios de estas decisiones al pueblo. En este sentido, lo que parece un «azar» es en realidad el resultado de decisiones estratégicas tomadas por élites que controlan el acceso a oportunidades y recursos.

    Además, muchos sistemas que se dicen meritocráticos en realidad favorecen a ciertos grupos que ya tienen ventajas previas. Por ejemplo, en algunos países, los exámenes de ingreso a universidades o empleos pueden parecer justos, pero quienes tuvieron mejor educación o acceso a tutorías privadas tienen mayores probabilidades de éxito. Es por esto que, como su articulo argumenta, se cuestiona la equidad del sistema meritocrático.
    Quizás la verdadera pregunta que no estamos haciendo al hablar del merito no es si la meritocracia funciona en este país, sino cómo hacer que la igualdad de oportunidades sea real.

    En sociedades donde el éxito se mide solo por riqueza y estatus, muchas contribuciones valiosas (como el trabajo manual, la educación o el arte) quedan subestimadas. Si el objetivo es una sociedad más justa, tal vez habría que replantear no solo el sistema meritocrático, sino también qué valores priorizamos.

  10. Yovanska Truyoll Suárez - 7C says:

    Yovanska Truyoll – Universidad Libre, 7C

    *EL FRACASO DE LA MERITOCRACIA*

    Muy interesante la reflexión sobre este tema de la meritocracia, siendo fundamental en sociedades marcadas por desigualdades estructurales. La idea de que el éxito se basa exclusivamente en el esfuerzo individual ignora factores clave como el contexto socioeconómico, los contactos y la educación de calidad, accesible solo para algunos. En este sentido me parece que el artículo plantea una crítica valiosa sobre como la meritocracia, lejos de ser un modelo justo, puede convertirse en una trampa que fomenta la exclusión e incrementa los privilegios.

    Desde esta perspectiva, es necesario replantear el concepto de éxito. No se trata de negar la importancia del mérito, sino de reconocer que este no surge en condiciones de igualdad para todos. Si aceptamos que la suerte y el entorno influyen en las oportunidades, entonces debemos fomentar políticas que equilibren estas diferencias, promoviendo el acceso equitativo a la educación y a empleos dignos.

    Esta reflexión no solo nos ayuda a comprender mejor la realidad en la que vivimos, sino que también nos permite cuestionar nuestras propias percepciones sobre el éxito y el fracaso. Si dejamos de ver a los menos favorecidos como «fracasados» y entendemos que las oportunidades no están equitativamente distribuidas, podremos construir sociedades más justas y solidarias.

    Haciendo referencia a las dos preguntas que plantea:

    1. No siempre lo he sentido asi, en muchos casos, el acceso a ciertas posiciones no depende únicamente del mérito, sino de factores externos como contactos, influencia o privilegios de origen. Aunque el esfuerzo y la capacidad son importantes, muchas veces las decisiones sobre quién accede a ciertos espacios no son completamente transparentes ni equitativas. Esto refuerza la necesidad de cuestionar la idea de que el éxito es solo cuestión de mérito personal.

    2. Sí, y esto refleja cómo a veces la sociedad interpreta el éxito o la fortuna como algo inesperado en quienes no cumplen ciertos estándares predefinidos. Sin embargo, este dicho también refuerza prejuicios sobre la apariencia y el mérito. La suerte y las oportunidades pueden llegar a cualquiera, pero lo importante es reconocer que el valor de una persona no debería medirse por estereotipos superficiales, sino por su capacidad y su aporte a la sociedad.

    *RESUMEN DE LA FILOSOFÍA DEL DERECHO EN LA ANTIGÜEDAD*

    Al hacer referencia a la historia de la filosofía del derecho en la Edad Antigua, se debe entender que tiene sus raíces en la búsqueda de la justicia, un concepto esencial para la organización social desde las primeras civilizaciones. En sociedades como la mesopotámica y la egipcia, la justicia se entendía como un principio divino que debía ser garantizado por el soberano, reflejándose en códigos normativos como el de Hammurabi. Sin embargo, en Grecia, la justicia comenzó a ser vista como un problema filosófico, separándose de la mera imposición del poder para convertirse en un ideal racional. Se estableció una distinción fundamental entre nomos (ley) y physis (naturaleza), lo que dio lugar a intensos debates sobre si las normas eran producto de la convención humana o si derivaban de un orden universal inmutable.

    En este contexto, Sócrates defendió que la justicia debía estar ligada a principios éticos universales, por encima de las leyes establecidas, pues consideraba que el derecho solo era legítimo si se ajustaba al bien moral. Su discípulo Platón desarrolló esta idea en su teoría del derecho ideal, proponiendo un sistema en el que las leyes debían emanar de la razón y ser aplicadas por una élite de gobernantes-filósofos, capaces de comprender la verdadera justicia. Por su parte, Aristóteles adoptó un enfoque más pragmático, distinguiendo entre justicia distributiva (asignación equitativa de bienes y honores) y justicia correctiva (reparación de daños), y argumentando que el derecho debía adecuarse a la naturaleza humana y al orden político de la polis, buscando el bien común.

    Más adelante, las escuelas helenísticas profundizaron en la relación entre derecho y moral. El estoicismo defendió la existencia de un derecho natural universal basado en la razón, aplicable a todos los seres humanos sin distinción, lo que influiría fuertemente en el derecho romano y en la posterior noción de derechos naturales. Por otro lado, el epicureísmo sostuvo que las leyes debían servir para garantizar la paz y la felicidad individual, evitando el sufrimiento y el caos social. Estas corrientes marcaron la transición hacia una concepción más sistemática del derecho, sentando las bases para su desarrollo en la época romana y su influencia en la filosofía jurídica medieval y moderna.

  11. Natalisse Beltrán Barón says:

    Desde mi punto de vista de lo leído, concluyó que:
    La méritocracia no siempre se lleva a cabo, fallando en la práctica, debido a desigualdades, discriminación, conexiones y privilegios. Sin embargo, si se reconocen estos problemas y trabaja para crear un sistema más justo y equitativo, la méritocracia se ejercería mejor sin pensar ‘no subí al puesto porque mi competencia tenía de lado conexiones y yo no’ si no pensar que esta persona fue elegida porque mostró mejores habilidades.
    Dicho esto ‘ la suerte de la fea, la bonita la desea ‘, deja ver qué aunque la méritocracia no se ejerce en algunos espacios, hay sistemas que si, sin importar cual es el origen de la persona, si no por sus capacidades reciben el mérito.

  12. Jose Ricardo Boneth Perez says:

    La meritocracia debería ser un ideal complementado con políticas públicas rigurosas que garanticen igualdad de oportunidades. Sin una base equitativa, el concepto se convierte en un espejismo que legitima las desigualdades. Promover un sistema que valore la cooperación, el bienestar colectivo y la inclusión podría ofrecer una alternativa más justa.

  13. María Camila Lugo says:

    En tiempos pasados, aquellas personas que poseían más riqueza y poder que los demás implementaban la religión como una herramienta bastante efectiva para excusar esa falta de equidad existente, haciendo que afirmaciones como “el rey merece ser rey porque Dios así lo ordena” fueran completamente racionales e incuestionables.

    Hoy, 700 años después, los argumentos religiosos no tienen fuerza como mecanismo de legitimación de las jerarquías sociales; es por eso que existe una nueva narrativa: la meritocracia.

    A raíz de esto, considero el artículo anterior bastante acertado al contemplar que este sistema no solo premia a una minoría que ha contado con todas las oportunidades para alcanzar el mérito, sino que también castiga duramente a quienes no han tenido esas mismas condiciones, generando así patrones discriminatorios y viendo la pobreza como una decisión, y no como el resultado de una serie de factores estructurales que limitan las oportunidades de muchas personas desde su nacimiento.

    A lo largo de nuestra vida, es normal escuchar frases como “quien tiene más es porque se ha esforzado más” o “el pobre es pobre porque quiere”. Estas ideas ignoran variables como la suerte, la cual es determinante en la meritocracia. Por ejemplo, nacer en una familia con recursos, recibir una buena educación desde la infancia, vivir en un entorno seguro o incluso conocer a las personas adecuadas en el momento preciso son elementos que pueden definir el futuro de alguien.

    Por consiguiente, es justo acoger la propuesta del autor Sandel y repensar las ideas de éxito y mérito, implementando en las nuevas sociedades un cambio tanto mental como estructural, permitiendo que el progreso no dependa únicamente de la posición inicial de cada individuo, sino de un verdadero equilibrio de oportunidades para todos.

  14. Alejandro Lubo Alvarez says:

    Profe que buen artículo, me impacta mucho su manera de redactar los artículos. Esos 3 puntos claves donde nos explica la manera de mejorar nuestros pensamientos y salir adelante

  15. Marianys Zabala Buelvas says:

    Considero que la clase estuvo interesante y entretenida, ya que al ser el primer encuentro, tuvimos conocimiento sobre nuestro profesor, su crecimiento personal, su recorrido laboral… Ademas, se introdujo un poco sobre la materia a estudiar «Ética», y como esta se relaciona con la moral, pero presentan dos significados distintos, la primera basándose en la reflexión sobre el comportamiento humano (teórica) , mientras que la moral va mas centralizada al comportamiento presente en el ser humano (practica). Asimismo, se dio un pequeño bosqueje sobre la evolución de la Ética a lo largo de los siglos, desde la antigüedad, hasta la actualidad.

    Con respecto a «El fracaso de la meritocracia» El artículo presenta una crítica a la meritocracia desde una perspectiva alineada con el pensamiento de Michael J. Sandel en «La tiranía del mérito». Estoy de acuerdo en que la meritocracia, en su forma ideal, puede ser injusta porque parte de la premisa de que todos compiten en igualdad de condiciones, cuando en realidad el acceso a oportunidades está condicionado por factores como el origen socio-económico, la educación, e incluso, la suerte.
    Me parece acertado el énfasis en la necesidad de reconocer el papel de la suerte y las circunstancias en el éxito porque muchas veces se atribuye el logro personal, únicamente al esfuerzo y al talento, cuando en realidad hay factores externos que influyen de manera determinante. Por ejemplo, alguien que nace en una familia con acceso a buena educación, redes de contactos y estabilidad económica tiene una ventaja significativa frente a alguien que crece en condiciones de pobreza, con acceso limitado a educación de calidad y sin conexiones que faciliten oportunidades laborales. Aunque ambos trabajen duro, las probabilidades de éxito no son las mismas.

  16. YURI FANITH MONTENEGRO MEJIA says:

    1. No siempre quienes me han superado en algunas aspiraciones han tenido más méritos que yo. A veces, han contado con ventajas previas, conexiones o simplemente han estado en el lugar y momento adecuados. La meritocracia no siempre es justa, y muchas veces deja de lado factores como la suerte o las circunstancias personales.

    2. Sí, hay algo de verdad en ese dicho. La suerte juega un papel importante en la vida, y a veces las oportunidades llegan a quienes menos se espera. No todo es cuestión de esfuerzo o mérito; el azar también influye en el éxito o el fracaso.

  17. Cristian Serrano says:

    Opino que la meritocracia es algo ha llevado en todas las generaciones que las reglas o ventajas a pesar de tener beneficios en contra de otros , sin embargo hay veces que dependiendo de la circunstancia donde hay situaciones para obtener algo de beneficio propio puede que haya intermediarios en la parte de un fin , Lo que utiliza la búsqueda de candidatos, para determinados cargos y dignidades en contrario al bien común a través de ella le entregan privilegios a una minoría que lo ha tenido todo que se castiga a quienes no han tenido esa oportunidad , Se complace en los ganadores y disgusta a los perdedores abriendo mas la brecha de las desigualdades económicas sociales y políticas : es la suerte que abre el camino al ganador y la cierra al perdedor. Sandel propone repensar las ideas de éxito y fracaso en la época de globalización, en la parte de reconocer el esfuerzo y talento , reconocer el trabajo y la dignidad contando con la solidaridad.

  18. Cristian Serrano says:

    1R/ La verdad es que en mi vida no ha pasado de haiga personas que me haya superado por cierta posición política o jerárquica , 2R/ Hay ocasiones donde a veces el trabajo y el esfuerzo o méritos puede que la lleven a una mejor estado de apariencia ocupacional.

  19. Cristian Serrano says:

    1R/ La verdad es que en mi vida no ha pasado de haiga personas que me haya superado por cierta posición política o jerárquica , 2R/ Hay ocasiones donde a veces el trabajo y el esfuerzo o méritos puede que la lleven a una mejor estado de apariencia ocupacional.

  20. Diego Fernando Contreras Cardenas says:

    En lo personal, la primera clase me pareció muy buena, tocó puntos muy importantes, como la situación de nuestra institución educativa hasta la política actual de Colombia, relacionandolo directamente con la filosofía, poniéndonos en contexto de como fue el comienzo de esto.
    Dándonos detalles importantes como la diferencia entre la moral y la ética, y de como diariamente podemos experimentar estos valores.

  21. Mariangell Orellano Vizcaino says:

    Este artículo reflexiona sobre los problemas inherentes al sistema meritocrático. Este sistema, que se basa en recompensar a los que logran el éxito por mérito propio, tiende a favorecer a una minoría privilegiada que ya ha tenido oportunidades y recursos, mientras castiga a quienes no tienen esas ventajas. Según Michael J. Sandel, citado en el artículo, la meritocracia genera sociedades divididas en ganadores y perdedores, lo que aumenta la desigualdad social y fomenta la polarización.

    Sandel propone repensar el concepto de éxito, reconociendo el papel de la suerte y promoviendo una sociedad más solidaria y humilde. También defiende la dignidad del trabajo, no solo recompensando el éxito económico, sino valorando las contribuciones de todos, sin importar su estatus. La meritocracia, según Sandel, no debe ser una excusa para desvirtuar la justicia y las oportunidades, sino una forma de dar espacio a quienes no han tenido las mismas condiciones para sobresalir.

  22. Lo primero que me doy cuenta es la importancia de el punto de vista, ya que difiere mucho la respuesta el uno del otro dependiendo de a cual de las dos partes se le pregunte, este articulo me pone a pensar desde el punto de vista del «perdedor», pero también hace que me intrigue el punto de vista del «ganador», claro, desde un punto objetivó centrado en la población perdedora por así llamarlos, no es nada mas que injusto y no debería existir una llamada meritocracia ya que niega una igualdad para todos y da una oportunidad a la población ganadora a hacer alarde y pisotear a estos por diversos motivos, como la supuesta superioridad, pero si también nos ponemos a pensar en los así llamados ganadores, seria injusto que estos no sean recompensados por sus diversos méritos ya que tener las oportunidades no significa aprovecharlas en el peor de los casos y por lo cual no cualquiera puede lograrlo aun teniendo los mismos recursos, por lo tanto después de este pequeño análisis mío, cabe destacar que estoy a favor de la segunda propuesta planteada por el señor Sandel, ya que cualquier trabajo en mi opinión merece el respecto y reconocimiento correspondiente, no importa que tan pequeño o insignificante le parezca a otro.

  23. Saray Duran reyes says:

    El texto presenta una crítica profunda al sistema meritocrático basándose en las ideas de Michael J. Sandel expuestas en su obra «La tiranía del mérito». La argumentación plantea que la meritocracia, lejos de ser un sistema justo, contribuye a perpetuar desigualdades al favorecer a quienes ya parten con ventajas iniciales.
    Es interesante cómo el texto no rechaza completamente la idea del mérito, sino que busca reconciliarla con un sentido más amplio de justicia social, reconociendo que muchas veces los sistemas meritocráticos se diseñan de manera sesgada para favorecer intereses particulares.
    Las preguntas finales invitan a una reflexión personal que trasciende lo teórico, cuestionando si realmente los «méritos» son el único factor determinante en nuestros éxitos y fracasos cotidianos, o si la fortuna juega un papel más decisivo del que solemos admitir, especialmente quienes se encuentran en posiciones privilegiadas.

  24. El ideal de la meritocracia, donde el éxito se basa en el mérito y el esfuerzo, resuena profundamente en muchas sociedades. Sin embargo, la realidad a menudo dista mucho de este ideal, las desigualdades de partida son un obstáculo fundamental: no todos comienzan la carrera desde la misma línea de salida, además, el origen socioeconómico, el acceso a una educación de calidad y las redes de contactos influyen poderosamente en las oportunidades disponibles, independientemente del mérito individual.
    Esta disparidad inicial se ve afectada por los sesgos inconscientes y la discriminación, que pueden nublar las evaluaciones del mérito. Los prejuicios arraigados pueden favorecer a ciertos grupos sobre otros, perpetuando así las desigualdades existentes, siendo un ejemplo de «la tirania del mérito». Además, el papel del azar y la suerte no puede ser ignorado; el éxito a menudo depende de factores que escapan al control individual, como el momento oportuno o las circunstancias imprevistas.

  25. CLARA INES MIJARES BARRIOS says:

    Me ha gustado mucho leer el artículo «El fracaso de la meritocracia» de Cristóbal Arteta Ripoll. Me ha hecho reflexionar sobre la idea de que el éxito y el estatus social se deben exclusivamente al mérito y el esfuerzo individual. El autor presenta argumentos sólidos y propuestas interesantes, como la importancia de la suerte y las circunstancias en el éxito individual, y la necesidad de reconocer el papel de la suerte en el éxito y promover la dignidad del trabajo.
    Sin embargo, hay algunos aspectos que podrían mejorarse. Me parece que la falta de datos y estadísticas hace que algunos puntos parezcan más opiniones que hechos comprobados. También creo que el artículo se centra demasiado en la teoría y la filosofía, lo que puede hacer que algunos lectores se pierdan en los detalles. Finalmente, el tono del artículo puede parecer demasiado crítico, lo que puede llevar a algunos lectores a sentirse defensivos, para dar conclusión a mi idea creo que el artículo es digno de consideración y podría ser muy beneficioso para nuestra sociedad. Me ha hecho reflexionar sobre la idea de la meritocracia y me ha presentado argumentos sólidos y propuestas interesantes.

  26. Greisy Beltrán says:

    Resumen del libro: El poder de la ética de Arteta Ripoll
    El libro «El poder de la ética» nos hace ver la ética como un pilar esencial en nuestras vidas y en la creación de sociedades más justas. Desde una perspectiva filosófica latinoamericana, Arteta Ripoll explora la conexión entre ética, política, educación y derechos humanos, subrayando la urgencia de una ética genuina que supere la hipocresía y el formalismo moral.
    El autor comienza señalando que la ética no es simplemente un conjunto de reglas morales, sino una disciplina filosófica clave para comprender el comportamiento humano y guiar la vida en comunidad. Nos muestra cómo la filosofía ha sido una herramienta para cuestionar la realidad y buscar la verdad, aunque a menudo las sociedades han usado la ética como un mero disfraz para justificar intereses particulares.
    Se critica el enfoque tradicional de la ética, que ha estado frecuentemente influenciado por la religión, la política y la cultura occidental, proponiendo en su lugar una visión más crítica y adaptada a la realidad latinoamericana. Arteta Ripoll enfatiza que una ética auténtica debe estar al servicio de las personas, no de estructuras de poder que buscan perpetuarse.
    El autor analiza cómo se ha interpretado y aplicado la ética en América Latina, una región con una historia marcada por la colonización, la explotación y la desigualdad. Argumenta que, debido a este pasado, la ética en el continente ha estado subordinada a ideologías externas, como el cristianismo y el liberalismo, que han servido más para justificar el orden establecido que para fomentar una verdadera transformación social.
    Para Arteta Ripoll, la ética en América Latina debe ser liberadora, ayudando a las sociedades a romper con las estructuras de opresión y a definir su propio destino. También revisa las ideas de pensadores clave, como Enrique Dussel, quien propone una ética de la alteridad basada en el reconocimiento del «otro» como sujeto de derechos.
    Uno de los temas más importantes del libro es la conexión entre ética y política. Arteta Ripoll critica cómo la política ha utilizado la ética para sus propios intereses, empleando discursos morales para justificar acciones que, en realidad, responden a deseos de poder. A lo largo de la historia, los líderes han recurrido a la ética para legitimar sistemas de dominación, desde las monarquías hasta las democracias actuales.

  27. Greisy Beltrán says:

    Ética Antigua

    La ética en la antigüedad fue el punto de partida de muchas de las ideas que seguimos debatiendo en clase . Los filósofos griegos empezaron a preguntarse qué significaba vivir bien y actuar de manera correcta. Sócrates insistía en que la clave estaba en el autoconocimiento y la reflexión constante. Platón creía que el bien era algo absoluto, mientras que Aristóteles veía la ética como una cuestión de hábitos y equilibrio, buscando la felicidad (eudaimonía) a través de la virtud. También estaban los estoicos, que hablaban de aceptar el destino con serenidad, y los epicúreos, que buscaban el placer moderado como camino a una vida plena. Lo interesante de esta época es que sentó las bases de muchas ideas sobre moralidad que todavía influyen en nuestra manera de pensar.

    Ética Medieval

    En la Edad Media, la ética estuvo fuertemente influenciada por la religión. La Iglesia tenía un rol central en la vida de las personas, y la moral se basaba en principios cristianos. San Agustín, por ejemplo, mezcló la filosofía de Platón con el cristianismo y decía que la verdadera felicidad solo se encontraba en Dios. Luego, Santo Tomás de Aquino tomó ideas de Aristóteles y las adaptó a la fe cristiana, argumentando que la razón y la fe podían ir de la mano. Durante este periodo, la ética no solo se trataba de hacer el bien en la vida cotidiana, sino también de prepararse para la vida después de la muerte. Fue una época donde la moral estaba más conectada con la salvación del alma que con la autonomía individual.

    Ética Renacentista

    Con el Renacimiento, la forma de pensar la ética cambió bastante. Se empezó a poner más énfasis en la razón, la libertad y el potencial del ser humano. Se retomaron ideas de la antigua Grecia y Roma, pero con una mirada más centrada en la dignidad y autonomía del individuo. Pensadores como Pico della Mirandola defendían la idea de que cada persona tenía la capacidad de decidir su destino y desarrollarse según sus propias habilidades e intereses. También se hablaba mucho de la «virtud cívica», que básicamente era la idea de que debíamos actuar no solo pensando en nosotros mismos, sino también en la sociedad. Aunque la religión seguía siendo importante, ya no era el único referente para determinar lo que estaba bien o mal. Fue un momento clave que abrió las puertas a formas de pensamiento más modernas sobre la moral y la ética.

  28. Alexandra Ochoa Ramirez says:

    Resumen del libro: El poder de la ética de Arteta Ripoll
    El libro «El poder de la ética» nos invita a reflexionar profundamente sobre la ética como un pilar esencial en nuestras vidas y en la creación de sociedades más justas. Desde una perspectiva filosófica latinoamericana, Arteta Ripoll explora la conexión entre ética, política, educación y derechos humanos, subrayando la urgencia de una ética genuina que supere la hipocresía y el formalismo moral.
    El autor comienza señalando que la ética no es simplemente un conjunto de reglas morales, sino una disciplina filosófica clave para comprender el comportamiento humano y guiar la vida en comunidad. Nos muestra cómo la filosofía ha sido una herramienta para cuestionar la realidad y buscar la verdad, aunque a menudo las sociedades han usado la ética como un mero disfraz para justificar intereses particulares.
    Se critica el enfoque tradicional de la ética, que ha estado frecuentemente influenciado por la religión, la política y la cultura occidental, proponiendo en su lugar una visión más crítica y adaptada a la realidad latinoamericana. Arteta Ripoll enfatiza que una ética auténtica debe estar al servicio de las personas, no de estructuras de poder que buscan perpetuarse.
    El autor analiza cómo se ha interpretado y aplicado la ética en América Latina, una región con una historia marcada por la colonización, la explotación y la desigualdad. Argumenta que, debido a este pasado, la ética en el continente ha estado subordinada a ideologías externas, como el cristianismo y el liberalismo, que han servido más para justificar el orden establecido que para fomentar una verdadera transformación social.
    Para Arteta Ripoll, la ética en América Latina debe ser liberadora, ayudando a las sociedades a romper con las estructuras de opresión y a definir su propio destino. También revisa las ideas de pensadores clave, como Enrique Dussel, quien propone una ética de la alteridad basada en el reconocimiento del «otro» como sujeto de derechos.
    Uno de los temas más importantes del libro es la conexión entre ética y política. Arteta Ripoll critica cómo la política ha utilizado la ética para sus propios intereses, empleando discursos morales para justificar acciones que, en realidad, responden a deseos de poder. A lo largo de la historia, los líderes han recurrido a la ética para legitimar sistemas de dominación, desde las monarquías hasta las democracias actuales.
    El autor sostiene que la ética necesita recuperar su independencia y convertirse en una fuerza que transforme la política. En lugar de estar al servicio de los poderosos, la ética debería ser una herramienta que exija transparencia, justicia y equidad en la gestión pública. En este sentido, se resalta la importancia de la educación ética para formar ciudadanos críticos y comprometidos con el bienestar común.
    Otro de los temas clave del libro es el papel de la ética en tiempos de crisis. Arteta Ripoll examina cómo la ética puede servir como un marco de referencia para enfrentar los desafíos que enfrenta la humanidad, desde la pobreza y la desigualdad hasta el cambio climático y las guerras. Se enfatiza la necesidad de una ética global que permita abordar estos problemas de manera colectiva, reconociendo la interdependencia entre los pueblos y las naciones.
    En este contexto, se plantea la cuestión de los derechos humanos, señalando que su defensa no puede depender únicamente de tratados y leyes, sino de una verdadera conciencia ética que motive a las personas y a las instituciones a respetarlos y promoverlos.
    En su conclusión, el autor reafirma su tesis principal: la ética tiene un poder inmenso para transformar la realidad, pero solo si se comprende y se practica de manera auténtica. Se rechaza la idea de una ética meramente teórica o abstracta y se aboga por una ética práctica que tenga un impacto real en la vida de las personas y en la construcción de sociedades más justas.
    Finalmente, El poder de la ética es una invitación a repensar el papel de la ética en nuestra vida cotidiana y en nuestras sociedades, cuestionando las estructuras de poder que han utilizado la moral como un instrumento de control y promoviendo una visión de la ética basada en la libertad, la justicia y el respeto por el otro.

  29. YURI FANITH MONTENEGRO MEJIA says:

    En la última clase de ética el 10 de abril 2025, nuestros compañeros realizaron 2 exposiciones de filósoficos y pensadores racionalistas y empiristas, haciendo énfasis en su filosofía, ética, críticas etc, Los Filosofos mencionados fueron.

    René Descartes: Pensador francés considerado el iniciador del racionalismo moderno. Su conocida afirmación «Pienso, luego existo» refleja su creencia en la razón como fundamento del saber. También hizo contribuciones importantes en matemáticas y ciencias. Su visión ética se basa en el dualismo mente-cuerpo. Recibió críticas por darle un lugar excesivo a la razón, dejando de lado la experiencia.

    Baruch Spinoza: Filósofo de origen neerlandés, representante de un racionalismo más extremo. Propuso una visión panteísta en la que Dios y la naturaleza son una misma cosa. Su ética busca la libertad a través del conocimiento racional del mundo. Fue cuestionado por su concepto de Dios, considerado frío y distante.

    Leibniz: Intelectual alemán y también racionalista, cofundador del cálculo junto con Newton. Sostuvo que habitamos el mejor de los mundos posibles. Su sistema filosófico se apoya en las mónadas, entidades indivisibles que componen la realidad. Su ética es optimista y centrada en Dios. Algunos lo criticaron por su visión excesivamente positiva del mundo.

    David Hume: Filósofo escocés, máximo exponente del empirismo. Afirmaba que todo conocimiento proviene de la experiencia sensorial. Puso en duda conceptos como la causalidad y una identidad personal constante. En ética, resaltó el papel de las emociones como base de los juicios morales. Fue criticado por su escepticismo profundo y su desconfianza hacia la razón.

  30. Nestor Ojito y Dylan Taylor says:

    Fecha de elaboración: Martes, 27 de mayo de 2025
    Realizado por: Dilan taylor, Nestor Ojito 7C
    ¿Qué es el Derecho?
    El derecho, en su esencia más pura, es un sistema de normas y principios que regulan la convivencia social, buscando establecer un orden justo y equitativo. Sin embargo, esta definición aparentemente sencilla encierra una complejidad profunda, ya que la comprensión de su naturaleza, origen y propósito ha sido objeto de debate y reflexión a lo largo de la historia por innumerables pensadores. Este trabajo busca explorar la multifacética concepción del derecho a través de las ideas de filósofos clave, trazando una línea de pensamiento desde la modernidad temprana hasta el posmodernismo.
    Los cimientos de la modernidad: Razón, naturaleza y contrato
    La modernidad trajo consigo una nueva forma de entender el mundo, y el derecho no fue una excepción. René Descartes (1596-1650), con su énfasis en la razón y la duda metódica, sentó las bases para una comprensión del derecho que buscaba principios universales e inmutables, derivables de la razón humana. Aunque no desarrolló una filosofía jurídica per se, su legado influyó en la búsqueda de un derecho racional y deductivo.
    En esta misma línea racionalista, Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716) concibió el derecho como una ciencia exacta, basada en principios de la razón y la lógica. Para Leibniz, la justicia no era arbitraria, sino que se fundamentaba en verdades eternas y necesarias, accesibles a través de la razón. Su visión aspiraba a un sistema jurídico tan riguroso como las matemáticas.
    El contractualismo emerge como una corriente fundamental en la comprensión del derecho en esta época. Thomas Hobbes (1588-1679), en su obra “Leviatán”, argumentó que el estado de naturaleza es una “guerra de todos contra todos”, donde la vida es “solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta”. Para escapar de este caos, los individuos ceden parte de su libertad a un soberano absoluto a través de un contrato social, lo que da origen al derecho como garante de la paz y la seguridad. La ley, para Hobbes, es la voluntad del soberano.
    John Locke (1632-1704), por su parte, ofreció una visión más optimista. Para Locke, el estado de naturaleza está regido por la ley natural, que otorga a los individuos derechos inherentes a la vida, la libertad y la propiedad. El contrato social no implica una cesión total de derechos, sino la creación de un gobierno limitado cuya función principal es proteger estos derechos naturales. Si el gobierno falla en esta tarea, el pueblo tiene derecho a la resistencia. La ley, entonces, es una extensión y protección de la ley natural.
    La Ilustración y la búsqueda de un derecho más humano
    El siglo XVIII, la Ilustración, fue un periodo de efervescencia intelectual que transformó la concepción del derecho. David Hume (1711-1776), con su escepticismo, cuestionó la posibilidad de derivar juicios morales y jurídicos de la razón pura. Para Hume, el derecho surge de la utilidad y la convención social, más que de principios metafísicos o naturales. Su enfoque empírico influyó en la idea de que el derecho es un producto de la experiencia y la costumbre.
    Denis Diderot (1713-1784), figura central de la Enciclopedia, abogó por un derecho que promoviera la felicidad y el bienestar de los ciudadanos. Su visión era crítica con los abusos del poder y defendía un derecho más racional y humano, accesible a todos. La Enciclopedia, en sí misma, fue un esfuerzo por democratizar el conocimiento, incluyendo el legal.
    Montesquieu (1689-1755), en “El espíritu de las leyes”, analizó la relación entre las leyes y las condiciones sociales, climáticas y geográficas. Propuso la separación de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) como garantía de la libertad, una idea fundamental para el constitucionalismo moderno. Para Montesquieu, el derecho no podía ser universalmente uniforme, sino que debía adaptarse a las particularidades de cada sociedad.
    Voltaire (1694-1778), un ardiente defensor de la libertad individual y la tolerancia, criticó duramente la arbitrariedad y la crueldad de la justicia de su tiempo. Abogó por un derecho penal más justo y humano, basado en la razón y la proporcionalidad. Su lucha contra la injusticia influyó en reformas legales significativas.
    Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), en “El contrato social”, postuló que la verdadera fuente de la legitimidad del derecho reside en la “voluntad general” del pueblo. Para Rousseau, los individuos se someten a la ley porque esta es una expresión de la voluntad colectiva de la que ellos mismos forman parte. Esto sentó las bases para la noción de soberanía popular y el derecho como expresión de la autodeterminación de una comunidad.

    Idealismo, crítica y el siglo XIX
    El idealismo alemán marcó un antes y un después en la filosofía del derecho. Immanuel Kant (1724-1804) transformó la comprensión de la moral y el derecho. Para Kant, el derecho se funda en la razón práctica y en el imperativo categórico, que exige que actuemos de tal manera que nuestra máxima pueda convertirse en una ley universal. El derecho, para Kant, garantiza la coexistencia de las libertades individuales bajo una ley universal. Su énfasis en la autonomía de la voluntad y la moralidad como fundamento del derecho fue revolucionario.
    Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) concibió el derecho como una manifestación del Espíritu Absoluto en su desarrollo histórico. Para Hegel, el derecho progresa a través de la dialéctica, desde el derecho abstracto hasta la moralidad y, finalmente, la eticidad en el Estado. El Estado, como la forma más elevada de realización del derecho, encarna la libertad y la razón. El derecho, entonces, es un proceso histórico de autodespliegue de la razón.
    En contraste, Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895) desarrollaron una crítica radical del derecho. Para Marx, el derecho no es una expresión de la razón o la justicia universal, sino un instrumento de dominación de la clase dominante para mantener y legitimar el sistema de producción capitalista. La ley, en esta perspectiva, es una superestructura que refleja las relaciones económicas subyacentes. El derecho burgués, para Marx, perpetúa la desigualdad y la explotación.
    Friedrich Nietzsche (1844-1900), con su filosofía vitalista y su crítica a los valores occidentales, también tuvo implicaciones para el derecho. Aunque no desarrolló una filosofía jurídica sistemática, su noción de la “voluntad de poder” y su deconstrucción de la moralidad cristiana sugieren que el derecho, lejos de ser universal y objetivo, es una manifestación de la voluntad de poder de aquellos que lo crean e imponen. Nietzsche invitaría a cuestionar los fundamentos mismos de la justicia y la moralidad legal.
    El siglo XX y la diversidad de enfoques
    El siglo XX trajo consigo una explosión de nuevas perspectivas sobre el derecho. Hans Kelsen (1881-1973) es el principal exponente del positivismo jurídico. Su “Teoría Pura del Derecho” buscó despojar al derecho de cualquier elemento ajeno a su propia estructura normativa. Para Kelsen, el derecho es un sistema jerárquico de normas, donde la validez de cada norma se deriva de una norma superior, hasta llegar a una “norma fundamental” hipotética. Su objetivo era construir una ciencia del derecho libre de valoraciones morales o políticas.
    La fenomenología y el existencialismo también dejaron su huella. Jean-Paul Sartre (1905-1980), con su énfasis en la libertad y la responsabilidad individual, si bien no abordó directamente el derecho en sus obras principales, su filosofía existencialista sugiere que el derecho surge de la necesidad de los individuos de establecer un orden en un mundo sin sentido inherente. La elección y la asunción de la propia existencia tendrían implicaciones en la forma en que los individuos se relacionan con las normas y la autoridad.
    La Escuela de Frankfurt y la teoría crítica influyeron profundamente. Jürgen Habermas (1929-), heredero de esta tradición, ha desarrollado una teoría del derecho que busca conciliar la razón y la democracia. Para Habermas, el derecho es un medio para asegurar la autonomía de los ciudadanos en una sociedad compleja. Propone un derecho basado en la comunicación y el consenso, donde las normas son el resultado de un discurso racional y libre de dominación.
    En el ámbito de la filosofía analítica, Richard Rorty (1931-2007), un pragmatista y posmoderno, se mostró escéptico ante la idea de encontrar fundamentos últimos para el conocimiento o la moral. Para Rorty, el derecho, como cualquier otro discurso, es una práctica social y cultural que se legitima no por su correspondencia con una verdad externa, sino por su utilidad en la promoción de ciertos fines sociales. Su enfoque sugiere que la validez del derecho es una cuestión de consenso y utilidad social.
    El Derecho Posmoderno y la deconstrucción
    Finalmente, el Derecho Posmoderno surge como una crítica radical a las “grandes narrativas” de la modernidad. Se caracteriza por un escepticismo hacia la objetividad, la universalidad y la racionalidad del derecho. Reconoce la contingencia, la pluralidad y la indeterminación del significado en el ámbito jurídico. El derecho posmoderno cuestiona las jerarquías, las oposiciones binarias y las pretensiones de neutralidad.
    Este enfoque se nutre de pensadores como Jacques Derrida, Michel Foucault y Jean-François Lyotard. Se centra en la deconstrucción de los conceptos jurídicos, revelando sus prejuicios inherentes y sus conexiones con el poder. El derecho posmoderno enfatiza la voz de los marginalizados, las narrativas alternativas y la necesidad de una constante revisión crítica de las normas y las instituciones. No busca una única verdad del derecho, sino que celebra su diversidad y su carácter contestatario.

    Conclusión
    Desde los fundamentos racionales de Descartes y Leibniz, pasando por el contractualismo de Hobbes y Locke, la Ilustración de Montesquieu y Rousseau, el idealismo kantiano y hegeliano, las críticas de Marx y Nietzsche, hasta el positivismo de Kelsen, la comunicación de Habermas y el escepticismo posmoderno, la concepción del derecho ha evolucionado de manera profunda y compleja. Cada autor, en su contexto histórico y filosófico, ha aportado una pieza fundamental a este intrincado rompecabezas.

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